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Vanguardia: 100 años
Alejandro Galvis Galvis, el afortunado e iluminado protagonista de esta historia, en sus impresionantes memorias, relata con claridad cómo fue su inspiración.
Jueves, 29 de Agosto de 2019

Que un diario cumpla 100 años, en un atormentado país como Colombia, explica el significado de la proeza de un periplo vital que condensa las más asombrosas expresiones que sirvieron para fundarlo, para forjarlo, para sostenerlo y para proyectarlo.

Alejandro Galvis Galvis, el afortunado e iluminado protagonista de esta historia, en sus impresionantes memorias, relata con claridad cómo fue su inspiración: un periódico que sirviera para difundir y defender las ideas liberales, pero a su vez que fuera un medio de información y de impulso de los más nobles ideales, por su región: el departamento de Santander, y por su país: Colombia. 

Hace 100 años, cuando la idea cuajó, Galvis Galvis era un joven soñador: abogado ya, era dueño de un sentimiento de enorme grandeza, razón por la cual emprendió esta empresa que a todos parecía idealista y para muchos se advertía romántica, efímera y hasta errática.

Pero no contaban con que el fundador era un hombre de empuje, valiente, fogoso y resuelto, a quien los propósitos no lo aminoraban, ni lo hacían desfallecer en medio del camino, sino que lo llenaban de aliento y motivación, en donde el reto nacía y la acción no desfallecía.

Fundó La Vanguardia Liberal, como la llamó inicialmente y en ella colocó sus ideales, sus sentimientos, sus luchas y sus esperanzas. Supo sostenerlo contra todas las mareas presentes, y habiendo sufrido la incomprensión, la persecución y la extrema crueldad contra su causa, ahí estuvo siempre presente y actuante, con su mirada penetrante, su actitud en posición de arrojo, su conciencia tranquila y su voluntad incólume.

Contó con la inmensa fortuna del apoyo familiar: su esposa Alicia Ramírez de Galvis, supo exhibir un carácter como el de él, y una capacidad de trabajo para quien nada le resultaba imposible.

Y así fue como vinieron sus hijos, formados en el rigor de esos preceptos, entendieron que su misión no podía ser inferior a los resultados del camino recorrido. Alejandro Galvis Ramírez fue entonces el continuador, a quien le correspondió darle vida a la empresa, quien ideo un futuro de emprendimiento y de clara visión: recibió un presente lleno de grandeza y supo añadirle un porvenir: con talento, con trabajo y con sacrificio.

Ahora la tercera generación, representada en el tercer Alejandro, prosigue esa empresa bajo sólidas columnas que saben soportar muy bien su estructura.

Tuve la inmensa fortuna de conocerlos a los tres y de comprobar que cada uno ha sabido responder a su compromiso. Me siento de esta casa, donde también he tenido mis responsabilidades, y eso me autoriza para decir lo que digo.

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