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Billetes y ceros

Miércoles, 28 de Febrero de 2018
¿Qué pasará cuando se trate de fracciones menores de 1,000, como en el caso del pasaje de bus en Cúcuta, de 1,600 pesos?

Sin duda, eliminar ceros a los billetes traerá beneficios en cuanto acerca el peso a estándares internacionales y hasta facilita las cuentas, incluidas las del Estado, que hace rato no cuadran en ninguna parte, especialmente las que tienen que ver con los contratos. Pero pretender con ello combatir a los grandes narcotraficantes, a los corruptos y a otro tipo de delincuentes, en fin, destruir capitales ilícitos, es una bella utopía, si acaso.

Con solo lanzar la idea, el procurador Néstor Humberto Martínez dio la señal inconsciente para que se pusieran en marcha los planes que son capaces de idear y materializar los dueños de esas fortunas para evitarse la molestia de tener a fiscales y policías en casa buscando bajo la cama unas maletas enormes repletas de billetes que nunca han estado allí.

Si esas personas tienen tanto dinero de origen delictivo, es porque, aunque suene duro, cada que quieren se la ganan al Estado y a sus despistados organismos de seguridad, y acumulan y acumulan, e invierten e invierten a la vista de todo el mundo...

Y si han vivido de esas fortunas, es porque siguen burlando todos los controles y todas las medidas establecidas para controlarlos. Es decir, si son lo que son, es porque el Estado ha sido impotente, ineficaz e ineficiente para evitar la burla y la acumulación de esos capitales.

En el caso de las Farc, por ejemplo, no puede quedar duda de que casi 60 años de guerra les debieron enseñar todas las formas posibles de lavar su dinero y de manejarlo adecuadamente para no ser detectado. Los gobiernos saben que hay bancos internacionales que facilitan ese tipo de acciones; son verdaderas lavanderías en seco de las más grandes fortunas ilegales.

Si soldados hallaron en la selva numerosas canecas con dinero en efectivo, no hay que despeinarse para concluir en que se trataba de la caja chica, la de los gastos rápidos de las Farc. Lo demás permanecía ―y sigue, obvio― circulando en las bolsas de Nueva York, México, Bogotá y otros países, bajo la responsabilidad de guerrilleros realmente expertos en ese tipo de asuntos financieros.

Los narcotraficantes, es sabido, disponen de aliados internacionales de alto vuelo que les ayudan a limpiar el dinero y a invertir en negocios legales indetectables. Igual sucede con los burócratas corruptos que, además, están apoyados por políticos de alto nivel que se encargan de neutralizar algunas acciones de la Justicia.

De todos modos, la idea del procurador, apoyada por el Banco de la República y el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, no es nueva. Ha sido formulada otras veces, sin resultados concretos.

Esta vez, sin embargo, podría darse la posibilidad de que 1.000.000 de pesos se convierta en 1.000. Eso es, sí, más cómodo, y más cercano al uso internacional, y posible de manejar con los billetes actuales.

Pero ¿qué pasará cuando se trate de fracciones menores de 1,000, como en el caso del pasaje de bus en Cúcuta, de 1,600 pesos? Lo que ha ocurrido en otros países: todos los precios suben automáticamente a la unidad siguiente, y entonces viajar costaría 2 pesos (2.000 de hoy), o sea 25 por ciento más, porque sí... 

Lo lamentable es que todavía, la mayoría de los colombianos no conoce algunos billetes de la más reciente emisión, que se seguirán usando por un buen tiempo, solo que para las cuentas habrá que quitarles tres ceros.

Un lío, desde luego, al que habrá que acostumbrarse en caso de que llegue a ser aprobada esta iniciativa.