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El Estado fallido

Sábado, 22 de Abril de 2017
El problema es que aún no es un Estado en todo el sentido del concepto.

Los académicos consideran que un Estado es fallido, es decir, un fracaso, cuando se cumplen cuatro condiciones, tres de las cuales se vivían en Colombia desde hacía muchos años, hasta cuando la firma del acuerdo de paz de Cuba.

La razón acompaña al presidente Juan Manuel Santos cuando sostiene que, hasta hace poco tiempo, Colombia estuvo al borde de ser considerada como Estado fallido, o sea, como organización política incapaz de ejercer un poder independiente y soberano suficiente para mantener integrados a los colombianos en su territorio.

El problema es que aún no es un Estado en todo el sentido del concepto.

Los académicos consideran que un Estado es fallido, es decir, un fracaso, cuando se cumplen cuatro condiciones, tres de las cuales se vivían en Colombia desde hacía muchos años, hasta cuando la firma del acuerdo de paz de Cuba.

En primer lugar, incluso desde antes de nacer las Farc, el gobierno llamó repúblicas independientes a ciertas zonas donde campesinos se defendían de la fuerza del Estado, hasta el punto de que ni el Ejército ni la Policía pudieron, por décadas, ejercer control total. Así, admitió que había perdido poder territorial.

El monopolio constitucional del uso legítimo de la fuerza, paulatinamente fue perdiendo vigor, hasta quedar reducido a los centros urbanos. No se puede negar hoy que las montañas y las selvas fueron territorios en donde el Estado simplemente no existía…

Segundo: lentamente y a la vista de todos, sucesivos gobiernos perdieron la autoridad legítima de que estaban investidos en lo relativo a la toma de decisiones. En las zonas donde las guerrillas ejercían el poder —y hoy todavía existen zonas así—, las leyes del Estado no eran acatadas por nadie, en cambio sí, las de la guerrilla o las de las organizaciones paramilitares y otras, criminales.

Incluso, en esas zonas la tributación estaba determinada por la autoridad local, que la hacía efectiva con toda drasticidad mediante el uso de su fuerza.

Una tercera condición, derivada de las anteriores, era la imposibilidad del Estado para suministrar servicios básicos a la población radicada en las regiones bajo el poder alternativo. Todavía hoy existen millares de colombianos a los que, por la razón que sea, el Estado no está en capacidad de brindarles servicios tan elementales como salud, educación, justicia, ni de darles las garantías y los derechos fundamentales que consagra la Constitución.

Todo lo anterior lo confirman fenómenos permanentes y crecientes muy graves como desplazamiento masivos de personas, pobreza insuperable, despojo de bienes, violaciones reiteradas de derechos humanos, señales claras de que el Estado es realmente débil.

La incapacidad del Estado para interactuar con los demás estados como miembro de pleno derecho de la comunidad internacional es la cuarta condición, que en el caso colombiano llegó a situaciones como la discriminación de algunos de sus ciudadanos en puertos internacionales de entrada a otros países, cierta pérdida de prestigio y de confianza para ofrecerle apoyo en algunas aspiraciones, y la aparición de obstáculos diplomáticos para acceder a algunos organismos.

Santos admitió que Colombia ha estado al borde mismo de fallar como Estado, pero sus palabras no liberan al país de estar aún en la lista de estados fallidos. En algún escalafón prestigioso, Colombia está ubicado en el lugar 67 de los estados frágiles de 2016. Venezuela es el 62.