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Volviendo a los cultivos tradicionales del campo

Jóvenes del Catatumbo reciben charlas y capacitaciones para que se queden en la región y preserven los cultivos lícitos.

El desplazamiento forzado ocasionado por el conflicto social, los cultivos de uso ilícito, las precarias condiciones por la falta de oportunidades y las dificultades en los corredores viales para comercializar los productos tradicionales en las plazas de mercado genera una crisis alimentaria en la zona del Catatumbo.


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Esos factores inciden en la migración de los jóvenes del campo hacia la ciudad causando desarraigo y pérdidas de las costumbres agrícolas en las nuevas generaciones.

Ante esa cruda realidad, distintas entidades adoptan estrategias para que los muchachos regresen a las parcelas, aprovechen las riquezas de los ancestros y se conviertan en protagonistas de la reactivación económica en el sector agropecuario.

Una de esas organizaciones es el Centro regional de medios Faro del Catatumbo, una organización que nació ante la necesidad de articular elementos comunitarios, colectivos e independientes para fortalecer la creación de contenidos audiovisuales en el territorio.


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El acompañamiento se hace a través de colectivos juveniles para realizar una producción sonora titulada ‘Narrando nuestra herencia’, con el propósito de presentar historias de la tradición oral de los municipios.  En ese recorrido por el Catatumbo se identificó un panorama desalentador de un territorio que históricamente se ha desarrollado social y económicamente desde la agricultura, pues los jóvenes sueñan con sacar a sus familias del campo, es decir, no encuentran viable seguir en la ruralidad, indica la coordinadora del proyecto, Kelly Vega.
 

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Jóvenes del Catatumbo reciben charlas y capacitaciones para que se queden en la región y preserven los cultivos lícitos.
 
Rescate del tejido social

En aras de recuperar ese aroma y color del campo colombiano se diseñó una estrategia encaminada a motivar a niños y jóvenes a sentirse orgullosos de sus raíces, a escuchar testimonios de quienes han labrado el camino de la vida a través del agro y reafirmado su deseo de quedarse a vivir el campo. 

‘La tierra de mis abuelos, un lugar para quedarse’, corresponde a una iniciativa formulada por el Centro Regional de Medios con el aval de Fedeprocap (Federación de productores del Catatumbo y provincia de Ocaña), adscrita a la Asociación de Municipios, respaldada por el Ministerio de Cultura a través de la beca de Formación, Comunicación y Territorio del Programa Nacional de Estímulos 2022 y Colombia Transforma.
 
El proceso diseñado para 5 meses incluyó una primera fase que congregó a 55 jóvenes rurales de los municipios de El Tarra, El Carmen, Convención, Hacarí, San Calixto, Teorama, Tibú, Sardinata, La Playa de Belén, Ábrego y Ocaña, quienes desarrollan una agenda donde se abordan habilidades para la vida, desarrollo local, narrativas audiovisuales y proyecto de vida, de la mano con instituciones como la seccional de universidad Francisco de Paula Santander, Federación Nacional de Cafeteros, productora CMO -con la ocañera Ana Piñeres-, Academia de Historia y la Cámara de Comercio de Ocaña.

La segunda fase, que culminó la semana anterior, incluyó un recorrido por los once municipios participantes del proyecto para dirigir un taller con los jóvenes sobre ‘arraigo rural’. Durante el proceso fue clave la alianza con instituciones educativas, hogares juveniles, enlaces de juventud de los gobiernos locales y emisoras comunitarias.

Paralelamente, fueron escogidas tres historias de jóvenes que le han apostado a construir su proyecto de vida en el campo en los municipios de González, El Carmen y El Tarra, donde seleccionados 15 participantes del proceso de formación para que conozcan la experiencia de emprendimiento con enseñanzas puntuales sobre la elección del campo como oportunidad de vida.
 
Las historias harán parte de una serie audiovisual que presentará el campo como fuente de vida, las raíces campesinas como el mayor tesoro del territorio y su gente como la riqueza por valorar, manifestó la directora Janice Guerrero Arévalo.

 


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‘La Tierra de mis abuelos’ es una iniciativa, una estrategia para acompañar a los jóvenes en procesos continuos con el fin de promover el empalme generacional donde vean en el Catatumbo y provincia de Ocaña, un lugar para quedarse”, recalca.
 

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Jóvenes del Catatumbo reciben charlas y capacitaciones para que se queden en la región y preserven los cultivos lícitos.
De regreso a las parcelas

El joven Brayan Said Navarro Paredes, estudiante del último año de Zootecnia de la universidad Francisco de Paula Santander, es un claro ejemplo que sí se puede crecer en el campo.

Narra que sus raíces fuertes y profundas germinan los primeros años de vida en González, sur del departamento del Cesar en una familia de estirpe campesina.

“Mi abuelo cultiva café y cacao, aprendí ese conocimiento transmitido a mi papá y a los tíos, con ese abono fueron brotando las primeras acciones. Hacía mandado en los cuadros y cuando tenía 12 años, me fueron encomendando labores fáciles como es el riego de los cuadros, amarrar los cultivos de pimentón, ají y tomate”, indicó Brayan Said.

