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La imagen de los partidos

Viernes, 1 de Septiembre de 2017
Los partidos su han convertido en fortines de corruptos y aprovechados y vividores del erario público.

Que 87 de cada 100 colombianos consultados en una encuesta tenga una imagen negativa de los partidos políticos es una situación que permite llegar a cualquier  conclusión, por descabellada que sea. Lo más probable es que todas las conclusiones sean acertadas.

El desprestigio de los partidos, convertidos en fortines de corruptos y aprovechados y vividores del erario público, es tan significativo y deplorable, que incluso las Farc tienen una imagen menos desfavorable: 83 puntos.

La peor imagen la tiene el partido de la Justicia, que ya no es el servicio que siempre ha sido, la rama del poder público en la que aún existía cierto grado de confianza, sino un partido político, el más corrupto y abominable de todos, el peor… Solo 17 colombianos de cada 100 tiene hacia las cortes un sentimiento favorable.

Por algo el Congreso, donde se congregan los representantes de todos los partidos, no tanto a crear leyes y a fortalecer la democracia sino a ganarse una millonada mensual por permanecer sentados sin hacer nada diferente de mantener bien aceitadas sus maquinarias, obtuvo, igualmente, un puntaje de vergüenza: su imagen de desprestigio es de 80 puntos.

Las encuestas, cuando son bien elaboradas, como la bimestral de Gallup que arrojó estos resultados, son un retrato bastante fiel de la realidad en el momento en que se consulta la opinión pública. Por eso, esta de los partidos, refleja el peor momento que puede pasar nuestra democracia en el momento de llegar al fondo del abismo.

Ni los viejos y centenarios, ni los nuevos, ni los de coyuntura, ni los partidos que están en proceso de organización se salvan de la debacle; la mala fama de los dirigentes se ha trasladado a los partidos y ha puesto la democracia en el filo del bisturí.

Nunca antes los partidos políticos y el Congreso habían alcanzado rechazo tan alto de los colombianos; nunca antes hubo tanta confusión entre dirigentes políticos, partidos y Congreso; esta vez se impuso un nuevo récord de antipatía, de rechazo, de imagen negativa.

Desde luego, y en línea con el comportamiento electoral y con la deficiente cultura política del colombiano, los resultados de esta y de todas las encuestas similares, en muy poco o casi nada cambiarán la realidad. Vendrán las elecciones y, de nuevo, los ciudadanos se inclinarán por los mismos que hoy critican y repudian y los elegirán. Lo dice la historia…

Faltan solo siete meses para la elección de congresistas y nueve para la de presidente, pero serán suficientes, no para que los ciudadanos cambien su punto de vista, sino para que lo pasen por alto mientras dan paso al amiguismo y al clientelismo, mecanismos que, aunque poco ortodoxos en la práctica política, son los que mantienen las caudas de afiliados de los partidos. A pesar de lo que piensen de los políticos y los partidos, en esas oportunidades, los ciudadanos les inyectarán vida a unos y a otros.

De nada servirán las reformas políticas que se plantean con alguna frecuencia, si no se comienza por educar a los electores. Mientras los electores repudien a los políticos, pero sigan votando por ellos, en vez de avanzar, la sociedad estará retrocediendo.