Escuchar este artículo

Clan del Golfo estaría detrás del crimen de la lideresa social

Sábado, 10 de Julio de 2021
Haberle pedido a un grupo de hombres armados que se fueran de su finca, fue la sentencia de muerte de Gertrudis Hernández.

Un hombre, con la camisa cubriéndole hasta la nariz y portando una gorra, ingresó hasta la sala de la vivienda de la lideresa social Gertrudis Hernández Leal, una vez la mujer lo saludó, este respondió con al menos cuatro disparos contra ella.

La anterior escena mortal se dio a las 6:30 de la mañana de ayer, en la finca La Laguna, de la vereda El Suspiro, ubicada en la vía que del sector Agualasal, de la vereda Astilleros (El Zulia) conduce a Palmarito, zona rural de Cúcuta.

El sicario que no pronunció palabra alguna, llegó en una moto, se bajó y caminó hasta pasar la cerca que da a la vivienda, y apenas dio dos pasos en el porche, uno de los dos familiares que estaban con la lideresa, al percatarse de su presencia, le reclamó por qué ingresaba sin permiso, pero eso no impidió que el desconocido se detuviera.

Gertrudis al escuchar, se levantó de la cama doble, que está cubierta por un toldillo, y al asomarse a la puerta de su habitación, se encontró con el hombre, a quien le pidió que saludara, pero este desenfundó un arma de fuego y le disparó a ella.

Hernández Leal se desplomó en el borde de la puerta, mientras que el pistolero huyó apuntándole al otro familiar, que regresaba de alimentar a los animales que hay en la finca.

La mujer quedó en cuestión de segundos sin signos vitales, sus familiares al verla morir, entre el dolor y el desespero, decidieron ponerle sobre su cuerpo una cobija gris con rayas azules.

Ni la Policía ni el Ejército llegaron al lugar a verificar lo ocurrido. Ni siquiera hubo autorización para que realizaran la inspección al lugar del hecho, sin importar que fuera una lideresa social, tres empleados de una funeraria llegaron al sitio y recogieron el cadáver, trasladándolo a Medicina Legal en Cúcuta, para que se llevara a cabo las diligencias judiciales.

Dos visitas fueron la antesala

La opinión conoció que a Gertrudis un grupo de 12 hombres armados llegaron por la parte trasera de su finca sobre el mediodía del miércoles.

“Ella se les acercó y les pidió que no quería verlos en su finca porque eso era para problemas. Los hombres se fueron echando vainas”, dijo un testigo, de quien nos reservamos el nombre por seguridad.

Según el relato, dos hombres que estuvieron entre el grupo que llegó el miércoles, aparecieron la tarde del jueves y, presuntamente se disculparon por lo ocurrido.

Todo indicaría que los asesinos pertenecerían al Clan del Golfo, también llamadas Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC), que son los mismos que vienen cometiendo todo tipo de crímenes en esa zona por la guerra que tienen con el Eln.

Fundadora y luchadora

Familiares, vecinos y allegados de la lideresa social aseguraron que dejaron a toda una comunidad entristecida y a siete hijos desconsolados.

“Esto es muy triste. Mi mamá lo único que quería era vivir tranquila acá”, dijo entre lágrimas uno de sus hijos de Gertrudis.

Ella se destacó en su lucha social de ser la fundadora de la Asociación de Mujeres de Palmarito (Asomupal), así como lideró cooperativas e iniciativas que surgían a favor de la comunidad.

Sin embargo, últimamente estaba dedicada a las labores del campo y al cuidado de la casa.

Entre el miedo y la zozobra

“Estamos ante la maldad de los grupos armados. Acá no se puede hacer ni decir nada, porque ya hemos contado cuatro muertes en esta zona, hasta ahora la primera mujer”, dijo un morador de ese sector de El Suspiro.

Y añadió: “si se le dice a alguien que no, hasta con un vaso de agua, se lo echa uno de enemigo y si se le ayuda, entonces otros vienen y lo señalan a uno”.

El hecho violento más reciente en esa zona, fue el ocurrido con Miguel Antonio Ascencio Muñoz, administrador de una finca, quien fue asesinado la noche de domingo 27 de junio.

Esa noche, unos 40 hombres armados estaban alrededor de la vivienda. No todos ingresaron. Quienes lo hicieron, no les importó los gritos de toda la familia y golpearon a Miguel, al tiempo que él pedía explicaciones del por qué le hacían eso, pero su familia nunca escuchó una respuesta.

Cuando los hombres le exigieron a Miguel Antonio que se fuera con ellos, él se negó. Entonces le amarraron las manos a la espalda y lo sacaron a la fuerza, tirándolo al pasto.

Dos balas fueron a la cara de Miguel y otras dos al pecho. Su cuerpo quedó bocarriba y descalzo en medio del pastizal.

Gracias por valorar La Opinión Digital. Suscríbete y disfruta de todos los contenidos y beneficios en http://bit.ly/SuscripcionesLaOpinion

Image
Laura Serrano