Los usuarios se mostraron críticos con los taxistas de Cúcuta, al señalar que se ensañaron con una ciudad abatida por la crisis social y económica.
Ni el más desprevenido ciudadano de Cúcuta que ayer se vio enfrentado a serias dificultades para acudir a sus lugares de trabajo, estudio o a citas médicas, por no contar con medios de transporte para hacerlo y porque el paro que protagonizaron los taxistas lo impidió, quiere volver a saber de bloqueos viales como los vividos ayer.
Para la gran mayoría de personas consultadas ayer por La Opinión en los sitios de bloqueos, no existió justificación de peso para que la ciudad enfrentara la parálisis de casi todas sus actividades.
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Lo ocurrido -afirmaron- demuestra la soberbia de un gremio que no se compadece con una ciudad que está empezando a recuperarse de largos años de crisis migratoria y de una pandemia que dejó diezmada la economía de todos.
Personas enfermas que tenían programadas cirugías debieron llegar al hospital por sus propios medios.
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Pero también la mujer cabeza de familia que sale todos los días a ganarse el pan de sus hijos debió privarse de hacerlo por no contar con transporte público.
El estudiante, la enfermera, el vendedor o el repartidor se enfrentaron a situaciones incómodas por culpa de un gremio cada vez más numeroso y que, “a decir verdad, no presta un servicio económico y de calidad a sus pasajeros”, dijo Álvaro Gómez, un usuario del gremio ‘amarillo’.