Escuchar este artículo

...y la salud ¿qué?

Viernes, 5 de Agosto de 2016
La falta de educación es uno de los motivos para que se congestionen los hospitales donde el más importante es el portero.

Todos los días se conoce un nuevo drama producido por las deficiencias en los servicios de salud, que tienen muchos problemas y falencias producidos por la inmensa cantidad de personas que se acercan a los hospitales en busca de soluciones para sus enfermedades, reales o imaginarias, males que saturan las páginas de los periódicos y los espacios de la televisión y la radio.

No hay día en que para llenar espacios, los periodistas que no tienen tema distinto a las críticas de un expresidente y de un alto funcionario en plan de candidato se vean obligados a acudir a un problema que toca las más sensibles fibras de todos los colombianos: las fallas en los hospitales y empresas de salud, que no atienden los requerimientos y las necesidades de los millones de personas que por el más mínimo dolor de cabeza acuden a los servicios de  urgencias, donde muchas veces no encuentran remedio para sus dolencias.

De un tiempo para acá, todos los días se repite, como si se tratara de un gol de la selección Colombia, los problemas del niño o del anciano que acudieron al consultorio del galeno para que les  recetara el medicamento para el dolor de cabeza o el resfriado que, muchas veces,  para justificar la ausencia del trabajo, se sintió al día siguiente de la parranda dominical.

Infortunadamente, la falta de educación es uno de los motivos para que se congestionen los hospitales donde el más importante es el portero, que se siente el dueño del establecimiento y decide quien entra y quién no. Claro que a veces se le va la mano al odioso sujeto y no deja entrar a quien necesita urgentemente una operación de la vesícula o la extirpación del apéndice. Por supuesto que las mayores víctimas de las fallas son los ancianos, algunos de los cuales han muerto en las puertas de los nosocomios: consecuencia de la famosa Ley 100 que se suponía, iba a mejorar la atención de los colombianos, que soportamos con estoicismo toda clase de atropellos.

Han sido tan absurdas las fallas en la salud, que durante ocho años en el gobierno de la seguridad democrática no hubo ministro de Salud, así como hubo un ministro de Obras que vivía en un convento. Y hay personas que añoran esa administración, al extremo de que en las redes se leen todos los días mensajes que proponen la reelección del dueño del Ubérrimo, quien anda en campaña contra la paz. Qué país tan absurdo es este.

Se anuncia la construcción de dos modernos hospitales, uno en Santander y otro en Bogotá, dotados de los más nuevos equipos y atendidos por profesionales de las mayores cualidades. Claro está que ambos son privados  y por consiguiente, costosos. Las gentes de bajos recursos no tendrán acceso a ellos, a no ser que se llegue a un acuerdo con las desprestigiadas EPS, a las que hay que colocarles una tutela para que suministren un remedio o decreten una operación. Las deudas que soportan estas empresas son gigantescas y muchas de ellas están al borde de la quiebra. No se han tomado medidas para solucionar este problema, aunque sí hubo solución para las firmas que se enriquecieron estafando incautos con falsas inversiones en la bolsa.  Otro absurdo. GPT