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Mujeres del Norte que llevan el don de servir en su sangre

Lunes, 8 de Marzo de 2021
La Opinión le trae la historia de 3 valiosas mujeres que trabajan ayudando a quienes más lo necesitan. Estos relatos son un homenaje a esas trabajadoras, en el Día Internacional de la Mujer.

Las mujeres de Norte de Santander tendrán un mes lleno de reconocimientos y homenajes en conmemoración al Día Internacional de la Mujer que se celebra hoy.

La alcaldía de Cúcuta y organizaciones sociales ofrecerán actividades enmarcadas en la reivindicación del género femenino que tienen como objetivo resaltar la labor de las mujeres en la región.

‘Mujeres Líderes con un Futuro Igualitario’, bajo ese eslogan girarán todos los actos programados a partir de hoy y durante marzo.

La campaña contará con conversatorios de derechos humanos, derechos en salud sexual y reproductiva y derechos de la mujer al acceso a la justicia; encuentros con madres líderes, ferias de servicios para las mujeres víctimas del conflicto armado, afrodescendientes y trans; sembratón, entre otras. 

Dentro de las acciones enmarcadas, estarán las jornadas rurales para la promoción de los derechos reproductivos, conmemoración con creadoras y artistas de Cúcuta, rutas de empleos para las mujeres desde el SENA y ciclo paseos de mujeres para promover el empoderamiento de niñas, adolescentes y jóvenes de familia. 

Desde el Observatorio de Género también están acompañando y organizando conjuntamente la jornada de la gran movilización ciudadana que se llevará a cabo hoy en el Parque Santander desde las 3:00 de la tarde. 

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Lucy Fabiola Blanco Laguado.

Lucy Blanco, el ángel de la guarda de los bebés 

Perdió la cuenta de a cuántos bebés nacidos de forma prematura se ha entregado sin descanso para librarlos de una muerte más que probable. Ella vive para salvar a los neonatos que nacen antes de tiempo.

“No me veo haciendo otra cosa”, manifiesta emocionada y reflejando en su voz la pasión por lo que hace. 

Su nombre es Lucy Fabiola Blanco Laguado y desde hace 32 años se desempeña como enfermera jefe. 

Lleva esa misma cantidad de años dedicada a la noble labor antes mencionada. Sin embargo, para continuar haciéndolo, tuvo que dar pelea contra ese enemigo casi invisible que flagela a la humanidad desde inicios del 2020: el coronavirus. 

Por suerte, para ella y para muchos bebés prematuros que nazcan en los próximos años, ganó la batalla más difícil. Permaneció en cuidados intensivos 24 días, recibiendo oxigenación por membrana extracorpórea, o como es más conocida, terapia ECMO, 9 días. Ahora, está en rehabilitación para superar las secuelas que le dejó la COVID-19. 

No ve la hora de volver al Hospital Universitario Erasmo Meoz (HUEM) a hacer lo que más ama. Allí es la coordinadora de la Unidad Neonatal.

También hizo parte del personal con el que inició funcionamiento, hace 12 años, la Unidad de Cuidado Intensivo Neonatal, en ese mismo hospital. 

Esta enfermera jefe, que es egresada de la Universidad Francisco de Paula Santander, en unas épocas llegó a hacer turnos de hasta 18 horas con tal de dar todos los cuidados necesarios a los bebés que estaban a su cargo.

Y es que un bebé que nace con un peso extremadamente bajo, 800 o 900 gramos (el peso normal es mayor a 2.500 gramos), demanda muchos cuidados. 

De la infinidad de muy pequeños pacientes que ha tenido a lo largo de su carrera, el que más recuerda es al primero que tuvo en la extinta Clínica Saludcoop La Salle, Cúcuta.

Se llama Valentina y en este momento es una universitaria, y debe tener unos 20 años de edad. Al momento de nacer, Valentina pesó 680 gramos. Prácticamente le cabía en una mano. 
Después de 4 meses bajo sus delicados y afectuosos cuidados, se le pudo dar de alta a la bebé.  
Sin embargo, en lo que se refiere a cuidar de esas pequeñas personitas, el reto más grande que ha tenido es asistir a una de sus dos hijas en incubadora, cuando esta solo tenía 20 días de nacida. En la mañana las atenciones eran para los bebés de otras mamás y en la tarde y noche para su hija. 

No todo es color de rosa para los que trabajan salvando vidas. En ocasiones, aunque se haga hasta lo imposible, el paciente pierde la batalla y muere. Ver morir a un bebé es desgarrador. Y dar la noticia a los padres lo es todavía más. 

Al tener que hacerlo son inevitables lágrimas, pero las lágrimas de felicidad también son inevitables. 

Estas aparecen en el momento que el bebé ya está fuera de peligro y será dado de alta.

Para no llorar delante de los padres, se despide del bebé la noche anterior, le da su bendición, le desea mejor suerte del mundo y le dice que será una gran persona. 

Pocas veces hace la entrega del bebé a sus progenitores, es muy doloroso el momento, “es como si fuera a entregar un propio hijo”. 

