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Y de la violencia obstétrica, ¿quién nos protege? Orientando a Oriéntame

La violencia obstétrica es el trato irrespetuoso y ofensivo, realizado por el personal de salud, sobre los procesos reproductivos y sexuales de las personas que violan su dignidad y derechos a la salud, la integridad y la vida libre de violencias.

Imaginen esta escena: usted se encuentra sobre una camilla en un consultorio médico, tiene las piernas abiertas, un espéculo frío en su canal vaginal y alguien viendo adentro suyo; un momento muy vulnerable que muchas conocemos. Imagine también que hay lágrimas corriendo por sus mejillas, hay llanto y hay recuerdos de traumas no muy lejanos en las que estuvo recostada en una situación similar. En esos momentos la médica le reclama “pero, ¡¿por qué llora?! Vístase y deje de llorar que va a asustar a las personas de las oficinas de al lado”. Espantoso, ¿no? Y no es cuento, esta situación me ocurrió en la mañana del 14 de abril en el Oriéntame de la ciudad. 

Lo que ocurrió tiene un nombre claro: violencia obstétrica, el trato irrespetuoso y ofensivo, realizado por el personal de salud, sobre los procesos reproductivos y sexuales de las personas que violan su dignidad y derechos a la salud, la integridad y la vida libre de violencias. Este tipo de relatos ha cobrado más fuerza en los últimos años: migrantes a las que les reclaman que no las van a atender porque vienen a parir de este lado de la frontera, jóvenes adoloridas en un proceso de parto a las que les gritan que “¡¿para qué abrió las piernas?!”, lesbianas que sufren acoso sexual por parte del personal médico al revelar su orientación, humillaciones contra hombres trans en citas ginecológicas. Todo un doloroso universo donde se asume que debemos aguantar porque el personal médico “sabe más y mejor”. 

Yo no pude responder, estaba hecha llanto, la médica que me atendía me seguía reclamando que “encima de llegar tarde, me pongo a llorar”, mientras la auxiliar que se encontraba en el lugar era indiferente. Horas después, escribo un correo a la coordinadora nacional de servicios informándole lo ocurrido, solicitando que se lleven a cabo los procedimientos internos de investigación y que me mantengan informada. No recibo respuesta de ella sino unas llamadas insistentes de la sede que me atendió.

No contesté, ¿qué podría decirles luego de salir así de frágil? Tal actuación me recordó a las ocasiones cuando las mujeres víctimas de violencia intrafamiliar son presionadas a conciliar con sus agresores. No supe si les indicaron a nivel nacional de “salir rápido del problema”, de ser así fue una directriz desafortunada pues es revictimizante. Sólo luego de un segundo correo, donde advierto con visibilizar el asunto desde la organización que dirijo, contestaron que van a investigar lo ocurrido, ¿qué pueden esperar quienes no tienen tales credenciales personales o profesionales para ser tomadas seriamente? 

Muchas mujeres asistimos a clínicas como Oriéntame porque confiamos en que su personal está debidamente formado en el trato integral y respetuoso, pagamos más porque sabemos que las EPS suelen ser zonas rojas donde se viola nuestra integridad. Yo asistí por un control de anticoncepción, no quiero imaginarme qué será de las chicas que van luego de ser víctimas de violaciones y/o que solicitan un aborto. Y aclaro, esto no se resuelve despidiendo al personal, esa es la salida fácil pues no repara ni previene, esto requiere de compromiso para la formación, el seguimiento y acompañamiento de quienes nos atienden cuando entregamos nuestra humanidad en sus manos. Parece ser que, en vez de pedirle a la clínica que me oriente, somos nosotras quienes debemos orientarlas hacia el reconocimiento integral de nuestros derechos.
 

Miércoles, 21 de Abril de 2021
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