Iba a la escuela en la mañana y en la tarde, después del almuerzo, se ponía las botas y se trasladaba a las parcelas para labrar la tierra. La educación superior se constituyó en la oportunidad para ampliar la visión, adquirir el conocimiento y echar raíces en el campo para lograr el bienestar.

La semilla cayó en tierra fértil y es consciente de la seguridad alimentaria aprovechando las bondades de las parcelas donde los campesinos con disciplina hacen parte de la cadena productiva para el bienestar de los habitantes de la región.


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Brayan lleva hasta la capital del Cesar las cosechas de cebolla, tomate, pimentón, habichuela pepino y cebollín. “Quedarse en el campo es también una apuesta en el sector agropecuario.  Decidí volver porque estas son las raíces, aquí me críe. Pasé mi juventud, aprendí a trabajar la tierra, me fui a la ciudad a estudiar con la intención de mejorar las condiciones de vida”, manifestó  el estudiante cuyo trabajo de grado es la implementación de un abono orgánico para disminuir la contaminación por el uso de químicos.
 

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Jóvenes del Catatumbo reciben charlas y capacitaciones para que se queden en la región y preserven los cultivos lícitos.
 
La yuca a manteles

La yuca, es un tubérculo rico en almidones, una raíz comestible muy apetecida por su delicioso sabor que combina perfecto con cualquier proteína.
 
En el municipio de El Tarra se cultiva este producto a través de la asociación Asoproyuta con unas características favorables.

A pesar de las dificultades de los campesinos para sacar sus productos a la plaza principal de la región, los comensales disfrutan de ese alimento servido en los platos de todas las esferas sociales.

La señora Torcoroma Cuadros Durán considera como “una bendición” integrar la asociación donde se transmiten los secretos a las futuras generaciones, desde la siembra a pico y pala, limpieza del corte, la arrancada, recolección, empacado y comercialización.
 
“Es un trabajo en equipo donde participan los seres queridos, nuestros abuelos tienen el conocimiento y ese legado llega a nuestros hijos”, agregó.
 
Pide a las distintas entidades gubernamentales el apoyo para labrar la tierra y engrandecer una zona golpeada por la violencia. “Aquí germina todo, desde niña aprendí a labrar la tierra, una herencia de los antepasados y quiero transmitir a mis hijo y nietos esos conocimientos para que se queden en el campo”, puntualizó.

Filemón Carvajalino, recordó que hace 50 años regresó al campo y considera que la tierra le ha suministrado el sustento diario para sacar adelante a su familia. Aconseja a los jóvenes para que sigan su ejemplo y desarrollen una familia productiva.


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“La madre tierra, nos proporciona los alimentos y disfrutamos de la naturaleza, sin los afanes de la ciudad”, concluyó.
 

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Jóvenes del Catatumbo reciben charlas y capacitaciones para que se queden en la región y preserven los cultivos lícitos.
 
El Catatumbo no es como lo pintan

La joven estudiante de Comunicación Social de la universidad Francisco de Paula Santander, seccional Ocaña, Laura Andrea Muñoz Guerrero, nacida en San Calixto, se siente orgullosa de pertenecer a la subregión del Catatumbo.
 
Salió de la zona cafetera a prepararse y el sueño es regresar como profesional para impulsar procesos sociales entre los jóvenes de la región.

Muchos se quedan en la ciudad, olvidando sus raíces y bondades del campo. “Las aulas de clases, no son nuestro mundo, debemos regresar para cumplir un ciclo”, agregó.

Resalta los aspectos positivos de una región estigmatizada por la violencia. No comparte el pensamiento de algunos jóvenes que esgrimen como excusa el conflicto. “Aseguran que no tienen oportunidades por culpa del narcotráfico, pero no presentan alternativas para remediar la situación. Los labriegos están dispuestos a dejar los cultivos ilícitos, cuando se ofrezca programas para subsistir”, reiteró.
 
Destaca el café de San Calixto, la panela de Convención, la piña de Teorama y la piscicultura en El Tarra. “Sí se puede y nosotros como jóvenes somos el motor de ese cambio de mentalidad a través de las asociaciones”, agregó.
 
Eso sí, se requiere la ayuda del Estado, ya que el Catatumbo sumido en el abandono se convierte en caldo de cultivo de los problemas sociales. “Los campesinos han sacado adelante los cultivos tradicionales con las uñas y necesitan asistencia técnica, legalización de los predios, buenas vías, educación y salud”, puntualizó.
 
Consideró que lo ilícito ha ganado terreno por esas circunstancias y trabajará incansablemente por mejorar las condiciones de vida de los habitantes de la región.


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“Es más fácil sacar 10 kilos de coca por las trochas y cañadas que 20 cargas de cacao ya que un barranco atravesado impide el paso de los automotores. Exigimos vías en buen estado, centros de acopio y precios justos porque tierras productivas sí hay” recalcó.

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Javier Sarabia Ascanio
Javier Sarabia
Domingo, 20 de Noviembre de 2022

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