Escuchar este artículo

¿En qué país vivimos?

Viernes, 5 de Octubre de 2018
Ese niño debe ser liberado de inmediato. No puede ser tratado como objeto de compraventa.

Solo en un país como Colombia, que ha vivido décadas de violencia extrema y de insensibilidad ante el dolor ajeno, todo por causa de una guerra de la que hoy nadie se hace responsable en sus orígenes, puede ocurrir un secuestro como el de Cristo José Contreras y todos seguimos tan campantes.

¿Por qué? ¿En qué clase de seres de hielo nos hemos convertido? ¿Qué clase de Estado es este en el que los gobiernos, sus administradores, en vez de cuidar a las personas, se preocupan por ofrecer recompensas para ver si la suerte acompaña a los investigadores y aparecen las pistas sobre víctimas y secuestradores…?

En el caso de El Carmen, se trata de un niño de cinco años que iba para su escuela. Un bebé. Un inocente absoluto. Y aunque se tratara de un adulto, ¿por qué secuestrarlo?

¿Cómo ocurren estas cosas en una de las zonas más vigiladas del país por los organismos de seguridad? Los 12.000 militares que ellos mismos dicen que están allí, se supone que controlan el territorio. ¿Entonces? ¿Cuál es su explicación satisfactoria?

No es esta la primera vez que en los últimos años la ciudadanía cuestiona el papel de los militares en el Catatumbo, donde hace un tiempo dinamitaban el oleoducto sin ninguna clase de dificultades, asesinaban, robaban, amenazaban, y el Estado no intervenía. Recientemente, en medio de dos destacamentos militares y de una estación de Policía, desconocidos perpetraron una masacre salvaje en un billar de El Tarra, y los últimos en darse cuenta y reaccionar fueron los organismos de seguridad.

Mucho importa saber quiénes fueron los autores de este abominable hecho, pero pensar en que pudo ser el Eln, como especulan en algunas esferas oficiales, sería el peor acto de torpeza de organización clandestina alguna, pues todos en el Catatumbo están repudiando, con toda energía, el que estén obligando a un niño a pagar por lo que eventualmente deba su padre, el alcalde. Sin embargo, es difícil imaginar a una organización guerrillera secuestrando bebés.

Es lógico concluir en que el padre del niño debe tener noción del origen de los varios atentados que ha sufrido desde el secuestro de su progenitor, y en los cuales se ha visto bastante comprometida su vida misma. Porque él ha sido blanco de un atentado a balazos, también su casa. ¿Por qué? ¿Cuál es la causa de tanto ensañamiento? ¿Qué dicen al respecto los investigadores?

En el fondo, sin embargo, queda evidente el grado de descomposición de esta sociedad, en la que un niño de 5 años es objeto de vejámenes como el secuestro, por razón de su padre. Porque, ¿cuál otro factor podría ser?

Ese niño debe ser liberado de inmediato. No puede ser tratado como objeto de compraventa, como botín de una guerra privada que no se sabe en qué pueda desembocar.
Solo queda lamentar que la sociedad colombiana esté convertida en un nido de hienas y chacales dispuestos a las mayores muestras de bestialidad.

Hay que preguntar y responder con toda sinceridad: ¿en qué país vivimos?, ¿en qué está convertida la sociedad colombiana?, ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar por razón de la venganza..?