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Una pandemia que hace más lúgubres los entierros

Martes, 14 de Abril de 2020
Pasa en Cúcuta y en el resto del mundo.

La llegada de dos carrozas fúnebres al Cementerio Central de Cúcuta, entre la medianoche del sábado y la madrugada del domingo, donde sus conductores y unos acompañantes vestían trajes especiales blancos, mascarillas, lentes y guantes, preocupó a los habitantes de los alrededores del campo santo.

Y es que quienes se percataron del arribo de los vehículos quedaron estupefactos porque era muy raro ver que a esas horas de la noche sucediera algo así y peor aún, que trajeran dos féretros, los cuales bajaron para que los enterraran rápidamente.

En medio de la zozobra e incertidumbre que esto ocasionó, alguien sacó su celular y tomó varias fotografías, las cuales puso a circular por las redes sociales, creando un pánico más grande entre quienes las vieron y a la vez generó la sensación de que las autoridades en la capital nortesantandereana estaban escondiendo algo relacionado con el real impacto del coronavirus que por estos días nos tiene en cuarentena.

Sin embargo, La Opinión indagó y encontró que los cuerpos que fueron llevados a esa hora al Cementerio Central eran de un hombre en condición de habitante de la calle que murió en una clínica y el de una mujer que se estaba internada en el Hospital Universitario Erasmo Meoz.

Las dos personas fallecidas, según versiones extraoficiales, permanecieron algunos días internados en los centros asistenciales, sospechosas de haber padecido de la COVID-19, pero hasta el momento las autoridades de salud no tienen los resultados de las pruebas que les hicieron para corroborar que esto es cierto. Ellas murieron ese mismo sábado y rápidamente fueron sepultadas de inmediato, creando ese mal ambiente.

¿Por qué el entierro fue tan rápido y casi en la clandestinidad?

Carlos Martínez, director del Instituto Departamental de Salud (IDS) de Norte de Santander, explicó que como en este momento de pandemia Colombia se encuentra en la etapa de mitigación, se sospechan que cualquier persona que muera naturalmente o por enfermedad está infectada por el coronavirus.

“El protocolo para los fallecimientos en este momento es igual para todos, independientemente que haya muerto naturalmente. Como ya estamos en la fase de mitigación, se considera que no hay un nexo epidemiológico que justifique el contagio. Por ejemplo, antes se asociaba a que la persona había tenido contacto con alguien que llegara de países donde estaba circulando el virus y se había contaminado o que el paciente había estado en uno de los países circulantes y venía infectado”, explicó el funcionario.

“Ahorita, como ya superamos el 10 por ciento de casos que no tienen ningún nexo epidemiológico, se sospecha que todos son portadores del virus, independientemente que sean asintomáticos. A todos se les toman muestras, bien sea para descartar o para confirmar que se trate de casos de coronavirus, y se tratan con protocolo, por eso es que se están cremando o enterrando inmediatamente”, precisó.

Martínez también aseguró que lo primordial es cremar todos los cuerpos, pero como acá en Cúcuta no se cuenta con hornos crematorios municipales, sino que son privados y mucha gente no tiene dinero para pagar por el servicio, el Gobierno consideró que los cadáveres pueden ser enterrados en los cementerios, pero esos féretros jamás podrán ser exhumados.

Y para cumplir con esos protocolos, el jefe de ese despacho aclaró que, los cuerpos son entregados en dos bolsas de polietileno, las cuales han sido desinfectadas totalmente y el féretro debe ser sellado y forrado totalmente.

“En la primera bolsa se mete el cadáver con las prendas de vestir y todos los utensilios que se hayan usado durante el tratamiento, además de las sábanas, cobijas, almohada o cualquier otra cosa que haya tenido en vida. Luego de desinfectar esa bola, se le pone otra y se sella con cinta, también se le echan químicos y demás para evitar que el virus quede circulando. Sabemos que el Ministerio de Salud va a sacar otra directiva de que habrá que usar una tercera bolsa”, manifestó Carlos Martínez.

“Luego de eso, el cuerpo embolsado es metido al cajón, se sella y se envuelve con plástico, para ser llevado de inmediato al cementerio o al horno crematorio. No se permite ninguna honra fúnebre o velaciones, ni nada, los familiares no los podrán acompañar en multitud, solo se permite que una o dos personas vayan en otro vehículo siguiendo el féretro, acá se deben cumplir todas las normas porque si no peligran todos”.

Además, según la orden de Minsalud, a los cadáveres no se les puede hacer la necropsia para evitar que el personal médico o de Medicina Legal queden expuestos al contagio. Los únicos cuerpos que son sometidos a una autopsia o inspección técnica son los fallecidos violentamente o en un accidente de tránsito.

Lo lamentable y más preocupante para las autoridades es que los resultados de las pruebas que están haciendo, se demoran en llegar entre 10 y 15 días, lo que no les permite establecer rápidamente si las personas que acaban de enterrar son positivos o negativos para la COVID-19.

Las funerarias también deben tener protocolos

Pero el protocolo para los entierros no es solo para los cadáveres, sino también para el personal de la funeraria y del cementerio que se encargue de todo ese procedimiento mortuorio.
 
La Opinión logró conocer que quienes llevan a cabo este proceso deben contar con trajes especiales, guantes, máscaras, tapabocas y todos los químicos para la desinfección de ellos y de las carrozas.

“A nosotros nos hacen poner hasta dos trajes, tres pares de guantes, gafas, máscaras y botas. Una vez entregamos los féretros al personal de los cementerios, nos ponemos a desinfectar de inmediato los vehículos, eso se hace con químicos especiales. Todo eso es bioseguridad y así evitamos el contagio. Todo lo hacemos debidamente como lo ordenan las autoridades”, señaló un funerario.

Las personas que en el campo santo se encargan de enterrar el féretro también deben usar los implementos de bioseguridad. “Todo eso parece como si se tratara de una película de terror, da miedo, pero qué más podemos hacer, es nuestro trabajo”, reconoció otro empleado de una funeraria.

Aquí cabe aclarar que los dos entierros que se dieron entre la medianoche del sábado y la madrugada del domingo, no han sido los únicos, al consultar algunos funerarios de la ciudad se conoció que han ocurrido otras inhumaciones signadas por la era pandémica.

“El único entierro que más pánico ha causado fue hace cerca de un mes y se trató de una venezolana que dio positivo para la  COVID-19, pues no la enterraron acá de inmediato, como ordena los protocolos, sino que la pasaron para Venezuela y todo porque al principio decían que era sospechosa, pero después resultó que si estaba infectada”, contó una fuente cercana a ese caso.

Y para evitar que suceda lo de Ecuador o varios países de Europa donde muchas personas mueren y quedan tendidas en las calles, sin que alguien los recoja, el director del IDS, Carlos Martínez, explicó que las funerarias de Cúcuta aumentarán sus capacidades, así como los hornos crematorios.

“Ya hemos hablado con las funerarias para que eso se haga, pues cada cadáver que esté infectado y quede en la calle, implica un riesgo grande de contagio, por eso nos han dicho que aumentaron sus capacidades para cuando se requiera”, manifestó el funcionario.

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AFP
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