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Petro, un fenómeno que se podría consolidar para 2022

Domingo, 17 de Junio de 2018
Tuvo una clara ideología de izquierda con la que esperaba romper la histórica presencia en el poder de los partidos y políticos tradicionales.

A sus 56 años de edad y con el cargo de alcalde de Bogotá en su hoja de vida, además del de senador de la República, Gustavo Petro Urrego luchó a contracorriente buscando convertirse en el primer presidente de Colombia, con una clara ideología de izquierda con la que esperaba romper la histórica presencia en el poder de los partidos y políticos tradicionales.

Aunque no ganó en primera vuelta el pasado 27 de mayo, los resultados de Gustavo Petro en esas elecciones fueron históricos al obtener 4.848.511 votos, duplicando la votación más alta que su corriente política hubiera alcanzado alguna vez en la carrera por la presidencia de la República. Se trató del fallecido exmagistrado de la Corte Constitucional Carlos Gaviria Díaz, del Polo Democrático, quien en la primera vuelta de 2006 alcanzó 2.613.157 sufragios, la votación más alta que hasta ese momento había alcanzado la izquierda en las urnas de cara a ocupar el solio de Bolívar.

Tres semanas después, en la segunda vuelta, Petro se mantuvo en un nada despreciable segundo lugar con un caudal electoral de 8.016.402 votos, casi duplicando los votos alcanzados al final de la primera jornada.

Gustavo Petro ha sido señalado de usar un discurso antisistema y populista, además de atribuírsele el querer aplicar en Colombia el "fracasado modelo" de Chávez en Venezuela, una idea contra la que luchó infructuosamente para que no calara en el electorado. A pesar de esto, es el primer candidato de izquierda en llegar a una segunda vuelta, enfrentado al candidato del partido de quien puede considerarse el más grande de los electores, el expresidente de la República Álvaro Uribe Vélez, su más férreo opositor.

Petro llegó a las presidenciales con un mensaje cargado de compromisos con el acuerdo que condujo al desarme de la guerrilla más vieja de América Latina y hoy partido político: Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC), así como con la intención de “profundizar la paz” con herramientas que incluían desde altos impuestos para latifundios improductivos, hasta el tránsito hacia una economía no dependiente del petróleo y el carbón, y más centrada en la producción agrícola.

Se dialogó con analistas, quienes se refirieron al cambio que ha tenido el electorado colombiano y lo que podría pasar de cara a las elecciones de 2022 teniendo presente el crecimiento de la izquierda, por lo menos en el caso de Gustavo Petro Urrego.

Para el politólogo Fernando Posada, la aparición de Petro en el escenario electoral es una señal de que parte del país pide un "cambio radical en la política". Muestra de ello fue el golpe que el 27 de mayo sufrieron varones electorales como Germán Vargas Lleras, quien fue superado por el profesor Sergio Fajardo y el propio Gustavo Petro.

"Definitivamente, el dirigente de la Colombia Humana es un fenómeno que llenó plazas públicas y despertó emociones llegando a consolidarse como una marca, pues identifica cierta población, revelando la crisis de la democracia representativa de los partidos tradicionales", opina Posada.

Esto es calificado por el politólogo como un “movimiento sísmico en la estructura política nacional”. Y es que Colombia ha sido un país donde el voto de izquierda rara vez ha superado el 15 ó 20% del total de los votos. “Ahora estamos en un escenario donde pudo superar el 40% y en esa medida muestra como los colombianos están tomando acciones menos conservadoras en temas de la agenda siglo XXI", dice.

Según el analista político Vicente Torrijos, el fenómeno de la izquierda no es nuevo ni  extraordinario y lo atribuye a una cadena de acontecimientos que convirtió este precedente en un eslabón más.

"En Colombia la historia demuestra que ha habido una polarización ideológica muy marcada que viene a cristalizarse de manera muy clara en el plebiscito del 2 de octubre de 2016, es por eso que no veo a Petro como un fenómeno aislado o extraordinario, sino como el eslabón de una larga cadena de polarización entre la izquierda y la derecha", sostuvo Torrijos, quien cita movimientos que se han dado en los últimos años en América Latina con casos en Brasil (Lula da Silva) y México (Andrés López Obrador), entre otros menos exitosos y sí cuestionados.

"Si uno se pone a mirar casos como los de América Latina, la izquierda asume la vocería de los indignados que no se derrotan una sola vez ni se termina porque es una izquierda que va ganando y va creciendo en cada proceso electoral. En el caso de Petro, él sacó en 2010 una votación cercana a los 3 millones y ahora ronda los 8 millones. Eso refleja que el proyecto político de Petro hace posible pensar que tiene muchas opciones de definirse como presidente en un intento próximo”, agrega Fernando Posada, quien resalta que por los próximos cuatro años Petro ocupará una curul en el Senado de la República y su fórmula vicepresidencial, una en la Cámara de Representantes. “Esta será una figura política muy importante por los cuatro años que vienen, en los que crecerá políticamente con nuevos electores", añade Posada.

En contravía a esta posibilidad se muestra Torrijos, para quien "no es claro que las cosas se den para asegurar una presidencia del candidato de la Colombia Humana en 2022, pues es claro que los partidos de la centro derecha han demostrado una gran versatilidad e inteligencia estratégica. El mejor ejemplo es el propio Duque, quien hasta hace cuatro años era un personaje absolutamente desconocido, pero la derecha creó todo un aparato político, una maquinaria muy disciplinada y muy eficiente de la cual él mismo hace parte", dice.

Torrijos agrega que el exalcande de Bogotá “no puede aspirar a recoger los frutos de un eventual mal gobierno de Duque, porque en todo caso la centro derecha tendría alternativas ingeniosas que consolidarían el esquema político”.

Una cosa es clara de cara a las próximas elecciones presidenciales (2022), y es el trato que se dé desde el nuevo Gobierno a la corrupción, parte central en la contienda política, la misma a la que se le dio foco tras la firma de la paz con las FARC. Este es, para el docente y coronel (r.) Carlos Alfonso Velásquez, el tema central para el gobierno de Iván Duque, ya que el cambio del mapa electoral ha estado fundamentado en el cansancio de los electores respecto de este asunto.

Según Velásquez, la corrupción le quita legitimidad al régimen político y esa pérdida es la que mantiene a las guerrillas autojustificadas en buena parte para su lucha armada, es más, si vamos atrás, a las guerrillas exitosas en Latinoamérica, Cuba y Nicaragua, lo que en el fondo las impulsó fue la corrupción y la inequidad. “Si el Gobierno que llega no asume a fondo una limpieza del régimen político para legitimarlo, indudablemente la izquierda podría ver con más claridad su presencia y posible triunfo en las elecciones de 2022; si por el contrario se limpia a fondo, pues está ideología no tendría tan claras las opciones para llegar al poder en ese momento", explica.

Jhon Marulanda, experto en temas políticos y conflicto, coincide con Velásquez al señalar que el nuevo Gobierno recibirá un país con problemas estructurales, íntimamente relacionados con la corrupción como lo son la ineficiencia en la salud, la educación y la seguridad, los mismos que han deteriorado al país.

"Para el nuevo Gobierno es fundamental ganarse la confianza del pueblo colombiano, para que este no se vaya a explorar la opción de la izquierda, lo que pasa es que estamos viendo como Venezuela, Nicaragua y Ecuador han ido decayendo debido a que han tenido en el poder a alguien de esa ideología y eso asustó en Colombia al momento de elegir un nuevo mandatario", concluye Marulanda.

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Colprensa
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