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Al borde de la guerra
Pobre Venezuela, que en su historia ha sufrido varias dictaduras, incluyendo la de un colombiano.
Viernes, 3 de Mayo de 2019

Asombra el hecho de que algunos periodistas, de cuyo nombre no quiero acordarme, se pongan felices ante los problemas que afronta Venezuela, un país que hasta hace poco fue muy rico y hoy vive de la caridad pública y presencia el éxodo de millones de sus habitantes.

Los comunicadores, uribistas todos ellos, gozan con la desgracia ajena. Se regodean hablando del hambre de los vecinos, de la falta de drogas, de los apagones, de la pobreza de quienes eran ricos y ahora tienen que vivir de vender dulces en los semáforos y en los buses de quien fuera su más pobre vecino. Lo peor es que hay quienes ruegan para que la situación se agrave, a fin de darle gusto a los presidentes Donald Trump e Iván Duque, cabezas de la nueva derecha que se ha enquistado en toda América, con algunas honrosas excepciones, entre quienes, desgraciadamente, no estamos los colombianos.

Los comunicadores cruzan dedos para atraer los deseos que guardan en lo más profundo de sus corazones: los de ver el derrumbamiento del inepto presidente Maduro, quien solamente tiene capacidad para dirigir a la patria de Bolívar, pues sus conocimientos apenas sirven para manejar un bus, que era su oficio, o para tocar un instrumento en una banda de rock.

Pero lo que no ven los colegas de la derecha, entre quienes extraño la presencia del viejo amigo Mario Acosta, quien viajó hace meses a la presencia del Señor, es que la desgracia del vecino puede agravarse hasta el punto de que nos contagie  y ocasione lo que tememos algunos: una guerra civil similar a la que casi acaba con España en 1936 y dio origen a la dictadura de Francisco Franco. 

Los enfrentamientos entre habitantes de un mismo país, como ha ocurrido en Siria, Líbano y otras naciones, incluyendo Colombia,  pueden ocurrir en cualquier momento y son la fórmula para resolver las diferencias. Es lo que está sufriendo Venezuela, donde hay dos bandos irreconciliables. No se hablan y sólo hay una solución: la bala. Pero hay un problema grave: las armas las tiene el sector que acaudilla el presidente Maduro, que ha tenido la inteligencia de consentir a los militares y cuenta en su haber con más de mil generales, muchos más que los que tienen Estados Unidos o Rusia. Además, cuenta con las armas y los aparatos que compró Hugo Chávez, incluyendo aviones rusos de última tecnología.

La oposición, a su vez cuenta con el apoyo de Estados Unidos y de 50 países, incluyéndonos, pero eso agrava la situación porque sólo deja una salida: la guerra civil en la que ojalá no nos involucre el inexperto mandatario que sigue las órdenes del jefe de la derecha, el expresidente Alvaro Uribe. 

Pobre Venezuela, que en su historia ha sufrido varias dictaduras, incluyendo la de un colombiano. Los demócratas rogamos para que las diferencias se solucionen por las buenas y regrese la democracia al bravo pueblo. GPT     

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