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De la sangre caliente

Sábado, 23 de Septiembre de 2017
La diplomacia de ordinario tiene buena memoria. No olvida nada, y no sabe de perdones ni de disculpas...

Es una parte de la cultura latina, dicen, eso de reaccionar irreflexiva, irresponsable e irrefrenablemente a un comentario inconveniente. Muchas veces, ese modo de reaccionar desata la violencia y puede conducir a vías de hecho insospechadas.

Cuando las aguas se calman, surge la verdad: el comentario tuvo como base errores, equivocaciones, o fue mal interpretado. Y nada queda entonces por hacer, salvo suavizar la imagen de irreflexivo de quien armó una tormenta incontrolable en un vaso de agua.

‘Para que sepan con quien se están metiendo…’, ‘para que se ubique…’ ‘no me gustó el tonito…’, suelen ser los comentarios desapacibles del iracundo e irreflexivo que reaccionó casi sin saber por qué. Y, el autor del comentario sabrá, ahora sí, con qué energúmeno se está metiendo… 

Pasa todos los días en las relaciones interpersonales, incluso con los amigos, pero también sucede en las relaciones diplomáticas entre países amigos, solo que la diplomacia de ordinario tiene buena memoria. No olvida nada, y no sabe de perdones ni de disculpas...

Aún hay ecos del desencuentro entre los gobiernos de Colombia y Estados Unidos en relación con el incremento de los cultivos de coca y lo que el presidente Juan Manuel Santos interpretó como amenazas de su colega Donald Trump.

‘Nadie tiene que amenazarnos para enfrentar este desafío’ de erradicar los cocales, rugió Santos cuando se enteró de que Trump había hablado de la posibilidad de descertificar a Colombia por incumplir con sus compromisos en torno de la producción de materia prima para algunos sicotrópicos.

‘Colombia es sin lugar a dudas el país que más ha combatido las drogas y más éxitos ha tenido en este frente’, añadió Santos, como si nadie lo supiera. ‘Colombia ha demostrado su compromiso con la superación del problema de las drogas pagando un muy alto costo en vidas humanas.

Entonces, las plácidas y siempre tolerantes relaciones entre dos países muy viejos amigos se crisparon un tanto. Desde luego, en los términos de la declaración de Trump, la situación no daba para menos: energía y talante, pero dentro de la cordialidad y de la diplomacia, fue la imagen de su postura que quiso mostrar Colombia.

Parece que molestó más el tonito de Trump que sus palabras.

Tuvo que intervenir el aún embajador de Estados Unidos en Colombia, William Brownfield, para que las cosas quedaran claras. Entonces, se supo que alguien, en la Casa Blanca, en diligente tarea de copiar y pegar, reprodujo viejos informes en el discurso de Trump, que leyó sin saber lo que leía.

Brownfield se encargó de decirle a Trump que ‘Colombia ni merece ni ha merecido ni ojalá merecerá una decisión de decir que ha fallado en sus obligaciones’. Algo confusa, la construcción de su frase, pero muy claro lo que quiso decir el diplomático, que ya se va.

La verdad, no hay razón para descertificar a Colombia. Si bien los cultivos crecieron de manera increíble, la llegada de cocaína a Estados Unidos se mantiene en cifras de hace varios años. Además, ningún país ha incautado más cocaína que Colombia, luego, al menos por ahora, Estados Unidos no ha resultado perjudicado por el cultivo desmadrado.

Por fortuna, los dos países siguen siendo los mejores amigos. Al menos por ahora…

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