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En Brisas de la Ermita se sienten abandonados

Viernes, 24 de Junio de 2022
La invasión está rodeada por canales de agua lluvia

Los habitantes de Brisas de la Ermita han soportado durante muchos años la inseguridad, la falta de alcantarillado y vivir en una zona con un riesgo alto de una inundación por los canales de agua lluvia que los rodean.


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En ese sector de la Comuna 7 de Cúcuta la gente no vive tranquila ni cómodamente, sobrevive ante esas adversidades con una sonrisa en su rostro y demostrando que no se doblegan.

¿Qué los motiva a permanecer en esa zona peligrosa y bajo esas condiciones?, la necesidad, la costumbre y el amor a ese territorio es la respuesta que dan los vecinos ante tal inquietud. Juan de Jesús Sánchez Guerrero, líder comunal de ese sector de la ciudadela Juan Atalaya, explicó que allí viven con la zozobra de que en cualquier temporada de fuertes lluvias los canales que los rodean se desborden y ocurra una tragedia.

 

Algunas  de las viviendas  de la invasión son de tablas y tejas de zinc.

 

No sería la primera vez que eso ocurra en Cúcuta, para finales de 2020 en los barrios Los Canarios, 23 de Enero y La Isla conocieron la fuerza de la naturaleza, cuando la quebrada La Tonchalá se desbordó, destruyendo viviendas y enseres, dejando a varias familias damnificadas.

“Ese es el miedo que nosotros tenemos, porque las autoridades encargadas de la prevención de riesgos nos dijo que estamos en una zona peligrosa, no de alto riesgo, porque no es muy probable que el cerro se nos venga encima, sino por los canales”, añadió el líder comunal.

Sánchez Guerrero también indicó que ninguna entidad ha buscado la reubicación de las docenas de familias que viven en esa invasión. En caso de una inundación, sería una ‘tragedia anunciada’.

Drogas e inseguridad

Lo que más le duele a los vecinos es que algunos de los jóvenes están siendo inducidos al mundo de las drogas, alejándose de los estudios.


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Es un panorama triste para muchos padres de familia que a diario le ruegan a Dios que sus niños nunca prueben alguna droga.

Algunas ‘ollas’ que había en el barrio han sido combatidas por las autoridades. Según se conoció: “los policías ponían una moto en la parte alta y otra abajo, y se escondían. Si veían pasando a los drogadictos los agarraban y les decomisaban la droga, a los ‘jibaros’ no les quedó otra que irse, porque nadie bajaba porque perdían la plata y lo ‘rayaban’”.

 

Algunas  de las viviendas  de la invasión son de tablas y tejas de zinc.

Actualmente, la comunidad solo les teme a los ladrones que deambulan por ahí, llevándose cualquier objeto de valor que haya fuera de las viviendas.

Quieren un salón comunal

El salón comunal es un sueño sin cumplirse, pues tienen un lote donde hay unas cabillas enterradas, esperando que con bazares, rifas y otras actividades reunan el dinero para comprar los otros materiales de construcción para iniciar la obra.

Para que la Alcaldía de Cúcuta le invierta a ese espacio, ubicado en la avenida 13 con calle 35, de esa zona de la ciudadela Juan Atalaya, la comunidad debe cederle el lote al municipio, una acción de la que muchos desconfían y prefieren trabajar con las ‘uñas’ para adecuarlo.

“Queremos que alguna empresa que esté interesada en apoyarnos con materiales de construcción se acerque a la zona, es una labor social que se les agradecerá”, comentó el líder comunal.

 

Las vías y las canchas

En Brisas de la Ermita no saben que es tener una vía pavimentada, pues ninguna de las administraciones municipales ha querido asfaltar esa zona, y no lo hacen porque primero deben instalar el sistema de alcantarillado.

Los vecinos construyeron su propia tubería, que se une casa a casa y termina en alguno de los canales.

Las dos canchas del barrio no son más que un tierrero con dos arquerías de hierro oxidado. Una está ubicada frente al lote comunal, la otra en la avenida 11A con calle 33.  Los niños y jóvenes juegan fútbol en las tardes.

 

La historia

En 1977 varias familias de bajos recursos invadieron un terreno sin propietarios, que está cerca del barrio La Ermita. Lo primero que hicieron fue construir las humildes viviendas de tablas con techos de zinc, pero sin electricidad, alcantarillado o acueducto.

Poco a poco lograron que les instalaran la electricidad y el acueducto en las casas, pero estaban sin alumbrado público –que aún hace falta en algunas cuadras-.

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