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Prudencia y mesura

Jueves, 21 de Febrero de 2019
El lenguaje altisonante de algunos de estos funcionarios, por momentos retador, y su actitud, que ha llegado a ser provocadora, inquietan a cualquier persona.

Estos días de agitación están causando mucha inquietud en Cúcuta, en relación con hechos fuera de control consecuencia tanto del concierto de Tienditas, el viernes, como de la entrega de donaciones de Estados Unidos y Colombia a los venezolanos más pobres.

Nadie niega la urgencia que hay de apoyar a los venezolanos, pero los organizadores del concierto y de la entrega de apoyo, funcionarios del alto Gobierno, tienen que tener muy en cuenta que los cucuteños padecemos todas las consecuencias de la migración masiva, y que al menos merecemos garantías de seguridad y tranquilidad.

El lenguaje altisonante de algunos de estos funcionarios, por momentos retador, y su actitud, que ha llegado a ser provocadora, inquietan a cualquier persona, que de inmediato piensa en lo que significaría para la ciudad, y para cada uno de los habitantes, un posible estallido de violencia.

Si, como dicen, al concierto asistirán unas 400.000 personas, es fácil imaginar lo que podría suceder si entre ellas surgiera un episodio violento, que puede estallar solo por una palabra inoportuna, un gesto que a alguien le parezca ofensivo, una actitud que no sea de buen recibo por los demás.

La crispación que hay a ambos lados de la frontera es creciente y peligrosa, en todos los niveles de la sociedad, incluidas las autoridades que, por prudencia, como la que se requiere de todos, prefieren callar antes que reclamar porque, desde el Gobierno central, las han sustituido en varias de sus funciones.

Mucha razón tiene el concejal Alexánder Salazar al afirmar que el concierto es bienvenido, ‘pero no podemos distraernos de la crisis de la ciudad”, y olvidar asuntos estratégicos como el plan de desarrollo del gobierno de Iván Duque, que “como está, generará una crisis económica y social” similar a la de los venezolanos.

En igual sentido se expresó el también concejal local Jaime Marthey: todos pedimos auxilio, hay unos contenedores en el puente internacional (Tienditas) que solo se mueven con la fuerza, y ante una intromisión por la fuerza hacia Venezuela, lo predecible es que el presidente Nicolás Maduro la repela de cualquier manera.

¿Los responsables del concierto y de entregar las ayudas habrán calculado con exactitud las posibles consecuencias de sus acciones? ¿Podemos, en Cúcuta, estar tranquilos de que los actos se cumplirán en medio de la prudencia y de la mesura que requeridas cuando la paz binacional pende de un hilo? Porque así es…

Dirán algunos que no es así, pero la verdad es que lo que puede ser un acto de apoyo para los venezolanos que sufren, puede terminar siendo provocación para el exaltado —y a la defensiva— gobierno del vecino país.

Otro asunto, del que ya habrá oportunidad de ocuparnos, tiene que ver con la gran diligencia del Gobierno nacional para beneficiar a los venezolanos, mientras acá, en Cúcuta, miles de personas sobreviven de invadir del espacio público y del contrabando. No se puede olvidar que esta es una de las dos ciudades con mayor desempleo desde hace largo tiempo, y cuyo cordón de miseria crece y crece, porque los recursos regionales no son suficientes, y los nacionales toman otros destinos.

Porque no se puede ser luz en la plaza y oscuridad en la casa…

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