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El fútbol le cambió la vida a niños de la escuela deportiva Eustorgio Colmenares

Sábado, 12 de Diciembre de 2015
Además de la formación, los 180 jugadores se benefician de diferentes campañas recreativas.

Un uniforme nuevo, un par de guayos, y un técnico que está pendiente de su equipo de lunes a viernes, marcó la diferencia en Cormoranes y Buena Vista, donde un grupo de niños empezó a conocer la pasión y la disciplina a través del fútbol.

Glori Nataly, 12 años, y delantera del equipo de la escuela de formación deportiva Eustorgio Colmenares Baptista asegura que más que tener unos zapatos especiales para la cancha, la mayor ganancia ha sido poder descubrir sus talentos y habilidades y soñar con superarse cada día.

“Antes jugaba fútbol con los zapatos del colegio, ahora tengo guayos gracias a un padrino que los donó, pero lo que más me gusta de pertenecer a la escuela es que tenemos entrenador propio como cualquier equipo famoso”, explica con alegría la pequeña.

Cada uno de los 180 niños beneficiados cuentan con el apadrinamiento de particulares para sus uniformes y pago del entrenador. El Club Rotario, la Fundación Hábitat Nuevo Siglo y empresas privadas,  han hecho posible que los partidos continúen en estos dos sectores.

Jorman Quintero, 11 años, es otro de los jugadores beneficiados. Entre pases y goles aprendió disciplina y trabajo en equipo.

Quintero asegura que un año atrás, antes de que el proyecto deportivo llegara a Cormoranes los niños de su barrio no tenían en qué invertir el tiempo libre.

“Jugábamos fútbol en la calle, pero no teníamos quién nos guiara y siempre salíamos peleando”, explicó en medio de risas el defensa del equipo.

En la escuela de formación las peleas no tienen cabida, y el diálogo y los buenos modales hacen parte de las reglas del juego, y los niños lo saben de sobra. Quien propicia una pelea se debe ir a la banca.

Además de la formación deportiva los jóvenes jugadores se benefician de diferentes campañas recreativas y saludables.

Esta semana recibieron lentes medicados. Jesús Guerrero, 11 años,  fue uno de los beneficiados.

“Cuando bajaba escaleras me dolía la cabeza y a veces era difícil ver al tablero, pero no sabía que debía usar lentes”, explica Guerrero, al terminar de jugar el partido del cierre de actividades.

Este año las clases acabaron. Los entrenamientos se retomarán la tercera semana de enero. La meta de la escuela es doblar el número de participantes.

“El próximo año trabajaremos escuela de formación  deportiva con los padres de nuestros futbolistas”, dijo Hugo Hernández, coordinador de la iniciativa.

La idea es que padres e hijos entrenen a la par y compartan  más tiempo en torno al fútbol y el baloncesto.

Los padres formarán su propio equipo y participarán con sus hijos en torneos regionales.

*La Opinión