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Madres venezolanas llegan a La Parada suplicando vacunas para sus hijos

Domingo, 30 de Julio de 2017
El puesto de atención está disponible lunes, miércoles y viernes, en las mañanas.

En La Parada las vacunas hacen llorar a niños y adultos venezolanos por igual; a los primeros, por el doloroso pinchazo, y a los otros, por el pavor de pensar que podría ser la última vacuna que reciban sus hijos.

“Llegan acá desesperados, llorando, ¡hombres llorando!”, dice una de las enfermeras, conmovida por esa escena inusual en este barrio en el que los varones ni siquiera gimen.

Uno de ellos, al igual que muchas de las madres que llegan a diario al puesto de salud de La Parada, pidió que le adelantaran las dosis de vacunación a su hija, cosa imposible de resolver, o de hacer.

“Nos suplican”, recuerdan las enfermeras y hacen los mismos gestos de sus pacientes, juntando las manos e intentando arrodillarse. Luego se llevan las manos al rostro, desconcertadas, porque aún no comprenden cómo puede vivir la gente en condiciones “tan duras”.

En el puesto de salud el incremento de niños para vacunación se ha incrementado ostensiblemente, y uno de los días más ocupados fue el lunes 24 de julio, y en general, la semana antes de la Constituyente “estuvo movida”, con 145 niños atendidos.

“En los días normales, cuando no había problemas de frontera, se vacunaban 200 niños en un mes...”, cuenta Lady Hernández, enfermera jefe.

Desde julio, el hospital Jorge Cristo Sahium decidió que los niños venezolanos se atenderían únicamente en este puesto, principalmente para no congestionar el centro del casco urbano, y evitar más gastos a los migrantes.

En su mayoría, los niños provienen de San Antonio del Táchira, aunque también hay registros de pequeños de Barinas, Aragua, San Cristóbal, Barquisimeto y hasta Caracas.

El puesto está disponible lunes, miércoles y viernes, en las mañanas, aunque las jornadas se alargan por las colas que, igual que en Venezuela, rodean al centro de salud.

En una semana, pueden vacunar un centenar de niños y los padres no dudan en llevarlos, porque al otro lado de la frontera es imposible.

Algunos comentan que han alcanzado hasta un año sin medicamentos para sus hijos, y por eso varios de los niños que llegan al país al servicio de salud lo hacen sin el esquema de vacunación completo.

Mónica Guerrero vive en San Antonio, y afirma que le he mandado aplicar en Villa del Rosario todas las vacunas a su niña, desde que nació.

“Una vecina me dijo que a su niña de cinco años le falta la del neumococo y no la ha conseguido”, recuerda. “Me preguntó que yo cómo hacía y le dije que acá en Colombia... Luego me la encontré y dijo que la consiguió, pero le valía cien dólares”.

El viernes de la semana anterior, a media mañana las enfermeras llevaban 60 bebés vacunados, pero esperan que hoy se dé un aumento, si no cambian intempestivamente las condiciones fronterizas que dejarían dos escenarios posibles: la desolación del puesto de salud, o más llantos y filas, mientras las agujas van y vienen.

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