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Niñas aprenden a empoderarse a través del diálogo en derechos y valores

Domingo, 10 de Octubre de 2021
Clubes fortalecen habilidades en las más vulnerables.

“Antes, siempre me daba pena hablar, ahora no tanto”, confiesa Evelyn, quien vive con una discapacidad cognitiva, tiene 16 años y un bebé de dos meses. Siente que es una persona diferente desde el momento en que inició su asistencia al club de niñas que ofrece Save the Children en Los Patios, uno de los espacios liderados por esta organización con el apoyo de la Embajada de Canadá en el marco del proyecto El Mundo es mi hogar.

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“Buscamos fortalecer habilidades socio emocionales y para la vida en niños con alta vulnerabilidad”, apunta Mariadelaida Uribe, gerente de la oficina en Cúcuta de esta oenegé internacional abocada a la niñez.

De derechos a la par de deberes

Rabnely tiene 12 años, es venezolana. Desde que llegó no ha podido estudiar, dice que su mamá no ha podido conseguirle
cupo en ningún colegio. Desde hace un par de meses asiste al mismo club de Evelyn. Cuenta que la lideresa del barrio la invitó, “y como me gusta participar en todo, aquí estoy, porque me divierto, me distraigo y aprendo”.

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Está muy segura de sus aprendizajes y también de sus compromisos: “Sé que tengo derecho a vivir en familia, tengo derecho a jugar y tengo el deber de ayudar a mi madre”.

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Niñas aprenden a empoderarse a través del diálogo en derechos y valores./Cortesía

Valores en la práctica

Emily tiene 15 años y ocho meses de embarazo. Estudia décimo grado. Relata que en el club la hacen sentirse apoyada, “siempre me dicen que todo va a salir bien, que la bebé va a ser una guerrera, que yo también lo soy”. Al pedirle un ejemplo, contesta: “Que los colombianos puedan confiar en los venezolanos y que todos nos la podemos llevar bien, sin hablar mal de ellos ni ellos de nosotros”.

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Recuerda mucho una actividad lúdica que la hizo reflexionar sobre un valor relevante para aprender a relacionarse con sus compañeras. Todo consistía en dejarse vendar los ojos y permitirse ser conducida por otra niña, “eso era para que miráramos cuánta confianza podemos llegar a tener entre nosotras mismas”.

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Niñas aprenden a empoderarse a través del diálogo en derechos y valores./Cortesía

Dialogar sobre “cosas de niñas y mujeres”

Winddy tiene 16 años y junto a su mamá y hermanas son colombianas retornadas desde Venezuela. Con los clubes, no siente que haya cambiado nada en ella, pero sí percibe que ha podido volver a ser la misma que era antes de la pandemia, porque ha sido una oportunidad de encuentro personal con nuevos amigos.

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“Aquí dialogamos de cosas sobre las niñas y las mujeres, hacemos cosas didácticas sobre los temas que aprendemos. Nos dan refrigerios y cada jueves hacemos una cosa dinámica que nos valora a nosotras y eso me gusta. Son cosas que ya sé, pero ellos intentan que las tengamos más presentes”.

Los brillantes ojos negros que su tapabocas no deja opacar, relucen cuando explica la trascendencia de sus valores propios. Ante la profundidad de su comprensión, cavila con dulzura: “La forma en que uno se debe querer, el que tengo por ser como soy, mi autoestima”.

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Y ya sabe jerarquizar dentro de su propio imaginario: para ella el valor más importante es el respeto. “Lo pongo en práctica cuando no molesto a las personas, y es tolerancia a la vez, es amabilidad, es amor, si tú respetas a una persona, es porque la quieres también”, expresa tiernamente.

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Niñas aprenden a empoderarse a través del diálogo en derechos y valores./Cortesía

“La generación que cambiará todo”

En una esquina del inmenso salón donde decenas de niñas ejecutaban dinámicas lúdicas estaba sentado Alejandro, de 13 años.
Ese día acompañaba a su hermana de 12 que también asiste al club.

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“Aquí he aprendido sobre el respeto hacia la mujer, porque son grandes personas, incluso son mejores que nosotros en muchos casos. En estos talleres, hemos aprendido a respetarlas, a quererlas, porque nosotros tenemos que hacerlo y ellas con nosotros, debe ser mutuo”.

Una madre lideresa
Fabiana Ortega es una colombiana retornada desde Venezuela, regresó hace seis años. Es uno de los enlaces comunitarios que ha conectado a su gente en el territorio con la organización Save the Children.

“De las que yo traje, hay niñas desescolarizadas, que no saben ni leer, pero les encanta venir”, cuenta agradecida. Ella es testigo de cómo se han consolidado la compenetración e integración entre todas las niñas en los encuentros.

Aliados con la comunidad
Son 16 clubes a lo largo y ancho de Arauca, La Guajira y Norte de Santander. Para este logro, el doble rol de Ortega es clave para la consecución de los objetivos de los clubes, pues los dos son pertinentes a la comunidad, contexto que para la gerente Uribe “es la base del proceso para identificar, interactuar e incorporar a las niñas, porque estos espacios no existirían si la comunidad no se une por los derechos de ellas”.

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Explica que “es un proyecto con un énfasis fuerte en igualdad de género, que así como reconoce las necesidades de las niñas, también reconoce las de los niños, de los líderes y de la comunidad en cómo realizar este empoderamiento y reconocimiento de las necesidades”.

El oficial de educación de la organización, Jhon Ramón, ratifica que “la idea es fortalecerlas desde su dimensión integral para que en su ciclo vital cuenten con elementos de derechos humanos y de empoderamiento femenino para que en el transcurrir de su vida ejerzan sus derechos y tomen buenas decisiones”.

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Niñas aprenden a empoderarse a través del diálogo en derechos y valores./Cortesía

 

Niñas al mando

Es una estrategia comunicacional que Save the children comanda y que a partir del empoderamiento que las niñas obtienen en los clubes procura “desarrollar sus capacidades para liderar propuestas propias relacionadas con el reconocimiento de sus derechos”, explicó Mariadelaida Uribe, gerente de la organización en Cúcuta.

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