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La gran deuda

Domingo, 3 de Diciembre de 2017
Al menos 15 mil niñas y mujeres fueron violadas por los actores de la guerra, y la mayoría de los casos no tienen responsable identificado. 

Las cifras sobre la violencia sexual en la guerra que recientemente reveló el Centro de Memoria Histórica demuestran la enorme deuda que Colombia tiene con sus mujeres. 

La investigación, que tiene casos desde 1959, reconstruye con detalles, cifras y testimonios, cómo los grupos armados y agentes del Estado utilizaron la violencia sexual en medio del conflicto armado.

El balance es escalofriante: al menos 15 mil niñas y mujeres fueron violadas por los actores de la guerra, y la mayoría de los casos no tienen responsable identificado. 

Sin embargo, el informe esclarece que los grupos paramilitares fueron señalados por 4.837 víctimas; las guerrillas de las Farc, el Eln y el Erg, por 4.722; en 3.973 casos el autor es desconocido y en 206 casos los responsables son los agentes del Estado.

Norte de Santander ocupa el noveno puesto entre los departamentos con más número de víctimas, registrando 592 casos, pero esta cifra parece baja si se tiene en cuenta que los Paramilitares operaron intensamente en esta zona del país entre 1999 y el 2004, años en los que se conocieron desgarradoras historias de mujeres sometidas a todo tipo de agresiones sexuales.

Más allá de los testimonios, el completo Informe del Centro de Memoria, de más de 500 páginas, demuestra cómo en el marco del conflicto las mujeres fueron usadas como trofeos, como objetos para saciar las ansias de comandantes y como objetos para concretar venganzas entre grupos. 

De la guerrilla de las Farc, uno de los casos más visibles es el de Raúl Reyes. Varias mujeres, entre ellas niñas y adolescentes de apenas 11 años, contaron cómo fueron seleccionadas como parte de la escolta de Reyes, y obligadas a tener relaciones con él y a complacerlo en todo lo que deseaba. 

‘La violencia inscrita en el cuerpo’, como se titula el informe, también deja en evidencia la forma en la que las mujeres integrantes de los grupos eran sometidas a abortos forzados, limitando de forma drástica y radical su derecho a ser madres

Si se contrasta el informe con las noticias que a diario se conocen de violencia contra las mujeres en los distintos escenarios de la vida cotidiana, y sobre el abuso a niñas y adolescentes -a diario se conocen 48 agresiones sexuales contra niños en el país- es evidente que estamos ante un problema de enormes proporciones que realmente está lejos de ser resuelto. 

En este país, los valores de inferioridad, sumisión y disponibilidad de los cuerpos femeninos que aún circulan en medios, comunidades de fe, sectores populares y de élites inflan el ideal de masculinidades guerreras y violentas, tanto dentro como fuera del conflicto armado. 

Uno de los grandes retos del proceso que se viene con el esclarecimiento de la verdad en el marco de la Justicia Especial para la Paz es, justamente, que los actores del conflicto empiecen a reconocer estos hechos y los responsables asuman su responsabilidad con todas estas mujeres. 

Ese será apenas el  primer paso para permitirles sanar y recuperar su valor, su autoestima y su identidad.   

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