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"Los sordos ya no hablan”, la nueva novela de Álvarez Gardeazábal

Domingo, 14 de Marzo de 2021
El autor hablar sobre la tragedia que se pudo evitar en Armero y los ‘oídos sordos’ que no escucharon advertencias.

“Los sordos ya no hablan” es la nueva novela escrita por Gustavo Álvarez Gardeazábal, con la cual “pretende hacer el juicio histórico a la mayor tragedia vivida por Colombia en los últimos años: la destrucción de Armero”, según presentación que se hace del libro. Y con esta otra anotación:

“Con el mismo estilo que caracteriza su revisión de la vida colombiana con base en novelas, Álvarez Gardeazábal logra, en esta obra, confundir los límites de la realidad con los de la ficción, hundiendo el dedo en una llaga que aún, treinta y cinco años después de ese fatídico miércoles trece de noviembre de 1985, no ha cicatrizado en el recuerdo de quienes la vivimos”.

Gustavo Álvarez Gardeazábal es un escritor de tiempo completo. Se ha dedicado al periodismo y a la creación literaria. Es autor de cuentos y novelas, que lo han hecho merecedor de premios.

De él se ha dicho: “Su obra está referida a los temas de la violencia en Colombia, el fetichismo de la religión, la corrupción de los gamonales o caciques y en general al conflicto social. La estructura moderna de la novela y el lenguaje depurado le han ganado amplia aceptación”.

Está recién publicada la nueva novela de Álvarez “Los sordos ya no hablan”, en la cual narra la desoladora tragedia de Armero en 1985.

“Ana María Torrentes”, “Donaldo Arrieta”, “El día que volvió León María” y “Cuentos del parque Boyacá”, son parte de sus cuentos. Sus novelas son: Cóndores no se entierran todos los días (1971), El divino (1986), La boba y el buda (1972), Dabeiba (1973), Los míos, El titiritero, El bazar de los idiotas (1974), El último gamonal (1987), Piedra pintada (1965), La misa ha terminado (2013), Las guerras de Tuluá, Los sordos ya no hablan (1991), de reciente publicación.  Otros libros de su autoría son: Anarquista de derecha, Manual de crítica literaria y Las mujeres de la muerte.

Así mismo, la dedicación de Gustavo Álvarez Gardeazábal  al periodismo ha tenido visible continuidad. Con sus columnas de opinión y sus crónicas ha desentrañado realidades y problemas y ha aportado su interpretación de los hechos.

Además de su quehacer literario Álvarez Gardeazábal ha tenido protagonismo político. Fue el primer alcalde de elección popular en Tuluá, su ciudad natal. Con una alta votación llegó a la Gobernación del Valle, pero su período se vio interrumpido por un proceso judicial.

Por sus libros, por su producción periodística, por su desempeño académico en universidades y por su participación en la política y en cargos de gobierno, Gustavo Álvarez Gardeazábal es personaje de la vida nacional muy nombrado.

 En Cúcuta ha estado en varias ocasiones y con esta entrevista es como volver.

¿Cuántas novelas más tiene pendiente escribir?

Con esta peste acechando sería un iluso hablar del futuro. Tengo enjaulada “El papagayo tocaba violín”,  esperando cuando la dejan volar. No sé qué resulte más divertido, si verla editada o lograr que se venda.

¿Cuál de sus obras publicadas es la mejor calificada por usted mismo?

Si no hubiese escrito “Cóndores no entierran todos los días” habría podido responderle esta pregunta. Debo ser realista. Esa novela me convirtió en un ícono de la literatura colombiana y cualquier rival que le ponga es un despropósito.

¿Qué piensa de la creación literaria en Colombia?

Pese a los altibajos del oficio, los escritores colombianos siempre tienen con qué presentarse ante el escenario latinoamericano

Para usted, ¿qué representa Gabriel García Márquez en la literatura?

