Una segunda oportunidad sobre la tierra

Martes, 23 de Marzo de 2021
El proyecto político del narcotráfico sigue vivo en Colombia, no se rinde y reincide. Su derrota depende de las urnas y de regular todas las sustancias para matar el negocio criminal que lo sostiene.

Durante esta semana la democracia colombiana fue asaltada por un proyecto de reforma constitucional, que en síntesis era un golpe de Estado al que querían darle apariencia de legalidad. Varios representantes a la Cámara, o más bien de la ignominia, pretendían cancelar las elecciones de 2022, extendiendo el periodo al presidente, congresistas, gobernadores, alcaldes, magistrados de altas cortes, entes de control y, en fin, a todo el establecimiento. En otras palabras, un insulto a la inteligencia democrática de los colombianos. 

Sin embargo, el mencionado plan burdo y patético, por el grado de desespero que refleja, fue frustrado gracias a la reacción ciudadana colectiva en las redes sociales, que se movilizaron masivamente en contra del esperpento. Quedó demostrado que quienes por años se han dedicado a infundirle miedo al país, hoy están aterrorizados ante la ineluctable pérdida del poder que se les avecina. Los colombianos quieren un cambio, se sienten traicionados por la clase dirigente y lo grave es que esa traición ha hecho metástasis en la percepción que tienen los ciudadanos de sus instituciones. 

El proyecto político del narcotráfico sigue vivo en Colombia, no se rinde y reincide. Su derrota depende de las urnas y de regular todas las sustancias para matar el negocio criminal que lo sostiene. 

Ahora radican un nuevo zarpazo a la democracia para que las elecciones de 2022 se realicen en un solo día electoral. Quieren impedir la realización de consultas populares y llevar al otro “mesías” directo a segunda vuelta, creyendo así repetir la elección presidencial de 2018. 

Este nuevo atentado contra la democracia, merece la misma reacción que tuvo la “jugadita” de la semana pasada: unificar elecciones a un año de su realización, en medio de una pandemia, es parte del proceso de degradación o putrefacción de un establecimiento capturado por negociantes del poder. Los colombianos ya nos dimos cuenta de su juego perverso, oscuro, siniestro y criminal; “el todo vale”, “el fin justifica los medios”, “combinar las formas de lucha”, “lo importante no es de donde viene la plata sino para donde va”, “una mentira repetida suficientes veces se convierte en verdad” son su credo, su dogma y su manera de entender y hacer “política”. Ya ni siquiera guardar las apariencias les importa. 

Nueve generaciones de colombianos han construido una democracia que, aunque imperfecta, tiene el sello indeleble de cientos de miles de personas que entregaron su vida violentamente por defenderla y protegerla. Tenemos el deber moral de estar a la altura del desafío y de su ejemplo. La nación desde sus territorios y comunidades debe despertar, organizarse y movilizarse pacíficamente con el propósito de conquistar una segunda independencia: la independencia del régimen criminal de terror y miedo al que pretenden someternos. 

Para que nuestro amado país tenga una segunda oportunidad sobre la tierra, el primer paso es acabar el narcotráfico, asfixiando su negocio criminal a través de la regulación de todas las drogas por el Estado. Es hora de atrevernos.