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Consuegras retoman el colegio tras 5 décadas sin estudiar

Viernes, 30 de Noviembre de 2018
Las mujeres hicieron parte del modelo educativo flexible Proyecto Ser Humano, en Villa del Rosario.

Blanca Alicia Díaz Celis toma sus libros como un tesoro, como ella misma los califica. Siempre quiso estudiar, pero nunca tuvo la oportunidad. Tiene 62 años, pero hace cuatro decidió darse la oportunidad de hacer su sueño realidad: obtener el título de bachiller.

Camina 44 cuadras desde su casa hasta el colegio San Antonio, en Villa del Rosario, donde recibe clases de 6 p.m. a 10 p.m. Son las cuatro horas a las que más empeño pone. Atiende su casa, ayuda a sus nietos y vende productos de catálogo y dice que le rinde el tiempo para sobresalir en su clase.

“Mis compañeros me hacen bullying cariñosamente, porque llevo las tareas del libro adelantadas siempre dos lecciones”, dice entre risas. Con el ánimo que cualquier alumno de undécimo envidiaría tomó la responsabilidad de seguir su formación, a pesar de ser ya abuela de nueve nietos.

Se unió al modelo educativo flexible Proyecto Ser Humano dirigido a personas pobres mayores de 16 años que no han culminado su bachillerato. Con ella estudian más viejos, madres solteras, jóvenes trabajadores, y adultos de los 38 municipios no certificados de Norte de Santander. 

Pero a Díaz no le bastó ir ella sola al salón, con ese ánimo impregnó a su consuegra y amiga, María Urdulia Moncada,  y a otros siete vecinos más del barrio San Gregorio de Villa del Rosario.

“Ellos tenían que ver la misma oportunidad de superación que yo estaba viendo con este programa. Estudiar significa salir adelante. Muchos me dijeron que no, pero siete se inscribieron conmigo”, dice.

Ese amor por los estudios está con ella desde niña. Tomaba los libros y les decía a su tía, María Díaz, y la patrona de su padre que le enseñaran las letras.

Con los conocimientos básicos que adquirió hizo siete cursos complementarios en el Sena, sobre lo que le apasiona la cocina y la repostería.

“En el campo solo me ponían a trabajar, no hubo tiempo para el estudio”, enfatizó sobre los motivos por los cuales nunca fue al colegio.

Estudiar inglés fue lo más difícil al principio, y el despeje en matemáticas. “Le preguntaba a los nietos que ya están en la universidad, y me decían: ‘abuela ya ni me acuerdo’, me tocaba ir al ciber a investigar en google”, señala.

Igual le tocó a Moncada, quien nació en Bogotá, pero tampoco pudo estudiar.

La misma inspiración de su consuegra la arropó cuando Blanca le presentó la oportunidad. Trabaja en una panadería, y en medio de la atención de clientes lograba estudiar sus clases, exposiciones y talleres. 

“Ahora quiero seguir estudiando cocina, quiero ser una profesional en esta área”, dijo Moncada.

Con ellas arrancaron 33 estudiantes en su salón de clases, de los cuales se graduaron 24. Sin embargo, en todo el departamento el programa graduó a 1.724 personas.

Pero con el título de bachilleras no terminan los sueños de estas consuegras. Blanca quiere consolidar un emprendimiento de dulces, y María está empeñada en estudiar artes culinarias, porque su anhelo es ser chef.

Modelo educativo 

La Gobernación de Norte de Santander suscribió un convenio, a través de la secretaría de Educación, con el Proyecto Ser Humano, con el cual se estableció la atención de estudiantes pobres, que no tienen ni la edad, ni los recursos para ingresar al sistema educativo tradicional.

Los alumnos cursan los Ciclos Electivos Especiales Integrados (Clei), que vendrían a ser los grados, desde el ciclo 2 hasta el 6, y al finalizarlo reciben el título de bachiller de mano de las instituciones educativas oficiales en el departamento. 

Los estudiantes que ingresan al proyecto Ser Humano reciben cinco módulos o ejes temáticos en sus contenidos programáticos en las áreas del conocimiento. En Norte de Santander se han beneficiado más de 73.000 personas a través de este modelo.

El modelo busca disminuir los índices de analfabetismo en el departamento. 

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