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El fantasma del fraile ronda en Villa del Rosario

Domingo, 3 de Octubre de 2021
Este popular mito ha pasado de generación en generación. ¿De qué se trata?

En el municipio histórico de Villa del Rosario son muchos los mitos y leyendas que se han difundido de generación en generación y han creado la identidad cultural de su población. Sin embargo, ninguna historia es tan conocida como la del fraile José Alegría y su tesoro enterrado.

Según Gerardo García, profesor de Historia, José Alegría fue un sacerdote que ofició en la iglesia ubicada dentro del Templo Histórico, mientras que, su Casa Cural quedaba dónde hoy está el negocio de La Teja Corrida.

La historia cuenta que Alegría siempre fue muy generoso con las personas necesitadas durante su servicio sacerdotal, que inició aproximadamente por las décadas de 1800-1810, época dónde estaba por iniciar el ‘Régimen del Terror’. Así fue llamada la estrategia militar con la que los españoles contuvieron el movimiento de Independencia generado en la Gran Colombia.

El movimiento militar de la corona española fue extremadamente violento y llevó a los soldados europeos hacia Villa del Rosario, en búsqueda de los líderes revolucionarios que allí se encontraban.

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El sanguinario coronel español Bartolomé Lizón fue el encargado de visitar el municipio, con un ejército mayor al que tenía el movimiento independentista de la época, obligando a los rosarienses a ocultarse en las montañas de Palo Gordo, para huir del militar realista y sus hombres.

Dentro de los desplazados se encontraba Alegría, quién tuvo que huir junto a su pueblo hacia las montañas. Sin embargo, para evitar que los soldados realistas saquearan la iglesia y se llevaran los tesoros que él y la comunidad habían recolectado, decidió enterrarlos en el Templo Histórico.

El tesoro que ocultó el fraile incluía piezas de oro, el dinero que había recolectado de su labor eclesial, y la custodia u ostensorio que, según el mito, fue enterrada con las hostias sin consagrar adentro. “La historia del fraile no es solo un mito o una leyenda, es una realidad”, aseguró García.

Luego de esconder el tesoro y huir de los españoles, Alegría murió de vejez ejerciendo hasta sus últimos días su labor como sacerdote del pueblo, sin haber recuperado nunca los objetos enterrados.

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Primeras apariciones

En Villa del Rosario son muchas las personas que aseguran haber visto el fantasma del fraile, una de esas historias ocurrió durante la reconstrucción del Templo Histórico.

García contó que durante la obra había fuertes rumores que de noche aparecía el fantasma. En una ocasión, el padre del municipio ayudó a unos trabajadores que dejaron sus herramientas en la construcción y al buscarlas vieron al fraile.

Los obreros aseguraban que la figura fantasmal que vieron era alta y esbelta, con una túnica blanca, pero en vez de un rostro tenía era el cráneo expuesto.

El padre del municipio en aquel momento les dijo que se fueran, que él iba quedarse en el Templo esperando que volviera aparecer el fraile para preguntarle qué era lo que buscaba.

Luego de un par de horas, el espíritu apareció y el padre le preguntó por qué se aparecía, a lo cual el fraile le respondió que buscaba unos tesoros que había dejado escondidos en el Templo.

A pesar de que el padre se ofreció a buscarlos para desenterrarlos y ponerlos junto a su tumba, el fraile le dijo que el tesoro no iba aparecer porque estaba oculto con un pacto. Y es que para poderlo retirar de su escondite una niña de 8 años de edad debía ayunar durante 40 días para que de esa forma los objetos puedan ser encontrados.

El padre le ofreció al fraile que el pacto fuera diferente, que le podía entregar el ayuno de una noche de 40 niñas, a lo que el espíritu respondió de forma negativa y desapareció.

Las apariciones del fraile en el Templo Histórico se siguieron presentando y en 1935 una broma de Gustavo Castiblanco, habitante del municipio, salió mal, pues al intentar asustar a uno de sus amigos con la aparición del fraile, se encontró con el verdadero espíritu que los hizo salir huyendo del lugar.

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Por otra parte, la exdueña de la casa en dónde queda La Teja Corrida, que prefirió mantener su nombre anónimo, fue una de las personas que más veces vio al fraile.

Ella le contó al profesor García las múltiples apariciones del espíritu, en especial dentro de su predio, en dónde antes quedaba la Casa Cural.

Alegría aparecía en el patio, en la entrada, en diferentes partes de la casa, y se presume que allí es donde está enterrado el tesoro de la iglesia, porque el espíritu siempre camina del Templo Histórico hacia esa casa.

Las otras versiones

Todos los mitos y leyendas tienen diferentes versiones. La del fraile no es ajena a esto y existe otro personaje, considerado el fantasma del municipio, que también comparte la historia del tesoro.

Su nombre era Gregorio Sanyethy, un sacerdote que ofició durante varios años en la capilla Santa Ana, uno de los dos templos del Rosario viejo, ubicado al lado de la actual bolera.

La leyenda cuenta que el padre se corrompió con el tiempo, llegando a ingerir licor antes y después de cada eucaristía, y teniendo amoríos con varias monjas.

El mayor pecado de Sanyethy fue la avaricia, pues se apropió de ofrendas y diezmos ofrecidos por feligreses ricos, unos tesoros que guardaba en un baúl hecho por un carpintero vecino del templo de Santa Ana.

El baúl permaneció guardado en la sacristía del templo y después fue guardado en la Casa Cural hasta que el fraile comenzó a sentirse delicado de salud.

Con el tiempo, el baúl desapareció y esto empeoró la condición del fraile que terminó muriendo por causa de la enfermedad y el dolor de perder su tesoro.

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Los relatos aseguran que el fraile se negó a morir, sin saber dónde estaban las ofrendas del baúl, por lo que el día de su entierro su cuerpo desapareció, y nunca fue encontrado.

García aseguró que la versión real de la leyenda es la de Alegría, y que el tesoro sigue enterrado en el Templo Histórico.

En el municipio la gente seguirá contando el mito del fraile, el cual no ha vuelto a ser visto desde hace mucho tiempo, pero seguramente sigue allí, en el Templo, buscando su tesoro, que no se robaron los sanguinarios españoles y que hasta la fecha nadie ha podido encontrar.

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Daniel Villán Bustamante

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