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Vladimir Putin y Xi Jinping

Domingo, 9 de Mayo de 2021
China y Rusia, en cambio, parecen entenderse, en tanto encuentran útil una alianza para enfrentar a Estados Unidos.

Putin y Jinping encarnan un liderazgo real en Rusia y China, dos potencias con asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que por razones de geopolítica han estrechado lazos en las últimas décadas. Desde Occidente poco se conoce la razón de su pensamiento o se la distorsiona parcialmente. 

El enfrentamiento entre Estados Unidos y China se centra en el dominio del comercio mundial, aunque el tema científico-militar también preocupe. El crecimiento económico de China, cuyo PIB superó el 7% durante más de 20 años, le permitió usufructuar la globalización a su manera, penetrando numerosos países con una balanza comercial favorable. Sus exportaciones a Estados Unidos alcanzan 539 mil millones de dólares mientras que apenas importa 120 mil millones de dólares. Ese déficit comercial explica la gran molestia norteamericana. 

Entre Estados Unidos y Rusia, la desconfianza tiene sus raíces en la Guerra Fría. La tensión encontró un relanzamiento con las sanciones de Obama ante la anexión rusa de Crimea, sin que le importara el referendo que la sustentaba. Después vendría la interferencia cibernética rusa en las presidenciales estadounidenses de 2016, que incrementó la antipatía Obama-Biden-Clinton hacia Putin, al punto que el actual presidente norteamericano lo calificó recientemente de ‘asesino’, adjudicándole el intento de homicidio del opositor Navalny. Dada semejante animadversión entre Biden y Putin, las relaciones se mantendrán en alerta por varios años.  

China y Rusia, en cambio, parecen entenderse, en tanto encuentran útil una alianza para enfrentar a Estados Unidos. Pekín, que apoyó con firmeza a Putin en la crisis de Crimea, también ha sido soporte económico, a juzgar por el contrato de 400 mil millones de dólares para el suministro de gas natural ruso a China durante 30 años. Además, estas dos potencias encuentran variadas coincidencias de geopolítica, en particular frente a la Unión Europea, Japón, Siria, Irán y Venezuela. En el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, frecuentemente coinciden en su voto.  

Dejando de lado las circunstancias internacionales, lo cierto es que internamente, tanto en Rusia como en China, los ciudadanos respaldan a sus líderes porque sienten que su país está bien dirigido. 

Vladimir Putin heredó una Rusia devastada tras el colapso de la Unión Soviética y el empobrecimiento de más del 30% de su población durante los años Yeltsin, que entregaron el país a la voracidad del capitalismo internacional. El orgullo ruso, que deriva del imperio de los zares y la superpotencia que fue la Unión Soviética, quedó herido de muerte. Putin conoce bien el rol que en esa quiebra tuvieron estadounidenses y europeos. La mayoría de las empresas estatales fueron ofertadas a precio irrisorio con la complicidad de una burguesía emergente que auspició Yeltsin. Sólo fundamentados en este proceso, entendemos el pensamiento de Putin. En su primera fase presidencial (1999-2008), Putin recuperó la economía, alcanzando un crecimiento del 72% en el PIB, triplicando el poder adquisitivo de los salarios, y reduciendo el desempleo y la pobreza a la mitad. Después vendría la recuperación de la industria militar. Con el intervalo de Medvedev, y sus últimos 8 años, ya completa 20 años de gobierno. Desde luego, un líder extraordinario para los intereses rusos, aunque incómodo para Occidente. 

Xi Jinping, por su parte, actúa desde marzo de 2018 como presidente vitalicio de China, merced a la confianza que le depositara el Partido Comunista. La continuidad en los planes económicos está asegurada, cosa que no ocurre en las democracias occidentales por sus eventuales vaivenes. Llegar a semejante nivel supone unas calidades individuales extraordinarias, y también un riesgo alrededor del culto a su personalidad. Por ahora, es evidente su sólida visión del futuro, bajo características comunistas, entendiendo el inmenso proceso de transformación que se inició con Deng Xiaoping en 1978, y que hoy muestra a China como primera potencia comercial del planeta, desafiando todos los modelos e ideologías. 

Putin y Jinping son bastante desconocidos en Occidente. Aproximarse con objetividad a su pensamiento y acción facilita sin duda alguna la comprensión de las actuales relaciones internacionales.