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Panorama social de América Latina

La pandemia del COVID 19 definitivamente está amainando, y los estragos ocasionados en franco retroceso, retomándose la normalidad social.

Finalizado el año, es pertinente detenerse un instante para evaluar las estadísticas de los principales indicadores sociales, porque las relativas al crecimiento e inflación son de uso diario. La CEPAL proyecta que la pobreza en Latinoamérica se situará en 32,1% de la población y la extrema en 13,1%, representando ello un retroceso de un cuarto de siglo, lo que implica que 15 millones de personas adicionales estarán en la pobreza con respecto a la situación previa a la pandemia y que el número de personas en pobreza extrema será 12 millones más alto que el registrado en 2019.

A su vez, la desocupación proyectada para 2022 representa un retroceso de 22 años, afectando especialmente a las mujeres, para las que la desocupación sube de 9,5% en 2019 a 11,6% en 2022.

Lo más negativo lo encontramos en la educación, y ello por la larga interrupción de las clases presenciales, exacerbándose asi las desigualdades educativas previas.  Esta situación perdurará y afectará negativamente las trayectorias educativas y laborales de millones de niños y jóvenes.

Si bien la pandemia ha disminuido su virulencia, los desafíos sanitarios siguen.  El enclaustramiento generó una acumulación de enfermedades desatendidas, ocasionándose por ejemplo un incremento de un 25% de las relacionadas con desórdenes de salud mental. 

El 71,1% del total de la población de la región contó con esquema completo de vacunación a noviembre de 2022.  Sin perjuicio de lo cual la desigualdad de acceso a las vacunas fue notoria, porque 11 países no alcanzaron la meta del 40% de la población vacunada a fines de 2021, y 22 no lograron la meta de vacunar al 70% de su población a junio del 2022. Ello, bien pudo evitarse de haber existido una visión de integración y cooperación regional y subregional.

La tasa de pobreza de las mujeres de 20 a 59 años es más alta que la de los hombres en todos los países de la región.  Las niñas, niños y adolescentes enfrentan una mayor incidencia de la pobreza que el resto de los grupos etarios, siendo considerablemente más alta para la población indígena o afrodescendiente, lo cual muestra que seguimos siendo países con un racismo endémico.

En 8 de 12 países de la región, más del 60% de la población pobre menor de 18 años no tiene conectividad a internet, y en 3 países más del 80%. Si sumamos carencia de equipos entonces tenemos hacinamiento digital, aún en hogares conectados, debiendo agregarse la insuficiencia de habilidades digitales en general.

El porcentaje de jóvenes de 18 a 24 años que no estudia ni trabaja aumentó de 22,3% a 28,7%, afectando más a las mujeres.  Es por ello y otros motivos que urgen acciones para promover la inclusión laboral de la juventud y apoyo a su transición de la educación al empleo, con acceso a políticas integrales de cuidado.

En conclusión, la región enfrenta una grave crisis social.  No debemos olvidar que ella arrastraba profundas deudas en inclusión social y en calidad de la educación antes de la pandemia.  Por ello, se debe invertir en educación, porque es crucial para el crecimiento inclusivo y el desarrollo sostenible.

Ello se consigue si garantizamos una educación presencial segura,  recuperando el bienestar socioemocional de las comunidades educativas, revinculando a los estudiantes que abandonaron sus estudios, repensando las competencias que deben fortalecerse en la formación, aprendiendo de las innovaciones educativas, y finalmente maximizando el aprovechamiento de la revolución digital en la educación.

Miércoles, 4 de Enero de 2023

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