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Delirio soviético de Putin ya apunta a otros dos países

Sábado, 26 de Febrero de 2022
Rusia está destruyendo a Kiev con bombardeos y las personas se están refugiando en búnkeres. Han atacado puntos cercanos a hospitales.

“Rusia intentará romper nuestra resistencia con todas sus fuerzas. Esta noche el enemigo comenzará a atacarnos. ¡Tenemos que resistirlos!”, con esa declaración el presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, recibió una nueva luna de guerra en Kiev.

El segundo día de los combates por la invasión de Vladimir Putin dejó a la capital ucraniana cercada. Si bien el Pentágono aseguraba que el ejército ucraniano lograba defenderse de la avanzada rusa, los sucesos en terreno mostraban lo contrario.

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Las tropas de Moscú llegaron hasta a tres kilómetros de distancia de los edificios del Gobierno y el Maidán, la misma plaza en la que entre 2013 y 2014 los ciudadanos protestaron hasta derrocar al expresidente prorruso, Petró Poroshenko.

Ya es sábado en Kiev y los delirios soviéticos de Vladimir Putin resultan en tres días de guerra, 137 muertos del bando ucraniano y una cifra indeterminada de víctimas mortales de Moscú. Ese dato no se conoce con certeza porque el Kremlin no publica información oficial de decesos en sus soldados: el silencio es una política de Estado.

Alrededor de 50.000 ucranianos han abandonado el país, hay 100.000 desplazados internos y la comunidad internacional –OTAN, Unión Europea, Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y otros– redoblaron las sanciones contra el país.

Los efectos de esas medidas llegan a cuenta gotas y su comunicación se pierde en medio de los reportes de bombardeos, muertos y espacios conquistados por Rusia, pero entre el bullicio van dejando una pequeña huella.

Prueba de ello es que dos bancos chinos, el Industrial & Commercial Bank of China y el Bank of China, se negaron a darle un préstamo al Kremlin para la compra de materias primas. Zelenski, por su parte, espera que el Fondo Monetario Internacional le apruebe un crédito de emergencia, que se sumaría a la lista de pendientes que ya tiene ese país con el organismo.

El sustento de la negativa de China va más allá de las posturas de la administración de Xi Jinping sobre la guerra en Ucrania, todo porque EE. UU., líder del sistema financiero internacional, prohibió a las empresas tener vínculos económicos con Moscú. Es decir, si un banco de Pekín presta dinero a Rusia, podría quedarse sin rutas para hacer negocios con Occidente.

Aún así, las tropas rusas siguen en terreno cercando a la ciudadanía que pasa la noche en los subterráneos del metro, los sótanos de los edificios y los viejos búnkeres de la Segunda Guerra Mundial, ante el temor de que ocurra el bombardeo letal del que alertó el presidente.

El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas intentó tramitar sin éxito una resolución contra la invasión de Rusia a Ucrania que fue frenada por el protagonista de esta historia: Moscú con su poder de veto. China, entre tanto, se abstuvo de participar.

Es tal la sanción internacional a Putin que se han registrado protestas en su contra en Moscú y San Petesburgo, las principales ciudades rusas; hubo movilizaciones en Estados Unidos, Francia, Alemania y decenas de países más como Georgia, otra exrepública soviética que en 2008 combatió una guerra contra Rusia, también desencadenada, en parte, por grupos separatistas prorrusos.

Putin, un paria para el mundo

El mandatario de 69 años había afirmado que no invadiría Ucrania. Luego, cuando ordenó la incursión, su gobierno aseguró que no atacaría a Kiev, pero no cumplió ninguna de esas promesas.

El discurso de Putin se articula en una arremetida contra el mundo, al punto que el viernes llegó a reclamar a las tropas ucranianas dar un golpe de Estado a Volodímir Zelenski porque “sería más fácil negociar con los militares”.

Pero hay resistencia, por lo menos durante algunas horas más. Los más de 10.000 civiles alzados en armas y los cerca de 200.000 soldados que tiene Kiev para los combates se negaban a bajar las armas hasta el cierre de esta edición.

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“Putin quiere presionar a Zelenski a rendirse ahora porque mientras más continúe la guerra, más incierta va a ser. Nadie duda que Rusia va a ganar, pero esta disputa podría tener un alto costo para el Kremlin. Lo que ha hecho en estos días es acabar con el orden internacional que conocemos”, afirma el analista ruso Vladimir Rouvinski.

El ex espía de los soviéticos, quien ha ostentado altos cargos en el gobierno de Moscú desde 1999, es una incógnita creciente para el mundo. El tono de sus confrontaciones se elevó al punto que envió una amenaza a Suecia y Finlandia –otras dos ex repúblicas de la URSS– para exhortarlas a que no se unan a la OTAN porque, si lo hacen, tendrían consecuencias militares y políticas peores que las que ahora padece Ucrania con la invasión.

La guerra por la invasión de Rusia a Ucrania comenzó después de que el Kremlin reconoció la “soberanía” de las ciudades ucranianas de Donestk y Lugansk, en la región de Donbás.

Ese lunes Putin afirmó que Moscú no debió aceptar la independencia de las exrepúblicas que se desintegraron en 1991.

Ahora el mandatario estadounidense, Joe Biden, le acusa de estar intentando restablecer el régimen que existió hasta el fin de la Guerra Fría. En el pasado Moscú también atacó a Georgia (2008), la península de Crimea (2014) y a la extinta República de Chechenia (1998), apoderándose de territorios que habían conseguido su independencia en 1991.

Una Kiev en escombros por las bombas, sus declaraciones y las incursiones del pasado muestran que Vladimir Putín quiere revivir el pasado mientras Occidente amenaza, pero no contraataca.

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AFP
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