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Un luctuoso aniversario (3)

Sábado, 14 de Mayo de 2022
Historia contemporánea

Antes de narrar el final de esta triste crónica, es conveniente dejar para la historia los gratos recuerdos de una persona que, a pesar de su rígida personalidad derivada de su sangre germana, fue un hombre de nobles atributos y generosas acciones, tal como puede deducirse de las iniciativas que realizó en beneficio de nuestra sociedad.

Fue miembro del club Rotario de la ciudad y colaboraba con los partidos de futbol de beneficencia que se jugaban entonces contra sus opositores del club de Leones, donde sobresalían más las ganas de contribuir en recolectar recursos para ayudar a los necesitados que de ganar el juego.

De igual manera contribuía con el Reformatorio de Menores situado frente al hotel, lugar al que asistía a la misa dominical en compañía de su esposa e  hijos y que aprovechaba para demostrarles lo bien que vivían y la desafortunadamente condición en que se encontraban sus vecinos. Aprovechaba el día de Navidad para celebrar con los “gamines”, guardias y funcionarios del Reformatorio, ofreciéndoles una cena de navidad con todas las de la ley.

Una anécdota final, también de grata recordación, es la de los viajes a San Antonio, en la época en la que muchos productos que no se conseguían en Cúcuta y había que comprarlos allí (y traerlos de contrabando). Para entonces, había comprado un Chevrolet Impala modelo 59, que había sido el vehículo del comandante de la policía y en él se desplazaba para hacer sus compras en el vecino país; en algunas oportunidades se hacía acompañar de sus pequeños hijos para que no revisaran el carro, haciendo que aparentaran estar dormidos en la silla trasera, pero era ineludible que a veces lo detenían para la requisa de rigor lo que lo ponía más nervioso de lo usual, así que no faltaron días en los cuales por su inexperiencia chocaba con algún pilar y la autoridad viéndolo angustiado y con los hijos a bordo lo dejaban pasar sin inconvenientes.

En sus últimos años, fue instructor del SENA, donde además de sus clases, aprovechaba para entrevistar a los potenciales trabajadores del hotel.

A comienzos del año 72, tuvo la idea de ampliar su negocio y por tal motivo se contactó con la dirección del hotel Cariongo de Pamplona, con la intención de gestionar en las mismas condiciones del Tonchalá, esa nueva sociedad. Ahora como sabemos, el negocio se frustró con su prematura muerte, correspondiendo a su esposa lidiar con la terminación del proyecto.

Bueno, hasta aquí el viaje por la vida y hechos de nuestro personaje. A continuación el recuento infausto de los hechos que llevaron a su temprana desaparición.

Según la investigación policial, en los primeros días del mes de mayo de ese año, 1972, el gerente había detectado algunas irregularidades cometidas por el señor Luis Arnulfo Basto Mendoza, quien se desempeñaba en el cargo de mesero en la sección de bar y restaurante.

 El fuerte temperamento de don Federico lo llevó a destituirlo de manera fulminante, sin dar ocasión de defenderse como son las normas actuales que en aquellos tiempos no existían, como lo demandan ahora las reglas del debido proceso.

El afectado, al sentirse vulnerado, no encontró otra vía que vengarse de su antiguo patrono y por ello, inicialmente argumentó que había entrado a su oficina solo con el objeto de solicitarle una carta de recomendación, sin la cual no había podido hallar un nuevo empleo.

Es posible que conociendo el fuerte carácter del gerente y sabiendo que era posible que no cumpliera con su petición, llegó preparado. Cerró la puerta con llave desde el mismo momento que entró a la hora del mediodía y todo indica que el agresor tenía las intenciones predeterminadas de atacarlo, toda vez que ingresó con un cuchillo envuelto en una hoja de papel periódico.

Minutos después del ingreso del ex empleado a la oficina de la gerencia, comenzaron a oírse gritos y en un momento dado sonó un disparo. Don Federico habría alcanzado a reaccionar ante la agresión disparándole a su atacante, sin lograr herirlo, lo que hizo posible que éste se enfureciera y lo atacara con mayor sevicia ya que en el resultado del altercado, según las fuentes investigativas, muestran que la victima tuvo lesiones localizadas en la espalda, al parecer en un momento de descuido cuando buscó el revólver con el que trató de defenderse, en el hombro  derecho, en la pierna izquierda,  en el tórax y el abdomen, un total de  nueve heridas con arma cortopunzante.

Empleados del hotel finalmente pudieron entrar a las oficinas del gerente alcanzando a ver los últimos instantes de la agresión. El señor Luis Orozco, cajero principal del hotel viendo la dantesca escena, reaccionó de tal forma que alcanzó a tomar el arma que estaba sobre el escritorio y encañonar al criminal.

En ese momento, apareció el agente de la policía de servicio en el sector haciéndose cargo de la situación.

El señor Wollner fue trasladado inmediatamente al Hospital San Juan de Dios  donde los médicos de turno hicieron todo lo posible por salvarle la vida pero que debido a la gravedad de las heridas resultó infructuoso y falleció pocos minutos después de su ingreso.

Hicieron el levantamiento del cadáver, el Comisario Jesús María Garay y su secretario José del Carmen Escalante.

Llevado el homicida al Permanente Central, manifestó que sólo había ido por la recomendación y que el gerente le había dicho que no se la daría ‘porque a él lo habían botado por pícaro y por ratero’.

El cadáver fue velado en la casa del doctor Luis Alejandro Bustos, presidente de la Junta Directiva de la Corporación Hotel de Turismo propietaria del Hotel Tonchalá. Las exequias se realizaron en la iglesia de María Auxiliadora del Colegio Salesiano, a las  once de la mañana del 17 de mayo de 1972.

 

Redacción

Gerardo Raynaud D.

gerard.raynaud@gmail.com

 

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