La importancia de proteger los bosques andinos y páramos en Colombia

Domingo, 18 de Abril de 2021
A nivel regional, el nudo de Santurbán se ubica entre Norte de Santander (72%) y Santander (28%) con una extensión de 142.000 hectáreas. Las alturas oscilan entre los 2.800 a 4.290 metros sobre el nivel del mar.

Cuando se hace alusión a la variabilidad y cambio climático se trae a colación estos dos fenómenos asociados al medio ambiente, entre ellos el agua como elemento indispensable para la supervivencia humana, la fauna y la flora.

Son componentes que van ligados al desarrollo de los pueblos y de generación en generación se han preocupado para mantener intactos los ecosistemas productores del vital líquido.

En el oriente de Colombia la lucha se centra en fortalecer los páramos y el bosque altoandino, como áreas en donde nace el agua que forman los sistemas lacustres, quebradas y los grandes ríos que surten acueductos rurales y urbanos.

La defensa va soportada en la conservación de las zonas de alta montaña para no permitir que empresas multinacionales entren a explotar minerales preciosos, entre ellos el oro.

A todo eso va ligado el mal manejo ambiental hecho por el hombre con la destrucción de bosque para ampliar las fronteras agrícolas, pecuarias y el furtivo turismo que deja contaminación.

Es por eso que en los municipios colindantes entre Norte de Santander y Santander las comunidades se han unido para defender los páramos de Santurbán y de Almorzadero.

Al igual que los bosques andinos o de alta montaña que son fundamentales en la previsión de servicios y bienes ecosistémicos reguladores del clima y del suministro de agua.

A su vez sirven para atenuar las sequías, inundaciones; mitigan las emisiones de gases de efecto invernadero y facilitan la permanencia a largo plazo de la biodiversidad.

Actores

Germán Salamanca, presidente de la Asociación de Propietarios de Predios de Santurbán El Salado (Asosalado), aplaudió el hundimiento al proyecto de reforma a la Constitución Nacional que buscaba prohibir la minería en los páramos del país.

El defensor enfatizó que en la Comisión Primera del Senado hacía trámite la iniciativa cuando en el quinto debate la llamada bancada alternativa advirtió que a la reforma le habían incluido un “mico” que permitía a las empresas mineras, con licencia, que siguieran desarrollando las actividades de explotación en los páramos.

Salamanca comentó que hay que evitar que en cualquier ley o reforma a la Constitución no les dejen puertas abiertas a las empresas mineras para que acaben con las zonas de páramo y los bosques altoandino que producen el agua.

“Vamos a continuar luchando con las veedurías para que el Gobierno proteja los páramos, el monte andino y todas las cuencas hidrográficas”, sostuvo.

El líder ambiental considera que si no hay políticas claras que propendan por el cuidado de los ecosistemas, en 20 o 30 años no se van a tener páramos y el agua desaparecerá.

En los predios de la familia Salamanca, localizados en el municipio de Mutiscua, hay cinco lagunas grandes en donde se destacan La Colorada, La Verde, Colorada, Zurcura y la del Plan. Y entre los sectores de Silos, Mutiscua, Arboledas, Cucutilla y Betas (Santander) hay un complejo lacustre compuesto por más de 70 espejos de agua de origen glacial.

Sustentado

El ambientalistas y diputado de Norte de Santander, Jhon Ortega Jácome, dijo que la defensa de los páramos y del agua está sustentada en el Derecho Internacional, la Declaración de Río de Janeiro y de los acuerdos sobre la protección del patrimonio natural de las naciones como pilar del desarrollo sostenible.

Al igual que los esfuerzos de las veedurías y defensores de los ecosistemas de páramo de los Santanderes que quieren evitar que el Estado entregue licencias a las empresas mineras.

“Queremos que quede la agenda de Santurbán y del agua en los diferentes planes de desarrollo en los niveles departamentales y municipales”, sostuvo.

El dirigente pamplonés considera que los gobiernos de los dos departamentos deben plasmar en sus políticas públicas la defensa de los ecosistemas productores de agua.

Más adelante recalcó que la voz de la ciudadanía es una sola que reclama al unísono que la protección integral del ecosistema de Santurbán, debe estar acompañada por la Constitución, las leyes, los actores del Gobierno Nacional, regional y local. Enfatizó que no hay que dejar abiertas posibilidades que permitan la entrada de empresas que quieran explotar la riqueza aurífera y demás recursos minerales.

“Hay que blindar bien el páramo, las zonas de subpáramos, el bosque altoandino y las vertientes hidrográficas o estrellas fluviales de nuestros departamentos”, afirmó.

También puntualizó que cualquier variación en los niveles freáticos como producto de las intervenciones superficiales y subterráneas con maquinarias y explosivos, van a afectar de manera inmediata las nacientes que abastecen los acueductos de Norte de Santander y Santander.

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Vegetación de alta montaña andina.

Vegetación de alta montaña andina. Foto: La Opinión

 

Las  tomas

En 2018 la historiadora María Clara Valera recopiló en un libro una investigación sobre el tema del agua al considerar que la Pamplona del pasado era una ciudad bendecida, porque en todo el valle brotaban manantiales.

Allí se plasmó la importancia del agua a partir del siglo XVI y recalca la preocupación al ver que para la época actual el recurso natural se está agotando, no solo en Pamplona, sino en la región.

Era tanta la abundancia que se tenía acueductos particulares como el caso del convento de las Clarisas. 

Al igual que existió la primera caja de agua o pila pública en inmediaciones del antiguo Orfanato de Brighton.

Desde ese punto de la población las aguas descendían por una acequia de piedra que iba por la calle 6 y surtía la pila de la antigua plaza principal, hoy parque Águeda Gallardo.

Valero constató que desde la Colonia funcionaron otras pilas en El Guamo, La Chorrera o San Agustín, Oruña, El Rengue y San Francisco.
El desarrollo urbanístico e intervenciones en las vías y la destrucción de bosques nativos acabó con esos sistemas y el agua se ha ido secando poco a poco.

Para Gerardo Carvajal Gómez, quien por más de 22 años se desempeñó como guardabosques de la Empresa de Servicios Públicos, en Pamplona el agua es un tema delicado al irse agotando por las malas prácticas ambientales, la tala de bosques y el uso desmedido en las faenas agrícolas.

Recordó que en la década de 1980 el río Pamplonita mantenía un cauce de más de 3,5 metros cúbicos por segundo y que en la actualidad esa cantidad se ha reducido.

De las nacientes localizadas en las 1.000 hectáreas de áreas protegidas se surten las plantas de tratamiento de Monteadentro y Cariongo, las cuales en temporadas seca no alcanzan a cubrir la demanda de los 15.657 usuarios los cuales se ven sometidos a racionamientos drásticos.

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El agua se produce en la región de páramos.

El agua se produce en la región de páramos.  Foto: La Opinión

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