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Los colombianos sí podemos

Domingo, 28 de Febrero de 2021
No parece lógico que mientras el conflicto armado deja 450 mil muertes en cinco décadas, y algunos sectores continúan avivando la hoguera, un par de mujeres colombianas enarbolen nuestro talento y creatividad.

Después de estar virtualmente un rato entre medios de comunicación leyendo sobre los asesinatos de líderes sociales, las reformas tributaria y pensional, el espectáculo de las vacunas, y las noticias sobre Odebrecht, me entretuve con la Misión Perseverance, cuyo propósito era recopilar pedazos de roca y tierra del planeta Marte para determinar la existencia de agua subterránea, la posibilidad de producción de oxígeno de su misma atmósfera, y caracterizar el polvo y otras condiciones ambientales, de suerte que se beneficiaren futuras exploraciones. Y entonces, llegué a la conclusión de que los Colombianos Sí Podemos. 

No parece lógico que mientras el conflicto armado deja 450 mil muertes en cinco décadas, y algunos sectores continúan avivando la hoguera, un par de mujeres colombianas enarbolen nuestro talento y creatividad. Hace un año Shakira fue la estrella del Super Bowl, el evento deportivo más importante de los Estados Unidos, con más de 300 millones de televidentes, corroborando la grandeza demostrada en el Mundial de Suráfrica con Waka-Waka; y, la semana pasada, no en el arte sino en la ciencia, Diana Trujillo, quien dirigió los ingenieros de Perseverance. Qué disciplina y sacrificio acompañan a esta caleña que llegó a La Florida para estudiar Ingeniería Aeroespacial, y hoy recibe aplausos del mundo entero. 

Mucho hemos aprendido sobre Marte, que honra al dios romano de la guerra, desde que la NASA lanzó Mariner, su primera misión exploratoria en 1964. Sabemos que no hay agua en su superficie por la baja presión atmosférica, y que por el óxido de hierro lo llamamos el planeta rojo. Con todos los pedazos recogidos, grandes incógnitas se resolverán.

Pensando en la vida efímera de 80 años que nos corresponde, parece intrascendente preocuparse por Marte, inclusive por el planeta Tierra, que tiene 4500 millones de años. En ese largo viaje, las especies humanas sólo cubren los últimos 2 millones, y el homo sapiens moderno apenas 70 mil años desde la revolución cognitiva, que nos dio ventaja sobre los demás animales. Si no entendemos nuestro planeta, y más bien lo sacrificamos con el atropello ambiental mientras nos matamos sin superar problemas como la pobreza y la desigualdad, ¿qué sentido tiene pensar en Marte?

Muchísimo, a pesar de que parezca irónico. No es incompatible resolver dificultades terrenales y profundizar en conocimiento. Baste pensar en el Coronavirus y la grandeza de quienes consagrándose a la investigación lograron vacunas que evitarán la muerte de millones de personas. Algunos científicos creen que en Marte hubo vida y que, de comprobarse, su situación presente se explica por cataclismo. Algo similar podría sucederle a la Tierra en algún tiempo, por capacidad nuclear multiplicada o por fenómenos naturales. La cosecha del saber beneficiará sin duda a futuras generaciones.        

Las inconsistencias humanas asombran, y algunas pretensiones científicas se desbordan, como prolongar indefinidamente la esperanza de vida o alcanzar la inmortalidad. Pero conocer Marte y el espacio resulta vital. La curiosidad y el sueño caminan de la mano. Así como Julio Verne soñó con su viaje a la luna, y Diana Trujillo con el planeta rojo, así también dejémonos llevar por Neruda en noches estrelladas hasta alcanzar la paz terrenal. Claro que podemos superar el conflicto, siendo solidarios en corriente colectiva. No tiene sentido desperdiciar nuestras capacidades.

Diana Trujillo llegó a los 17 años a los Estados Unidos, limpió casas, se pagó sus estudios, ganó premios por su consagación, y terminó en la NASA ganándose la confianza para liderar los ingenieros del robot de Perseverance. Buscando esa paz que no veía en Colombia, se refugió en la inmensidad del espacio hasta encontrarla. Evocando a Strindberg,  a diario levantaba sus ojos hacia el diáfano azul del cielo, ese cielo inmenso en donde para muchos existe sólo Dios, para otros la nada imperceptible, para todos la luz de cada día. 

Diana Trujillo nos llevó a Marte, recordando que los Colombianos Sí podemos!