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Oposición ya

Domingo, 26 de Junio de 2022
Hay que aprender de los errores, corregir y después trazar una ruta hacia el futuro.

Las causas de la victoria de la izquierda: 1. Piensan y trabajan estratégicamente, a mediano y largo plazo, son proactivos y están permanentemente a la ofensiva. 2. Fueron capaces de asumir la vocería de diferentes grupos sociales, desde los indígenas hasta los sindicalistas. 3. Se presentaron como una alternativa de cambio. Que su triunfo fuera posible solo por el santismo y por politiqueros que han pasado por todos los partidos, es lo de menos.

4. Entendieron el valor de la cultura. Es la narrativa de la izquierda la que impera en los medios, en la academia, en las universidades. 5. Vendieron un imaginario de debacle social por cuenta del modelo de economía de mercado que no se compadece con la realidad. Hoy somos mucho menos pobres y menos desiguales que hace apenas veinte años. Una deslegitimación sistemática y paralela de nuestra democracia también tuvo éxito.

6. Aprovecharon la muy mala calificación ciudadana de la gestión de Duque. 7. Su intención de uribizar la contienda política dio frutos. 8. Su campaña sucia erosionó la imagen de sus contendores. 9. Consiguieron que la juventud les creyera. Entre el 60 y el 65% de los jóvenes votaron por Petro.

Hernández hizo una muy inteligente campaña hasta la primera vuelta, pero entre primera y segunda no hizo sino equivocarse. Atacó despiadadamente a los uribistas e insultó a los cristianos, no quiso reunirse con los veteranos, se fue a Miami, apenas se defendió de las feroces agresiones de Petro, se escondió de los medios.

En realidad, no tuvo campaña. Ahora comete un nuevo error: no asume la vocería de esos diez y medio millones de votantes y anuncia que no hará oposición. Yo creo que es su deber legal, pero ese es otro debate.

Petro despierta grandes incertidumbres. La duda de fondo es si gobernará con respeto de la democracia, el estado de derecho, la propiedad privada y la economía de mercado, y tendremos elecciones en cuatro años, como la izquierda vegetariana de Brasil y Uruguay, por ejemplo, o si después de llegar al poder por el voto cooptará las instituciones, sobornará a los militares y a los magistrados, cambiará la Constitución, impondrá un modelo socialista y se atornillará al poder, como la izquierda carnívora de Nicaragua o Venezuela.

Entre la democracia y el autoritarismo, entre el respeto de las libertades y su violación, entre la economía de mercado y el socialismo, entre el futuro y el suicidio.

Hay que prepararse para los dos escenarios. Si Petro es un carnívoro como lo muestra todo su pasado hasta estas elecciones, no mostrará ni garras ni colmillos sino hasta que tenga el control de los factores de poder que le aseguren su permanencia en el gobierno. Por ahora y por los próximos dieciocho a veinticuatro meses, no los tendrá.

Mientras tanto, sabiendo como se sabía que no le costaría ningún trabajo conseguir mayorías en el Congreso, hay que empezar de inmediato a pensar y trabajar estratégicamente para hacerle oposición, denunciar y combatir cualquier política antidemocrática y empobrecedora del nuevo gobierno y prepararse para ser alternativa de poder en el 2026.

La oposición no es solo una opción sino un deber. La democracia no existe si no existe oposición real, firme, vigorosa. Oposición serena, decente, argumentada, capaz de reconocer y apoyar lo que el gobierno haga bien, pero oposición franca y directa.

Para ello son indispensables los nuevos liderazgos. Lo que más quisieran Petro y la izquierda es que continuaran los actuales, desgastados y estigmatizados. La renovación democrática es una urgencia.

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