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Vade retro, Satanás

Viernes, 15 de Junio de 2018
En Norte de Santander, la tala indiscriminada en 2017 alcanzó a afectar más de 4.000 hectáreas de bosques.

Pocas cosas tan difíciles como las que tienen que ver con la restauración del medioambiente. En muchos aspectos es como reparar una fina porcelana rota, solo que acá se cuenta con el muy generoso aporte de la naturaleza, que contribuye con toda su energía, a que las cosas vuelvan lo más cerca de donde estaban.

De todas maneras, cualquier cosa que el ser humano haga en beneficio del entorno que ha impactado, no solo sin control, sino con abuso, y que pretenda por lo menos detener la destrucción, merece ser reconocida y, desde luego, difundida, para que otros la tengan en cuenta y la imiten.

Estos días, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), está preocupando al país con un informe según el cual la deforestación no se detiene y, por el contrario, crece en Colombia.

Pero, por fortuna, el informe tiene un aspecto positivo para todos: en Norte de Santander no solo se detuvo el índice de deforestación, sino que se redujo, por lo menos en lo correspondiente a 2017, comparado con años anteriores.

Significa que en Norte de Santander se pudo, por fin, revertir la tendencia de eliminarle la capa vegetal a la tierra, muchas veces sin ningún sentido útil, lo que significa que al menos es posible hacer retroceder el demonio de la destrucción.

Según el Ideam, los colombianos, todos, sin excepción, en 2017 derribamos 23 por ciento más bosques que en 2016.

En Norte de Santander, la tala indiscriminada en 2017 alcanzó a afectar más de 4.000 hectáreas de bosques. 

El estudio es más valioso en la medida en que registra similares avances en departamentos como Nariño y Chocó, junto con este, campeones en tumbar árboles sin control, sin necesidad, sin retribuirle a la naturaleza nada por el daño causado.

Según Ómar Franco, director del Ideam, durante 2017 se perdieron en total 219.973 hectáreas de bosques, lo que es igual a dos veces la superficie de Cúcuta, incluyendo toda la zona rural. Una cifra como esta significa un crimen aterrador y un atentado contra el bienestar de las generaciones presentes y futuras.

Los resultados del estudio dan para hacer un reconocimiento de la tarea que viene adelantando Corponor en defensa del medioambiente, en trabajo articulado con el ministerio del ramo y los organismos de seguridad del Estado.

Los efectos de lo deforestado en las últimas décadas en Norte de Santander son notorios: los ríos tutelares de Cúcuta, el Pamplonita y el Táchira, tienen menos agua cada día, en un fenómeno que ya no se podrá revertir totalmente a como eran estos afluentes en épocas en que incluso había navegabilidad hasta San Luis.

Ya hay un hecho importante: la reversión en los índices de deforestación. Es una situación que debe llevarnos a todos a seguir reflexionando sobre la manera en que aprovechamos los recursos naturales, y a continuar con el propósito de no talar más de manera indiscriminada.

No basta con no derribar árboles, hay que complementar esa actitud con un plan intensivo y organizado de forestación y reforestación, dirigido por entidades que tengan el conocimiento.

Para muchas situaciones ya no hay remedio, pero el estudio dice que aún hay al menos salvación.