Escuchar este artículo

Falleció Marta de Machicado

Martes, 19 de Noviembre de 2019
Fue docente de Secretariado y Mecanografía en el Colombo Americano y posteriormente profesora de Culinaria en Comfanorte durante 15 años.

Doña Martica, como cariñosamente era llamada por sus amigas, falleció este martes en Cúcuta a los 93 años. 

Había nacido en La Paz (Bolivia) el 17 de enero de 1926. Fueron sus padres el Doctor Carlos Herrera Muñoz, odontólogo, oriundo de Concepción (Chile) y Rosa del Carpio Sánchez, miembros de una distinguida familia boliviana.

Luego de completar sus estudios de secundaria, contrajo matrimonio con el doctor Javier Machicado Pabón, médico veterinario que falleció hace 41 años, a los 56 años de edad.

De esta unión nacieron sus seis hijos, los cinco primeros en la ciudad de La Paz y la última en la ciudad de Cúcuta. Son ellos: Marta y Pilar, quienes se radicaron en Estados Unidos en donde viven con sus numerosas familias; Javier, abogado y dedicado a la banca, quien actualmente vive en la ciudad de Cúcuta.  Jaime, médico ginecólogo, radicado en la ciudad de Cúcuta, quien ejerce en el campo de la Infertilidad Humana; Ana Carola, odontóloga quien vive en Bogotá donde ejerce su profesión y María de Los Ángeles (Lines), pedagoga, quien vive en la ciudad de Cúcuta.

Doña Martica se destacó por ser un ser especial. 

Iniciando la década de los 60, por motivos de inestabilidad política en Bolivia y buscando un mejor futuro para sus hijos, decidió con su esposo Javier desprenderse de sus padres y familiares para radicarse en Colombia.  Inicialmente se instalaron en el Cerrito (Santander) y luego, desde 1960, en la ciudad de Cúcuta, demostrando sus especiales virtudes de señorío y honorabilidad, siendo acogida con especial cariño por la sociedad cucuteña. 

Fue docente de Secretariado y Mecanografía en el Colombo Americano y posteriormente profesora de Culinaria en Comfanorte durante 15 años. De un prodigioso don por la repostería, es recordada por sus hijos y amigos por sus exquisitos merengues, alfajores, volovanes y tantas delicias con las que agasajaba a quienes la visitaban.

Andariega como ninguna, recorría las calles de la ciudad siempre a pie y haciendo gala de su gran agilidad, estaba siempre atenta de visitar a sus amigas y ofrecer su apoyo incondicional a  todos quienes la necesitaran.

Doña Martica deja un inmenso vacío en su familia y en  esta ciudad que la adoptó con tanto cariño.

Image
La opinión
La Opinión