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El chispero

Sábado, 6 de Mayo de 2017
Estos son momentos de reconocimiento para la labor de Santos en relación con el fin de la guerra con las Farc.

Por un lado, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, único organismo internacional permanente que puede tomar decisiones para salvaguardar la paz y la seguridad en el planeta…

Por otro, el Congreso de Estados Unidos, de definitiva mayoría republicana y obsecuente brazo legislativo del presidente Donald Trump, intransigente opositor a respaldar procesos políticos en otros países…

Y, en tercer lugar, el propio Trump, tan dado a esquivar compromisos con el resto del mundo, y menos cuando se trata de gobiernos y países que no representan intereses vitales para Estados Unidos…

Los tres coincidieron en respaldar, no solo de palabra, sino con hechos, todo lo relacionado con el proceso de paz de Colombia,  en momentos en que la opinión pública, hábilmente manejada, esperaba que todo se fuera al traste.

El Consejo de Seguridad vino, recorrió las zonas veredales donde permanece toda la gente de las Farc. “Es un caso de éxito”, “un acuerdo extraordinario”, “una experiencia única que enorgullece a los latinoamericanos”, coincidieron en afirmar los 15 diplomáticos miembros al conocer los avances de todo el proceso de paz.

Al contrario de lo que algunos comentaristas previeron y políticos criollos se esmeraron en reiterar, el Senado de Estados Unidos aprobó lo que la Cámara había aprobado ya: el Plan Paz Colombia, al que le asignó 391 millones de dólares, 25 por ciento más de lo inicialmente destinado, todo, en apoyo del plan de paz.

Y, finalmente, el jueves, la Casa Blanca reveló que Trum invitó al presidente Juan Manuel Santos a una reunión en Washington el próximo 18, con el propósito de discutir asuntos como la implementación del acuerdo de paz, los objetivos de los dos países sobre narcotráfico, crimen organizado internacional y seguridad, y sobre la “erosión democrática” de Venezuela.

El viaje le permitirá a Estados Unidos expresarle su confianza a Colombia y su gobierno, mediante la consolidación de la alianza bilateral en todos los campos, incluido el militar, respecto del cual siempre han brotado suspicacias.

Estos son momentos de reconocimiento para la labor de Santos en relación con el fin de la guerra con las Farc y el afianzamiento de la paz, coincidentes con esfuerzos de algunos sectores políticos que pretenden demeritar los logros y dejar en el ambiente dudas sobre la corrección política de los acuerdos de La Habana.

Este múltiple respaldo, de los sectores de los que no se esperaba que fuera tan contundente y decidido, como el gobierno y el Congreso de Estados Unidos, sin duda revitaliza al gobierno y a Santos, y deja sin muchas opciones a los opositores del gobierno, del presidente y del proceso de paz.

Motivado por todo esto, el presidente se atrevió a decir, ante un auditorio de peso planetario, el Tercer Congreso Mundial de Zonas Francas, que los detractores de su gobierno y de su obra “quedaron viendo un chispero”, como coloquialmente se dice cuando a alguien le sale el tiro por la culata.

Y la razón lo acompaña. En cierto modo, muchos colombianos alcanzaron a pensar que entre los primeros propósitos de Trump estaba la liquidación de toda la ayuda prometida por Estados Unidos a Colombia, y la descalificación de cuanto tuviera que ver con el proceso de paz. Pero no es así.

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