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Monólogo de la piedra

Jueves, 13 de Mayo de 2021
Soy la piedra que muchos no ven en su propio ojo por andar mirando el mugrecito en el ojo ajeno. Dicen que cuando el río suena, piedras lleva. Otros dicen que  el río suena porque los músicos se ahogaron.

¡Qué piedra! Yo, que he servido para hacer cosas grandes, para hacer torres, rascacielos, edificaciones que se elevan entre vientos y nubes y neblinas, yo, la piedra, que he simbolizado el progreso de los pueblos, hoy soy utilizada para hacer daños, romper vidrios y abrir chagualas. 

Para que tengan una idea de lo importante que soy yo en la historia de la humanidad, les diré que un período de vida del hombre se llama “Edad de piedra”. ¿Conocen ustedes una edad del árbol, o edad del agua o edad de los ladrillos? Es apenas un ejemplo. 

Es más. Yo, la piedra, tengo mi toque divino. Alguna vez cuando Jesús vio que a su templo lo habían convertido en una plaza de mercado, como quien dice en una Sexta o en una Cenabastos, dicen que a Jesús se le salió la piedra. No se le salió la madera, ni se le salió el cemento. Se le salió la piedra, y fue cuando agarró a tochazos y a patada voladora a los que allí vendían. ¿Se dan cuenta de lo importante que yo soy?

Cuando a una mujer gozadora, de las que se paran en el parque Mercedes en busca de clientes, los judíos la iban a joder a punta de piedra, llegó Jesús y les dijo: Alto ahí. Con la piedra no se lastima a nadie, y menos a una mujer, porque a las mujeres no se les debe tocar ni con el pétalo de una rosa.  La defendió. Porque las piedras fuimos hechas para mejores destinos.

Y no sólo eso. Jesús regañó a Pedro, que vivía con la piedra afuera, porque en Los Olivos  le rebanó una oreja a uno de los soldados que fueron a prender al Maestro: Guarda tu espada en la vaina (como quien dice “No eche vaina”) y no te dejes sacar la piedra.                                                

Y Pedro no se llamaba Pedro. Se llamaba Simón. Pero era fuerte como una piedra, como una roca, y entonces Jesús le dijo: Tú eres piedra, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia. O sea, que la iglesia de Jesucristo está hecha de pura piedra como yo, piedra de río,  blanquita, resistente.

De sólo pensar todo esto es que a mí me da piedra, al ver que en las manifestaciones de ahora, en este paro hijuemadremente largo, hay quienes se encapuchan para usarme a mí, la piedra, como instrumento de destrucción y muerte. 

A veces reniego de mi suerte. Tan de buenas y tan de malas. Con piedra construyeron la basílica de san Pedro en Roma, y con piedra le dan a la policía. Con piedra construyeron el circo romano y la estatua de La Libertad y el monumento a los Zapatos viejos. Pero con piedra los manifestantes agreden personas y edificios y monumentos. Con piedra se hacen las estatuas que ahora derriban sencillamente porque sí. Con piedra se construyeron las pirámides de Egipto y la ciudad inca de Machu Picchu, y ahora con piedra descargan su ira los enemigos de la humanidad y del progreso destrozando todo lo que hizo la civilización.

Soy la piedra. La que estorba en el camino, pero sirve para empedrar caminos. Soy la piedra en el zapato para enseñar a la gente a que se agache con humildad. Soy la piedra con la que antes empedraban las calles. Ahora son calles llenas de huecos. Soy la piedra que muchos no ven en su propio ojo por andar mirando el mugrecito en el ojo ajeno. Dicen que cuando el río suena, piedras lleva. Otros dicen que  el río suena porque los músicos se ahogaron.

gusgomar@hotmail.com