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Cúcuta
Cúcuta se forja como ciudad cuidadora
El trabajo por hacer de Cúcuta una ciudad amigable o cuidadora es de planeación y con concepción inclusiva, que poco a poco construya los espacios.
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Alianza Unisimon
Miércoles, 8 de Junio de 2022

Un elemento distintivo de las ciudades en cualquier parte del mundo, es el apelativo que sus gentes o foráneos suelen darles. Ciudad Verde, Ciudad de los Árboles y Perla del Norte son los que identifican a Cúcuta. Pero si se le llegara a llamar Ciudad Cuidadora, ¿cuál sería el motivo? Una investigación Unisimón adelanta reflexiones al respecto.


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Para entender esa posibilidad de ser llamada Ciudad Cuidadora, tenemos que remontarnos al 15 de mayo de 1994, fecha fijada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), para conmemorar el Día Internacional de las Familias (Resolución 47/237 de 1993), con el objetivo de exaltar el valor que representan para la sociedad y cada uno de los seres humanos, pues sin importar su conformación, estas han sido y son fundamentales para la vida, la socialización y el cuidado.

Entonces, ¿cuál es la relación entre familia y Ciudad Cuidadora? La profesora y doctora en Educación Carolina Ramírez Martínez, directora de la Maestría en Familias de la Universidad Simón Bolívar, viene adelantando estudios y reflexiones para dar respuesta a este interrogante.

En un sentido amplio explica que, las ciudades protectoras o amigables son en la práctica, las urbes con escenarios incluyentes que se preocupan por el cuidado y la salud mental de los niños y niñas, en la necesidad de que tengan zonas verdes y espacios para el juego y que ese disfrute sea igual para jóvenes y adultos mayores, aportando a la construcción de una armonía familiar. 


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Ramírez Martínez se articula con el concepto de “ciudades cuidadoras” expuesto por la socióloga española y especialista en Ecología Humana y Población, Blanca Valdivia, en la que expone que “frente al crecimiento urbano sin límites basado en la ruptura de vínculos con el entorno natural el papel de las ciudades es proporcionar el soporte físico para satisfacer las necesidades que permitan el sostenimiento de la vida y que esa ciudad además de cuidarnos, nos permita cuidar a otras personas”.

¿Y el juego de la familia dentro de esa expectativa de ciudad, por qué se hace relevante? Las reflexiones de la profesora Ramírez Martínez, nos llevan a años recientes: En el 2021 el contexto de aislamiento social producto de la pandemia por COVID-19 se enmarcó sobre las “familias y nuevas tecnologías” y en el 2022, se reflexiona sobre “las familias y la urbanización”, para recordar el compromiso social de las ciudades frente al cuidado de las familias.

Las urbes tienen el papel responsable y protector de la casa grande que las acoge, cuida y propicia su inclusión (a las familias), el hogar donde encuentran soporte económico para su mantenimiento, el lugar donde cada uno de sus miembros puede ser, ese escenario para la construcción y práctica de sus valores, e interactúa de manera armónica con otros, con el planeta, con los entornos y puede construir paz y prosperidad.

Carolina Ramírez Martínez. Magíster en Prácticas Pedagógicas y doctoranda en Educación integrante del grupo de investigación. / Foto: Cortesía

 

Es un reto global, ya que el mundo ve crecer las ciudades y con ellas los problemas de hacinamiento, contaminación, inseguridad, problemas de movilidad, energía, vivienda, agua, gestión de residuos y asentamientos que no garantizan la calidad de vida y dificultan a las familias el desarrollo de su bienestar, pero que en últimas como célula de la sociedad termina asumiendo el peso y la responsabilidad de ello, afirma la profesora Ramírez Martínez.


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Estas situaciones no difieren con la realidad local, añade la directora de la Maestrías en Familias de la Unisimón, la cual redunda en inseguridad, violencia, desempleo, migración, educación y especialmente en escenarios para la inclusión intergeneracional, una preocupación familiar que no les permite incluir niñas, niños, adolescentes, jóvenes, adultos y adultos mayores, personas con alguna limitación o enfermedad, realidades diferenciadas desde el género y en fin, espacios identitarios que les permitan crecer en una ciudad hogar.

Hoy las familias propenden por desarrollarse bajo entornos democráticos donde cada uno de sus miembros pueda ser, cuidar, cuidarse y aportar desde sus realidades y capacidades. La ciudad debe acoger este mismo reto, es urgente un desarrollo de ciudad sostenible e incluyente con mayores escenarios verdes que permitan a las familias disfrutar de parques, colegios, centros de desarrollo, vivienda adecuada, agua potable limpia, saneamiento, entornos de vida libres de contaminación, transporte público y centros de atención para la salud, la educación y la cultura.

Tras esas posturas y conceptos de ciudades cuidadoras, protectoras o amigables, ¿cuál camino le queda por adelantar a Cúcuta? La tarea que lleva a cabo la Universidad Simón Bolívar por medio de la profesora Ramírez Martínez, direcciona a dejar un precedente con las fuerzas vivas de la ciudad, tanto en lo público como en lo privado, en el sentido de identificar esas ausencias y vacíos en los que se debe hacer inversión social, cuya evaluación se haría a mediano plazo con las ejecutorias de la administración municipal.  


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El trabajo no se presenta nada fácil y se requiere de voluntad y pertenencia pues en la capital nortesantandereana se hace urgente promover comunidades participativas que formen en ciudadanía, amigables para las familias y que las cohesionen con la institucionalidad y con las comunidades. 

Una ciudad de niños, niñas y adolescentes que debe abrir los centros educativos para una integración familiar que recurra al juego y los escenarios recreativos seguros y prevengan problemas de salud mental, donde las bibliotecas y los diferentes centros temáticos brinden herramientas para enfrentar cambios tecnológicos, urbanísticos, demográficos y de recuperación ecológica. 

A manera de recomendación y en la búsqueda de un mejor porvenir a corto o mediano plazo, la iniciativa de investigación de la Unisimón es que, las familias hoy día y con los afanes que trae el presente siglo, urgen de mayores vecindades que incluyan a los adultos mayores, vías seguras, espacios verdes, comedores, accesos peatonales, parques con bancas que motiven al diálogo intergeneracional, residencias para adultos mayores, economías y proyectos de vida en la vejez y cuidados. 

Asimismo, las mujeres deben contar con escenarios cuidadores que las alejen del acoso callejero, los feminicidios, las labores que las exponen a la trata de personas, mayor disponibilidad de baños públicos, andenes que les permitan llevar sus compras en carros de mercado, zonas de encuentro dotadas para atender a sus bebés, transporte público con espacios para coches, entre muchas otras acciones que buscan llevar a la reflexión de una ciudad para las familias.  

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En la medida en que se avanza en la generación de espacios incluyentes, el concepto de familia nuclear se revitaliza y abre posibilidades importantes de reflexión de un nuevo concepto de ciudad./ Foto La Opinión
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