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La mansedumbre de la consciencia

Lunes, 20 de Junio de 2022
La consciencia sabe tanto de perfección, que comprende e interpreta nuestra fragilidad mortal.

La consciencia tiene la certeza innata de las leyes naturales y la intuición de la moralidad útil, para recordarnos lo que hemos hecho en la vida, con su voz sabia y natural, que viene generosa hasta nuestro interior.

Su fama nos hace temerla y rehuirle, pero, si le damos la oportunidad, se baja de su trono y se vuelve tan humana como para entender que, en el ejercicio de vivir, no somos inmunes a las imperfecciones. 

Y nos alienta a conversar con ella de lo bueno y de lo malo, a convertir los actos en un testimonio pedagógico de la verdad personal, corregirla e iluminar el porvenir con una antorcha de ilusiones como guía.

Esa voz sólo se escucha en la dimensión neutra del alma, en el recinto íntimo donde ocurre el majestuoso milagro de los rasgos culturales y espirituales, para la renovación constante y sincera de los valores de cada quien.

La consciencia sabe tanto de perfección, que comprende e interpreta nuestra fragilidad mortal, para transformarla mediante un proceso intelectual juicioso, para enriquecer y evaluar nuestro criterio sobre el bien y el mal.

Y circula por la benevolencia del perdón, con esa habilidad que tiene para volverse mansa y enseñarnos a escuchar su canción bonita, en una armonía que posee los acordes de una sonata bondadosa que redime los yerros. 

Epílogo: El gran problema es que nos enseñaron a mirarla desde las condenas y el pecado, y no a hablar con ella libremente, ni a abonar las semillas de esperanza y renovación que siembra con la autoridad de su ética.

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