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‘Cacerolazos’

Viernes, 22 de Noviembre de 2019
Hasta en Cúcuta un nutrido grupo de personas usó cacerolas para enviar su sonido al Gobierno, como ocurriera por primera vez en el mundo entre 1830 y 1832, en Francia

La melodía de las cacerolas sonando es una adecuada forma de mostrar descontento y reclamarle al Gobierno, no así los actos de vandalismo, fuertes disturbios y ataques a  viviendas, establecimientos comerciales y edificios públicos como los registrados el jueves y viernes en varias ciudades colombianas durante el paro nacional.

Esos hechos, lamentablemente, desdibujan el legítimo derecho a la protesta social que como consecuencia es arrastrada al peligroso límite de la deslegitimización y criminalización por la acción de unos cuantos encapuchados que detonan la violencia en las manifestaciones o la no menos repudiable acción de los saqueadores y vándalos.

Cali sufrió en carne propia esa violencia y después fue Bogotá, llevando a las autoridades municipales a la adopción de medidas extremas como el toque de queda. El repudio debe ser generalizado contra los violentos. Los colombianos podemos salir a exponer lo que no nos gusta, pero sin afectar la tranquilidad ciudadana ni mucho menos violentando la paz.

Por eso, hay que destacar un hecho que llamó la atención al mundo, como se leyó en un despacho al mundo de la agencia AFP: “... se escucharon estruendosos ‘cacerolazos’, inusuales en Colombia, que se prolongaron por más de dos horas en sectores de Bogotá, Cali y Medellín”.

Hasta en Cúcuta, anoche, un nutrido grupo de personas usó cacerolas y cucharas para enviar su sonido al Gobierno Nacional, como ocurriera por primera vez en el mundo entre 1830 y 1832, en Francia, que utilizaron el ruido de esos utensilios contra  los políticos y los gobiernos de entonces.

Esto equivale a indicar que las ciudadanías cuentan con este recurso civilizado para decirles a quienes tienen el poder, que van por un rumbo alejado de las mayorías y que es recomendable o necesario rectificar y solucionar los problemas apremiantes del pueblo.

Y siguiendo con un poco de historia de los ‘cacerolazos’, es precisamente Chile -hoy también sacudido por una oleada de protestas contra el gobierno del presidente Sebastián Piñera- los primeros ‘cacerolazos’ fueron de la burguesía que instauró esta forma de protesta para mostrar su hastío con el gobierno de Salvador Allende (1970-1973). Más tarde, bajo la dictadura de Augusto Pinochet, sectores populares chilenos se apropiaron de esta forma de protesta, por temor a la represión. 

Y pasando el río Táchira, en Venezuela, los ‘cacerolazos’ han tenido igualmente momentos trascendentales, como por ejemplo en marzo de 1992 cuando una ruidosa jornada de protesta sacudió el país contra el entonces presidente Carlos Andrés Pérez. Y los venezolanos en muchas recientes ocasiones también han usado ese mismo mecanismo para manifestarse en contra del gobierno de Nicolás Maduro.

“No habiendo ninguna otra fórmula de protesta en las calles, porque se recibía inmediatamente un tratamiento brutal, se encontró una forma ruidosa, desde las casas, porque había toque de queda, entonces no se podía salir. Y eso tuvo mucho éxito”, asegura el historiador y académico chileno Gabriel Salazar. Las cacerolas fueron el arma de la gente para repudiar la crisis económica de 2001 y 2002, en Argentina.

Con cacerolas, con pitos, con  pancartas, con cánticos, plantones, sentadas, bailes o comparsas es la mejor forma de expresar las inconformidades en masa, pero no mediante los desmanes o asonadas, generalmente originadas en vándalos oportunistas, porque eso descalifica el origen de la protesta y convierte la misma en acciones que están por fuera de la ley y que deben ser reprimidas por la fuerza pública.