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Las esperanzas del Catatumbo
Las verdaderas esperanzas  de  cambio, de paz y progreso, las  representan los niños.
Martes, 7 de Agosto de 2018

No pretendo referirme a fórmulas  mágicas  para  la  redención de  la  rica  y martirizada  región  de Norte  de  Santander. Aquí  no  caben los  líderes sociales  que podrían  impulsar la  solución  de los  infinitos  problemas que  afrontan los indígenas  Barí  y  sus  descendientes,  lo  mismo que los  miles  de  colonos que  habitaron la “tierra  del  trueno” y que  en  ella  regaron  su  descendencia.

No incluyo en este  titular  esperanzador las  decisiones  estatales para dotar a  la  convulsionada zona  de vías  terciarias, hospitales, escuelas con  maestros y  garantías a  los campesinos cultivadores  o  pequeños  ganaderos, en  cambio de  aumentar el  pie  de  fuerza  militar y el  sobrevuelo de  aviones  y helicópteros.

Las  verdaderas esperanzas  de  cambio,  de  paz  y  progreso, las  representan los  niños  y  jóvenes que  se  forman  en  las  escuelas  y  colegios,  que  como  bachilleres llegan  a  la seccional  de  la  Universidad  Francisco de  Paula Santander,  de  esta  ciudad.

Los universitarios demuestran que tienen la capacidad y las  ganas  suficientes para entender que  el  narcotráfico  y  la  guerra no  representan  ningún futuro para  ellos,  sus  familias  y sus  proles. Con los esfuerzos de sus padres  y  su  verraquera para  vencer innumerables  obstáculos, como el  estigma de su  procedencia, logran concretar  sus  proyectos  de  vida,  graduándose  como ingenieros,  abogados,  administradores de  empresas,  contadores,  zootecnistas y comunicadores  sociales.

Quienes tenemos  la  fortuna de  aportarles la  formación y  orientación a los jóvenes  catatumberos, nos  llenamos de satisfacción cuando  reciben  sus diplomas  como  profesionales,  y comienzan  a  mostrarse regional y  nacionalmente como colombianos buenos,  que  le  pueden aportar al  desarrollo del  país  y a  la  redención  de su  territorio.

La  prueba  es contundente y edificante: en  el  reciente evento  de  premiación del concurso  de  periodismo realizado  por  el  Círculo de Periodistas  y Comunicadores de  Norte  de  Santander, en  Villa  del  Rosario, estudiantes de la  UFPSO obtuvieron cuatro ´Bagatelas´,  y  casi  todos  obtenidos por hijos o  descendientes  del Catatumbo.

Las estudiantes  de quinto  semestre de  Comunicación Social, Yareiny Carrascal Pérez y Kelly Yurany Arévalo Pabón, de Convención y  El  Tarra,  respectivamente, alcanzaron,  además la  distinción de la  MAPP-OEA, por  la  crónica  radiofónica “Fui  a  la  guerra  y  volví”, en  la  que  relataron la  historia y  los  nuevos  retos  de un  guerrillero desmovilizado de  las  Farc  .

En  el trabajo académico, las  muchachas realizaron una investigación  seria,  de  la  cual  redactaron un  texto conmovedor y mostraron los  testimonios  del  protagonista,  para  relatarlo con  sus  voces bien  entonadas  y  con una  vocalización muy  clara.

“El valiente luchador que dejó  abiertos  sus  ojos”, una  crónica  escrita por  la  estudiante  Angie  Marcela Cácerez Guerrero, de San  Calixto, presentada como  examen  final de  la  asignatura  de  Géneros  Interpretativos el  año  pasado y  que luego  de algunas  correcciones la  presentó y acabó de ganar el  certamen.

Los hechos ocurrieron en su municipio y en ellos narró la destrucción de una familia por un  atentado  dinamitero ,  en  el  que  sobrevivió un pequeño.

La estudiante de último semestre, Alexandra   Franco Quintero, hija del reconocido camarógrafo y productor  de  televisión Alexander Franco, oriundo  de Hacarí, fue  la  directora del  cine  documental “Mi Templo de Lucha”, presentado por  el  profesor Emil T. Elam Méndez.

“El legado  de  mis  hijos”,  medio  digital realizado  por los  estudiantes  de quinto  semestre  de Comunicación  Social, Paula Alejandra Chona Molina, (abuelo de  San Calixto), Elizabeth Barbosa  Pérez y Andrés  Julián Pérez  Amaya,  seguramente con  ancestros de  la  antigua  provincia  de  Ocaña.

El Catatumbo no solo es  la  segunda región del  planeta  en  luminosidad. Tampoco es una de  las  despensas más  grandes de  Colombia  en  agricultura y  ganadería. Y ni se  diga  de las  riquezas  mineras que  guarda  en  sus  entrañas, de las  numerosas fuentes  hídricas y las  selvas vírgenes que protegen fauna  y  flora ,  desconocidas. 

En esta maravillosa y promisoria región hay un gran  número  de  jóvenes empeñados en prepararse para buscar el  apoyo estatal que  les  permita comenzar a  redimir  los  tantos  males  que los aquejan. Ellos  representan la  esperanza. 

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