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La derecha en su extremo

En Colombia es cada vez más visible el extremismo de la derecha.

La libertad de pensar, de opinar, de crear, de ser según el ideario existencial de la persona, es inherente a la democracia. Cualquier forma de represión, de constreñimiento, de censura o de mordaza es inadmisible. Pero esa garantía de no ser sojuzgado impone responsabilidades. Los actos humanos requieren transparencia y credibilidad, articulados a la razón, con sello de veracidad. La imposición de la fuerza para dominar y ejercer mando lleva a la degradación y perturba las relaciones de convivencia en la sociedad. Por eso la diferencia es abismal entre quienes basan su supremacía en la violencia y los que prefieren el soporte de la paz.


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En Colombia es cada vez más visible el extremismo de la derecha. Sus actores son dogmáticos y sus posiciones tienden a un negacionismo obsesivo. Lo que no dependa de su visión, de lo que les garantice utilidad, a costa del interés general, no es viable. Están del lado oscuro de la comunidad y por consiguiente no representan una corriente que contribuya a solucionar los problemas de la nación sino a agudizarlos en su propio beneficio. De su parte no se aporta nada al debate de los asuntos de interés público, porque están a contravía de las posibilidades de superar los factores del deterioro en que se ha mantenido a Colombia.

Los que se han declarado líderes de la derecha no han utilizado el poder por ellos mismos ejercido para sacar el país del atraso, sino para sumirlo más en la incertidumbre. Con sus posturas de intolerancia se niegan a debatir con sus contrarios los temas de mayor afectación en la nación, lo cual es una forma de no reconocer sus derechos. Y así se expresa una subestimación a la democracia. También se impide someter a prueba las convicciones respecto a los diferentes asuntos de interés público.

Lo que cotidianamente predican senadores como Miguel Uribe Turbay, María Fernanda Cabal, Paloma Valencia y los demás congresistas de la misma línea es que la nación siga atrapada en las estrecheces de la desigualdad. Se retuercen con el proyecto de la paz total, los encoleriza la reforma agraria, los saca de su siesta toda reforma que tienda a acabar con tantas desigualdades.  Tampoco son partidarios de una justicia que le ponga fin a la impunidad. Y les perturba la erradicación de la corrupción porque de ese emporio se benefician muchos de sus afiles.

El extremismo de la derecha quiere que los pobres sigan en esa desgraciada condición. Pero también se alinean con la posibilidad de un golpe de Estado en Colombia contra el presidente Petro como lo predicó Uribe Turbay a propósito de lo sucedido en Perú al presidente Castillo.

Que defiendan sus ideas de derecha, allá ellos. Pero no les debiera disgustar que sus contrarios tengan las propuestas que más convienen a la nación, porque se necesita salir del atolladero de la violencia, de la pobreza, de la corrupción, del destrozo de la naturaleza y de la intolerancia que lleva a la discriminación y el autoritarismo de los grupos paramilitares, que son el brazo armado del extremismo que quiere el poder a sangre y fuego, así hablen de democracia.

Puntada

La rectora de la Universidad Francisco de Paula  Santander, Sandra Ortega, tiene el reto de llevar esa alma mater a la excelencia académica. Es una  responsabilidad histórica en la cual debe empeñarse con determinación sin reversa.

ciceronflorezm@gmail.com

cflorez@laopinion.com.co

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Domingo, 11 de Diciembre de 2022

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