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El interdiario El Popular

Sábado, 2 de Octubre de 2021
Historia contemporánea

Durante el primer cuarto del siglo pasado, hubo un periódico de gran trascendencia en la ciudad, se trataba del “El Popular”, una publicación orientada por los preceptos de la iglesia católica y dirigida por el infatigable párroco de la iglesia de San José, el R.P. Demetrio Mendoza. La iglesia católica venía ejerciendo un férreo poder otorgado por el Concordato firmado en 1887 al punto que las decisiones de las autoridades debían llevar una confirmación tácita o no, de la curia o del obispado, dependiendo de la jurisdicción. Sin embargo, cualquier medida a tomar, así fuera particular, estaba bajo la lupa de los jerarcas eclesiásticos, que utilizaban la más simple  de las amenazas con tal que no se aplicara, me refiero a la excomunión; quienes no obedecían sus directrices se veían abocados a sufrir esa pena, peor que la cárcel pues era el escarmiento social al que eran sometidos. Varios fueron los intentos de reformar ese contrato con la Santa Sede, en el 24, el 42 y en el 53 se trató de modificarlo pero sólo fue en el 73 que pudo realizarse y eso debido a la cantidad de reformas que se habían surtido tanto en el país como en el Estado Vaticano.

Con esta introducción, pasemos al tema que nos concierne. En fecha de septiembre de 1924, el ciudadano Elías J. Cáceres remite al periódico una carta sobre la situación de orden público que ahora se vivía en el pueblo de San Cayetano, a raíz de una noticia aparecida en el periódico liberal Comentarios. Cito textualmente la carta para que el lector aprecie el tono de las críticas y de los reproches que eran utilizados entonces: “…en Comentarios del día 17 de los corrientes aparece un remitido firmado por Rosa Vivas y forjado por el rábula de Cúcuta para cogerle unos centavos, como de costumbre. El remitido está falto de toda verdad, como bien será posible probarlo. El señor Alfonso Ramírez G. digno alcalde de este municipio, me da pie para que el público y el Gobierno se den cuenta de la diferencia que hay entre la administración actual y la de ayer. En la época presente se ha observado que nuestro querido pueblo de San Cayetano es seno de tranquila para todos los ataques a mano armada a los representantes del pueblo no han vuelto a sucederse como era costumbre, los abajos al partido Conservador, al Gobierno y al clero amenizados con tiros de revolver en las esquinas, tampoco, ni el paseo tranquilo de criminales por las calles después de dejar la víctima tendida en la calle; en fin nuestro pueblo era ya una selva de forajidos, que por su aspecto de desaseo y abandono estaba llamada a ocupar ese distingo entre las demás poblaciones del Departamento. La explicación de este cambio sorprendente es muy sencilla. Nuestro digno gobernador, mil veces digno de llevar la representación de nuestro departamento, atendiendo a los clamores de sus gobernados conoció a donde estaba el mal radicado en esta población e inmediatamente nos envió el remedio nombrando un empleado consciente de sus deberes, franco, leal y activo en el cumplimiento de sus sagrados deberes. Claro que para algunos y los acostumbrados a las obras macabras no les es propicio nuestro alcalde”.

El párrafo anterior es una muestra del fervor partidista que se veía por ese tiempo.

Uno de los hechos más abominables sufridos por la prensa local, fue el ataque contra el periódico ‘La Mañana’, el lunes 23 de marzo de 1925, día en que una horda de manifestantes azuzados por el párroco de San José, quien se sintió ofendido por una caricatura publicada en ese medio, la emprendió contra de ese y otro periódico de orientación liberal, ‘Comentarios’ a quien consideraba su compañero de fechorías y que por fortuna no destruyeron por consideración a la esposa de su director, quien lo reemplazaba por hallarse ausente. La narración de este acto terrorista fue publicada en estas mismas páginas, así como recopilada en el tomo tres de estas crónicas.

Lo que a continuación se muestra es la explicación que ‘El Popular’ publica como editorial, para justificar estas repudiables acciones.

“… La agresión, el insulto y la calumnia de la prensa liberal han venido creando una situación insostenible para los católicos, han venido sembrando la más grande intranquilidad social. Y el remedio tenía que venir. El pueblo católico no podía seguir permitiendo que el clero y el vicario en especial fueran objeto constante del vejamen más crudo e injusto. El lunes, el doctor Mendoza recibió por la mañana el desagravio de distinguidísimas señoras de nuestra sociedad. Por la tarde, un grupo de jóvenes decidió improvisar una manifestación  efectuada a las ocho de la noche. En el parque Santander, el doctor Víctor M. Pérez dirigió a la multitud un vibrante discurso lleno de juventud, de valentía y de ideas. El doctor Víctor M. Pérez sí es un conservador que ama su partido y no teme salir a publicar las grandezas de su causa y a defender su credo. No es un contemporizador, ni un miedoso, ni tiene qué le puedan tachar. Por eso el pueblo conservador le ha cobrado cariño y lo considera su representante. En la esquina del edificio de la Prensa Católica habló don Arturo Bueno. Luego se destacó la figura imponente del Vicario que dejó caer sobre el numeroso auditorio una oración impecable por sus ideas y por sus intenciones. Dijo que la manifestación era acto de justicia y acto de nobleza y luego expuso cómo el conservatismo estaba perdiendo por estar entregado en manos del liberalismo que como nueva Dalila le cortaba el cabello, le barajaba las mejores leyes y lo dejaba sin fuerza. La destrucción del imprentín, que valdría unos ochocientos pesos, no ocasionó ningún disturbio, ni lo podía ocasionar. No era cosa grave… pero la honorable Asamblea ha querido darle proporciones indebidas aprobando una proposición de protesta. La mayoría de los conservadores la dejaron pasar cobardemente, injustamente no fueron capaces de aprobar una modificación, de dar algo propio. Se trata de un grupo de conservadores enclenques que se acabaron de dejar trasquilar por la nueva Dalila… la Asamblea ha cometido faltas gravísimas contra la justicia y la nobleza. Es incapaz de protestar contra la campaña baja y sucia desarrollada en contra del clero y del partido conservador,  un gobierno que implanta la honradez permite que sean vejados de mil maneras, pero desciende a batirle palmas al periodista criminal y a dolerse de lo que justamente sufre…lo sucedido era inevitable… esta reacción es ley histórica y de sociología… y así tenemos que obrar nosotros en adelante y así tenemos que defender a los nuestros”.

Creo que los comentarios a este editorial, sobran.

Redacción: Gerardo Raynaud D. | gerard.raynaud@gmail.com