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Capoeira para superar la guerra y la violencia

Domingo, 8 de Julio de 2018
Los domingos, estos jóvenes se reúnen en el Stade 20.000 places de Bangui para entrenarse.

“La capoeira me ha dado una familia”, afirma Usein, presidente de la asociación Abada Capoeira Centrafrique, rodeado de unos cuarenta jóvenes, chicas y chicos, inmersos en una danza felina al ritmo de la percusión. 

Cada domingo, estos jóvenes de todas las condiciones sociales se reúnen en el Stade 20.000 places de Bangui para entrenarse y fortalecer los lazos dañados por la guerra y la violencia que golpea su país desde hace años. 

“No se preocupan por saber de qué etnia son los demás, de qué religión, de qué barrio, quién es un niño de la calle, un niño desfavorecido, educado, con una discapacidad o salido de grupos armados”, explica Marion, una francesa residente en Bangui que conoció a Usein al buscar un club de capoeira, un arte marcial afrobrasileño.

Lo acompañó en el desarrollo de la asociación, creada en 2017 y cuya historia empieza en República Democrática del Congo (RDC), en el campo de refugiados de Mole (norte), donde miles de centroafricanos se fueron instalando desde 2013.

Ese año, la Seleka, una rebelión de mayoría musulmana procedente del norte del país, tomó el poder en Bangui y desde entonces, la violencia prácticamente no ha cesado en el país, sometido a la merced de los grupos armados. 

En Mole, siete centroafricanos -cinco chicos y dos chicas-, Vicky, Usein, Mexent, Jephte, Vital, Beliva y Nancy, descubrieron la capoeira con la ayuda de la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur) y del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef). 

“Cuando dejamos la RCA, a causa de la guerra, estábamos traumatizados, algunos vieron a sus padres abatidos. El ambiente en el campo era algo complicado yAcnur buscó la manera de calmar a la gente” poniendo en marcha actividades como el fútbol, “pero esto a menudo terminaba en peleas”, recuerda Usein. “Así que trajeron la capoeira”. 

Vicky recuerda que en el campo “había jóvenes con mala idea, que tomaban drogas”.

Sin embargo, cuando empezó la capoeira las condiciones cambiaron radicalmente, según cuenta, y “se eliminaron los malos espíritus, a mí mismo me sirvió para desahogarme, me permitió olvidar lo que había pasado, nos permitió olvidar nuestros traumas”. 

Arte, deporte y paz

La práctica de este arte marcial, afirma Usein, ayudó a mejorar las relaciones, a menudo tensas, entre congoleños y refugiados centroafricanos. 

De ahí nació la idea de implantarse en Bangui y ayudar a superar las relaciones, igualmente complicadas, entre cristianos y musulmanes. 

“Nos dijimos, de acuerdo, nuestros barrios están divididos, ¿por qué no crear un club de capoeira y reunir a nuestros hijos?”. 

Cuando volvió a Bangui en 2016, Usein y sus amigos de Mole empezaron a dar clases de capoeira de forma voluntaria en sus barrios respectivos, además de los encuentros dominicales en el estadio. 

Los entrenamientos también tenían lugar en la fundación “Voz del corazón”, que se encarga de los niños de la calle. 

Para Usein, la capoeira es “mucho amor, familia, nos encontramos en un nido familiar” pero también es una puerta de entrada hacia la educación. 

La divisa de la asociación, que los jóvenes proclaman al final del entrenamiento, da cuenta de ello: “capoeira por la paz, la convivencia, el amor, el respeto al prójimo y el autocontrol”. 

Para Marion, los participantes “hacen más que practicar un deporte, desean contribuir a pacificar a los jóvenes y educarlos en los valores de solidaridad, no violencia y tolerancia”. 

Vicky no olvida otra particularidad importante, según él: la capoeira “viene de África”. Fueron “los esclavos africanos los que la desarrollaron en Brasil, es un orgullo para mí hacer cosas de mis ancestros. Es nuestra cultura”. 

En 2016, Usein y Vicky recibieron su “diploma” de capoeira de manos de Carolina de Mónaco. 

Ahora, les gustaría poder organizar en Bangui una ceremonia de “graduación” de capoeira para los 250 niños de la asociación, a la que le faltan medios y está en busca de apoyos.

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AFP
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