Escuchar este artículo

Exsecuestrado clama por la libertad de su empleada

Domingo, 7 de Julio de 2019
“Espero que Norma vuelva y le respeten la vida”, comerciante liberado.

El rostro y la mirada del comerciante colombiano Germán Plata Palacios reflejan el dolor y el desespero de sufrir el secuestro. Veinte días en cautiverio, atado de manos, aguantando hambre, en precarias condiciones en territorio venezolano, fueron el producto de la pérdida de 20 kilos de su peso.

Aunque hoy disfruta de la libertad, luego de la gestión de los cuerpos policiales del gobierno del país vecino, su felicidad de retornar a su vida normal no es completa, ya que Norma Loaiza Mojica, la administradora de su empresa, aún continúa en cautiverio, desde el pasado 7 de junio, cuando fueron secuestrados junto al conductor (José Guillermo Romero), en el sector La Mulera de la vía a San Cristóbal (Venezuela).

“Clamo para que continúen con las investigaciones que puedan dar con el paradero de Norma, mi secretaria y trabajadora que siempre se ha caracterizado por su laboriosidad y  compromiso, por quien les ruego su inmediata liberación. Ella sufre de azúcar y ya cumplió un mes en cautiverio. Les ruego a sus captores su liberación y el respeto por su integridad y su vida”, dijo Plata.

El comerciante recordó que minutos previos al secuestro, se percató de que una camioneta los seguía, hasta que de repente otra camioneta (de alta gama) los interceptó y del vehículo se bajaron seis hombres fuertemente armados, para secuestrarlos.

“A mí me apartaron de mis empleados. Solo me volví a encontrar con el conductor cuando nos liberaron. De Norma solo me mostraron un video”, recordó Plata Palacios.

Este hombre, de 65 años, confiesa que a medida que pasaban los días custodiado por dos de sus captores, pensó en suicidarse, aunque no tenía los medios para hacerlo. “Me quitaron la correa y los cordones de los zapatos”, dijo.

En medio de su desespero optó por no recibir comida hasta que los secuestradores le advirtieron que si no comía tendría que dormir junto a sus necesidades fisiológicas, como forma de castigo.

Las lágrimas agobian a Plata cada vez que recuerda esos momentos de zozobra mientras intentaba superar cada segundo atado a un cambuche de madera en una zona apartada.

Por ahora, el sobreviviente a este secuestro no para de rezar para que su empleada vuelva a recobrar su libertad, para volver a sus actividades normales. 

“Es una situación muy difícil y que nos dejó con miedo constante. Espero que Norma vuelva y le respeten la vida”, dijo.

Image
La opinión
La Opinión