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Venezuela el mayor desafío
Solo una transición democrática, pacífica y negociada permitirá comenzar la reconstrucción de un país devastado.
Sábado, 26 de Enero de 2019

En la década de los 70s del siglo anterior, durante la bonanza petrolera, Venezuela fue muy importante para Colombia como receptora de millones de compatriotas que migraron hacia el hermano país acosados por la violencia y la falta de oportunidades en nuestro territorio. Posteriormente en los 90s se fortaleció la integración,crecieron el intercambio comercial y las inversiones y tuvimos el mejor nivel histórico en las relaciones fronterizas. Ahora, más de 20 años después, la situación que se vive con Venezuela es la peor imaginable, las relaciones diplomáticas prácticamente no existen, la frontera la vemos como una amenaza y no una oportunidad, la salida de cientos de miles de venezolanos hacia aquí no se detiene y las consecuencias para nosotros de una escalada en la confrontación interna son muy peligrosas, con las implicaciones que pueda tener en la actual coyuntura frente al Eln.

Por eso se puede afirmar que el mayor desafío que tienen hoy el gobierno y la sociedad colombiana es el manejo de las crisis venezolanas en sus distintos aspectos. En materia de migración el país adoptó las decisiones adecuadas y los esfuerzos realizados en este frente por el anterior y el actual gobierno han permitido afrontar la crisis, regularizar su situación, avanzar en un censo y garantizarles servicio de salud y educación básica. Su incorporación al mercado laboral en una economía que aún no tiene índices de crecimiento económico satisfactorios y que mantiene unas tasas de desempleo e informalidad altas, sigue como tarea pendiente.

Ahora con las movilizaciones gigantescas de la oposición y la proclamación de Juan Guaidó como presidente interino, sin el respaldo de las fuerzas militares pero con un amplio reconocimiento internacional encabezado por Estados Unidos y Colombia, la situación en Venezuela se complica aún más y crecen los peligros de una confrontación armada interna y de una intervención de potencias extranjeras que convertirían al país vecino en escenario de guerra con consecuencias impredecibles. Los sucesos de los últimos días tienen un efecto directo en nuestra nación y por ello son tan importantes las decisiones que adopte el gobierno nacional frente a los mismos.

El reconocimiento inmediato de Guaidó como Presidente y el liderazgo al interior del Grupo de Lima del gobierno Duque van en la dirección correcta. El régimen de Maduro se convirtió en una dictadura al convocar unas elecciones sin garantías para la oposición y crear una asamblea constituyente ilegítima que no representa al pueblo venezolano. La persecución judicial a los opositores, la concentración de los poderes y la desaparición de la libertad de expresión, labraron el camino de un régimen cada vez más aislado nacional e internacionalmente que demolió la democracia venezolana.

Hace bien entonces el gobierno colombiano en desconocer la legitimidad de Maduro y reconocer a Guaidó. Pero esta decisión debe ser el punto de partida y no de llegada para encontrar una salida definitiva a esta crisis. Solo con unas elecciones prontas, transparentes, legítimas y justas se puede lograr. Sería conveniente que con la participación de la comunidad internacional se acordara incluso con Maduro esa salida. Las movilizaciones sin precedentes y la presión internacional deben llevar a los amigos del régimen chavista a entender que su gobierno es inviable y que llegó el momento de la sensatez y la cordura para evitar al sufrido pueblo venezolano un baño de sangre.

Solo una transición democrática, pacífica y negociada permitirá comenzar la reconstrucción de un país devastado. Allí Colombia debe jugar un papel fundamental para evitar una confrontación interna de la cual nosotros seríamos las primeras y directas víctimas por nuestros más de 2.400 kilómetros de fronteras y la presencia en estas de grupos armados irregulares como el Eln. En fin, con el régimen de Maduro arrinconado efectivamente, el momento ahora es para la diplomacia inteligente y desideologizada, la búsqueda de consensos y una política exterior colombiana que garantice que la salida del dictador signifique una oportunidad para la estabilización política y económica de la región y de las fronteras y no una amenaza de nuevas inestabilidades que afecten nuestra seguridad. Sin duda un gran desafío que amerita la convocatoria urgente de la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores para adoptar una política de estado que todos acompañemos.

Juan Fernando Cristo

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