Esta es la enfermera jefe Lucy Fabiola. Esa mujer que da su amor, cariño y cuidados a bebés como si fuera su madre, y de los que escasamente sabe su nombre.

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Digna Rosa, lideresa constructora de paz.

Digna Rosa, lideresa constructora de paz

Tener la vocación de querer ayudar y servir a los demás, no a todos se les facilita, pero a Digna Rosa Ortega es algo que le fluye hacer desde el corazón.

Su color preferido es el verde, porque dice que es el reflejo de la esperanza y es lo que siempre intenta llevar a los demás.

Nacida en Convención (Norte de Santander), vivió toda su vida en el barrio La Ermita, en la comuna 7 de Cúcuta; desde sus 6 años reside allí.

Rosa es una mujer de 46 años, madre soltera de cuatro hijos, líder comunal, dedicada desde hace dos décadas a trabajar en servicio de los demás. 

La aptitud de velar por el bienestar de otras personas es heredada de su padre. Desde sus 11 años, lo acompañaba en la recolección de ayudas para los más vulnerables, quien también fue un líder comunal.

Por su rol social, denuncia que recibió amenazas por parte del grupo al margen de la ley Eln, por apoyar a Carlos Caicedo, en ese entonces, candidato al Concejo de Cúcuta, asesinado en 1995.

Después de la muerte de su padre, Rosa, forzada por las amenazas que recibía del Eln para obligarla a unírseles, decidió irse para La Gabarra con su hermano. 

Hasta el 2000, retornó de nuevo a La Ermita, donde auxilió a lo que quedaba de la Junta de Acción Comunal (JAC), pues el presidente había sido asesinado. En 2001, gestionó la integración de otra nueva junta, y ejercía el cargo de fiscal.

En el 2008, fue elegida como presidente de la JAC y hasta hoy aún lo es. Ya son 12 años como representante del sector.

“No ha sido fácil, pero tampoco es imposible y con mucha perseverancia hemos sacado el barrio adelante”, mencionó.

Durante el transcurso del año pasado, en medio de la pandemia, para la lideresa no pasaron desapercibidos quienes más la necesitaban. Hizo tres  ollas comunitarias, con el fin de apoyar a personas migrantes y quienes vivían del sustento diario, laborando en el comercio. Fueron beneficiadas más de 800 personas. 

Entregó más de 2.000 mercados, donados por  el Ministerio del Interior, la Secretaría de Gestión de Riesgos, de la Mujer y la Diócesis de Cúcuta.

La entrega de Ortega para contribuir a sus semejantes no se detiene; también lidera tres asociaciones propias: una organización de víctimas hace seis años, una asociación de adultos mayores creada hace cuatro años y la Asociación de Mujeres Gestoras de Paz; creadas con el objetivo de brindar ayudas, apoyo y asesoramiento.

Como ella misma lo dice, “ese es mi trabajo diario, es algo que se lleva en la sangre, porque amo el servir a los demás. Soy constructora de paz y todos los días trabajo con esfuerzo y dedicación para conseguirlo”.
 

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Angélica Katherine. / Cortesía

Ángela Katherine, la ingeniera del progreso

Ángela Katherine García, ocañera, emprendedora, pujante y enamorada de su trabajo con las comunidades en el entorno de la troncal Caño Limón-Cenit, se graduó de ingeniera civil e hizo una especialización de Gerencia Social en la Universidad Simón Bolívar.

Gran parte de su vida profesional la ha dedicado al desarrollo de la industria de hidrocarburos en zonas rurales de Norte de Santander. 

Pese a que estudiaba su primaria en una escuela pedagógica, desde pequeña soñaba con ser ingeniera. Hija de madre matemática y física, desde joven se las arregló para estudiar una carrera de “hombres”, fue criada bajo la consigna de luchar por sus propias metas y sueños. 

Siempre le llamó la atención el tema de vías y su vida profesional comenzaría en una empresa de asfaltos, gracias a ese trabajo tuvo su primer acercamiento con la federación de cafeteros en donde, por medio de proyectos gubernamentales, construyeron vías para las comunidades más alejadas de la región.

Aquel impacto fue tan gratificante en la vida de Ángela que años después trabajaría enteramente para diseñar proyectos que generen desarrollo en zonas vulnerables.

Madre y esposa, recalca con vivacidad el rol que las mujeres ocupan en la construcción de una sociedad organizada, ordenada y justa. 

“Las mujeres nortesantandereanas nos podemos capacitar, hacer una trayectoria a nivel profesional y lograr metas como trabajar en una empresa que valore y escuche los sentires tanto personales como profesionales” dice Ángela.

Busca construir por medio de su trabajo en comunidad, junto con el apoyo de Cenit, el desarrollo sostenible de toda la región; es proactiva y todos los días está aprendiendo algo nuevo que beneficie las relaciones de la empresa con las instituciones y entes gubernamentales.

Espera seguir dando su granito de arena con amor, dedicación y trabajo duro.

“Somos el pilar fundamental de nuestras familias y profesiones, y sin importar cuál sea el rol que escojamos, nos apoyamos, escuchamos y crecemos juntas como personas”, agregó la ingeniera.


 

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