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Doloroso dato

Sábado, 6 de Noviembre de 2021
La Alcaldía, la Gobernación, el Área Metropolitana, la Cámara de Comercio, el Concejo, la Asamblea y clase parlamentaria deberían de usar esas cifras que muestran que miles de hogares no la pasan bien y que otros solo tienen para sobrevivir.

Al 40% de los cucuteños no le alcanzan los ingresos. Se trata de un dato de la mayor contundencia que al profundizar en sus entrañas refleja el por qué en muchos hogares la alimentación y el vestuario, pasaron de ser gastos básicos a convertirse en algo suntuario.

El resultado final es no alimentarse adecuadamente al reducir drásticamente el consumo de productos o solo comer dos veces al día, abriéndoles la puerta a la desnutrición que va de la mano del hambre y que finalmente conlleva a enfermedades.

Y ese frío dato también cobra mayor importancia pues de ahí se deriva la alarma que se encendió recientemente sobre la desnutrición aguda que afecta a 546 niños menores de cinco años en el departamento, este año, y eso sin saberse cuántos más hay por aquello de los subregistros o porque no se ha descifrado realmente este agudo problema.

Qué importante resulta tener de primera mano este tipo de estadísticas, pero ahí no debe quedar todo hasta alcanzar un sobrediagnóstico, puesto que si no se le pone atención a las alertas que trae, finalmente servirá de bitácora sobre el deterioro socioeconómico local.

La Alcaldía, la Gobernación, el Área Metropolitana, la Cámara de Comercio, el Concejo, la Asamblea y clase parlamentaria deberían de usar esas cifras que muestran que miles de hogares no la pasan bien y que otros solo tienen para sobrevivir, para estructurar una contundente política de rescate de la ciudad de la pobreza y la miseria.

Las entidades antes nombradas con sus respectivos equipos deberían tomar todos los documentos y mediciones, hacer un gran proyecto de choque, de aplicación inmediata, porque de lo contrario así se hable de reactivación y de reapertura y de emprendimientos, lo que veremos es más miseria.

Pero además, el camino indicado tampoco es el de quedarse en los discursos adornados con frases filosóficas ni el aprovechamiento de la crisis para obtener ganancias electorales ni darle la espalda al problema ni andar en otros menesteres mientras la ciudad padece de esa manera.

Este problema de la economía hogareña detectado en el último informe de Cúcuta Cómo Vamos, debe llamar la atención de todos, puesto que ahí van mezcladas situaciones de diversa índole.

Por un lado se encontraría un aspecto inflacionario que no podemos desconocer porque la canasta básica ha tenido fuertes incrementos, por casos como el del disparo en el precio del gas propano, en el valor de los huevos y de otros alimentos y el pasaje del transporte urbano, por ejemplo. Eso, por un lado. Pero también se advierte una angustiante situación que no les permite a las familias ni siquiera ahorrar, como se descubrió cuando estalló la pandemia del coronavirus el año pasado, en el sentido que millones de colombianos viven del día a día y ras con ras. Es decir, este crítico asunto se acentúa.

Pero además, hay un factor de  desestimulo y de negativismo ciudadano, como es el encontrar que el 58 % de los cucuteños considera que su situación económica actual es mucho peor que la de hace un año, como lo diera a conocer una medición gubernamental.

Si el DANE descubre que en la capital de Norte de Santander solo 4 personas de cada 10, tienen posibilidades de comprar ropa, zapatos y alimentos, es una dramática notificación de que el empobrecimiento campea en el valle de doña Juana Rangel de Cuéllar y que antes que llorar, cuestionar o ignorar, lo que es que actuar con urgencia y contundencia.

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