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Rivales en el Dakar, hermanos en la casa

Los pilotos compiten actualmente en el rally .

En su larga y gloriosa historia, el Dakar no había visto nunca nada parecido: cuatro hermanas y cuatro hermanos, los García Merino, repartidos en diferentes equipos que se reúnen para concursar en el famoso rally. 


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La madre de los pilotos cuenta que sus hijos “saben todo sobre el mundo. Son ocho talentosos, separados por quince años, que te reciben agrupados y sentados en una alfombra oriental, en el campamento de Riad, tras la quinta etapa, como si hubieran vivido siempre ahí. Lo desconocido es parte de su vida”.

Esta familia española, inscrita en la categoría Classic, reservada a los automotores 4x4 de los años 80 y 90, tiene la aventura en la piel y una decena de Dakar en su cuenta, en motos, en autos, en carrera, en la asistencia o el paddock, pero nunca antes todos juntos. 

La semilla fue sembrada por Julio, el menor, de 41 años, que trabajó en el rally-raid como mecánico de moto, por primera vez en 2014, cuando se llevó a cabo  en Sudamérica. 

Ese año uno de sus hermanos mayores, Julián, bombero en Madrid, se inscribió él y a todos sus hermanos en el rally Intercontinental, un rally-raid, sin avisarles de la aventura que vivirían.

Sorprendidos, no muy convencidos por la idea de unir Almería a Dakar en auto, los otros siete hermanos no tuvieron elección. Todo había sido pagado por Julián. Tres parejas en carrera, con Olga y Sonia en la asistencia. A todo el mundo le gustó la experiencia.

Una madre orgullosa 


El año después, Julián tomó el barco solo, en dirección a Buenos Aires, con su equipaje y una moto Yamaha. Iba a correr el Dakar de motos sin asistencia.

Tres ediciones más tarde, estaba todavía ahí, pese a la inquietud de su madre. En 2020, siguió a la caravana hasta Arabia Saudita, y se llevó a Alberto con él. Este último sería el piloto de un carro 4x4.

Pero Francisca, de 80 años, suplicaba a su hijo: puede participar en el mítico rally-raid, pero con una carrocería para protegerlo. 


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Alberto se pasó del lado de los participantes e iniciaron la edición de 2021 en autos. Impresionados por la belleza de los paisajes de la península arábiga. Llegó el día del cierre de plazo para las inscripciones en el Dakar. Y la historia se repitió. Julián inscribió a todos, pagó por la familia, antes de ponerles ante lo que no había marcha atrás. 

Sus reuniones 

En agosto de 2020, reunidos como lo hacen varias veces por año en una casa con los 40 miembros de la familia, entre ellos 19 hijos y sobrinos de los ocho hermanos, los García Merino, fueron conociendo poco a poco el proyecto loco de Julián y Alberto.

Pero no era fácil que todos estuvieran de acuerdo desde el principio. Sonia, profesora de ciencias del deporte en la universidad, fue categórica: “No quiero ir”. Comenzaba en un nuevo puesto laboral, no era el momento.

Olga, la mayor, y Miguel habían planeado de otra manera sus tres semanas de vacaciones. Pilar, bióloga, no estaba de acuerdo en dejar solos a sus hijos en la fiesta de los Reyes Magos, el 6 de enero, una tradición en España.

Pero los obstáculos se fueron superando. “El objetivo es estar reunidos”, dice Esther, “Nuestra madre está feliz al saber que estamos juntos, y no tiene consciencia de las dificultades de la prueba: ha criado a ocho hijos, para ella el Dakar no es un desafío”.

Sin ninguna experiencia en navegación, Sonia sufrió el martirio de la primera etapa: “Fue horrible, pero ahora estoy feliz”. 

A su lado, Julián, muestra una gran sonrisa. Está contento con la apuesta que ha ganado, reuniendo a todos los hermanos.

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AFP
AFP
Sábado, 8 de Enero de 2022

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