Un orgullo y un estorbo. Cualquier colombiano, por iletrado que sea, se le llena la boca de agua diciendo que es nativo del país de García Márquez. Pero debemos reconocerlo. Para nuestra generación García Márquez fue casi una barrera infranqueable. Saltarla era un imposible desde 1967, cuando publicó “Cien años de soledad”. No dejaban usarlo como palanquín a las nuevas generaciones sino que lo usaban para comparar y disminuir cualquier otro esfuerzo literario.

¿Cómo han convivido en usted la literatura y la política?

La política murió para mí el 3 de mayo de 1999 cuando me metieron a la cárcel para impedir que fuera rival de Horacio Serpa en las siguientes presidenciales acusándome de un delito de lesa humanidad. Haberle vendido una estatuilla a la amante de un narcotraficante en alguna penuria económica que tuve. Ese período de concejal, alcalde, diputado y gobernador, de 1978 al 99 terminó siendo un retozo inolvidable para muchos y para mí.

¿Quedó satisfecho de su gestión como gobernante?

Si cuando salía a las calles de Tuluá o de Cali siempre había alguien que me recordaba, me abrazaba o me interrumpía el paso para reconocerme y narrar algún episodio de mis alcaldías de Tuluá en el 88 y en el 92 o para repetirme que me habían atajado cuando fuí gobernador del Valle, es porque el oficio de gobernar no lo desempeñé tan mal

¿Está alineado con alguna de las agrupaciones partidistas o políticas del país?

Afortunadamente, con ninguna. No hago política activa por nadie. Simplemente, opino diariamente sobre las actuaciones de quienes nos gobiernan o dicen representarnos políticamente.

¿Tiene en receso el periodismo?

Por el contrario, creo que a mis 75 ya debía haberme retirado. Sigo publicando diariamente por YouTube y Facebook un podcast, que reproducen por emisoras y diarios digitales y escritos de provincia:  mis “Crónicas de Gardeazábal” que con ese título ahora, o como “El jodario” durante más de dos décadas, hice paralela a mi actuación diaria en “La Luciérnaga” con Hernán Peláez, también todos los días.

¿Su opinión sobre el gobierno del presidente Iván Duque?

Haberlo hecho elegir es el peor daño que Álvaro Uribe le ha causado a Colombia. ¿ Usted se imagina cual distinto habría sido este manejo de la pandemia si el presidente hubiese sido Carlos Holmes? No sé qué nos está cobrando el doctor Uribe a los colombianos.

¿Tiene predicción respecto a la elección de Presidente en 2022?

Deberían terminar buscando un candidato de consenso nacional que nos alivie esta llaga de cuatro años, la que sumada la pandemia ha dejado al país extenuado.

Una obra destacada

Como escritor, Gustavo Álvarez Gardeazábal sobresale por el contenido de sus obras. Están hechas de la realidad palpitante de Colombia. De las laceraciones padecidas en diferentes etapas de su historia, con personajes de fluidas vivencias, recios y auténticos.

Por lo demás, en su tránsito existencial Álvarez Gardeazábal no oculta su condición de librepensador, en contraste muchas veces con el sojuzgamiento del conocimiento como fuente de lucidez en la comprensión de la vida.

Aunque ya está dicho, en su perfil sobresale este aserto: ”Destacada figura de la generación posterior a la de García Márquez, consagrada por el «Boom» de los años 60, su obra se caracteriza por su gran fuerza descriptiva y su estilo directo y carente de casticismo retórico.

Sus palabras desnudas y escuetas muestran la realidad de las cosas y los vicios que corrompen a la sociedad colombiana, rasgo que lo ha convertido en uno de los autores preferidos del público.

“El universo de su narrativa se centra en su tierra natal, con ramificaciones al Valle del Cauca, y sus temas recurrentes son la extensión de la violencia indiscriminada, la superchería milagrera en que se sustenta el conservadurismo religioso hispanoamericano, el poder omnímodo de los grandes terratenientes, las nuevas bolsas de riqueza generadas por la expansión del narcotráfico, la corrupción generada por el sistema caciquil de los gamonales y las crisis ideológicas de los sectores progresistas”.

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Cicerón Flórez Moya
Cicerón Flórez