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El manejo de las emociones, clave para los estudiantes este 2023

Al consolidar la autoestima, inteligencia emocional y asertividad, los niños y jóvenes podrán encaminarse a resultados favorables sin miedo al éxito

En pocos días, niños y jóvenes deberán volver a las aulas de clase de todo el país, luego de más de un mes de vacaciones, lo que se convierte en todo un reto. Muchos regresan motivados, pero otros vuelven cansados y con mayor dificultad para readaptarse a la rutina.

Por esta razón es fundamental tener en cuenta sus emociones en los nuevos comienzos, ya que estas influyen en el rendimiento escolar, especialmente de los más pequeños: la atención y motivación pueden promover resultados excelentes, pero la presión o la ansiedad llegar a afectar su capacidad para responder a diferentes asignaturas.


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Recientemente, un estudio del Instituto Colombiano para la Evaluación de la Calidad de la Educación (Icfes) reveló que el manejo de las emociones, el trabajo en equipo y el ambiente en el aula de clase están fuertemente asociados con el desempeño en las competencias de lectura y matemáticas de los estudiantes de tercero, quinto y noveno grado.

Información que se recolectó a través de las Pruebas Saber 3°, 5°, 7 ° y 9° aplicadas en el 2021 y 2022, donde se obtuvieron datos sobre las habilidades sociales y emocionales de los y las estudiantes a través de un cuestionario independiente.

En dicho formato se agruparon tres dimensiones: conciencia emocional, que se refiere al reconocimiento de las emociones propias y de los otros; la regulación emocional, entendida por el manejo de emociones propias y la respuesta adecuada ante las emociones de los demás y la motivación, que se refiere a la confianza en las habilidades propias para alcanzar las metas propuestas.

 

Relaciones

Uno de los principales hallazgos es que la intensidad de la asociación entre los resultados de la prueba de lectura y la regulación emocional y motivación es muy fuerte para el grado tercero, pero débil para el grado noveno.


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Esto significa que el desempeño en lectura y las habilidades sociales y emocionales están fuertemente asociadas en estudiantes de los primeros grados, pero dicha asociación tiende a desaparecer conforme el niño o joven avanza en su trayectoria educativa (estudiantes de quinto y noveno grado).

Resultados que, según el Icfes, pueden ser una manifestación de procesos típicos de la adolescencia, cuando hay menos éxito regulando la expresión emocional, porque se experimentan afectos más extremos (tanto positivos como negativos) y estados de ánimo más variables.

Por otro lado, explican que puede ser que las habilidades sociales y emocionales y el desempeño en lectura estén más asociados en grados más bajos porque hay menos diferenciación en los aprendizajes. Por ejemplo, a medida que los estudiantes aprenden a entender sus emociones también aprenden a leer textos y otros conceptos académicos.

La evidencia entonces sugiere que en tercer grado hay una enorme oportunidad de aprovechar la asociación entre la motivación, la regulación y la competencia lectora, mientras que en los grados superiores tal asociación tiene un gran espacio para explorar la importancia de las emociones en esta etapa de la vida y del aprendizaje y analizar otros factores.

 

Relación entre los factores asociados y las competencias básicas

El informe también presentó informaciones relevantes sobre cómo los alumnos perciben, interactúan y responden a sus ambientes de aprendizaje (preferencias del aprendizaje) y sobre su percepción acerca de las relaciones que se establecen en el clima escolar, tanto en el aula como en el establecimiento educativo (percepción del colegio).


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En el caso particular de las preferencias del aprendizaje, las pruebas hicieron énfasis en el aprendizaje colaborativo, indagando conductas como compartir conocimientos con otros y desarrollar capacidades de negociación.

En este sentido, detallan que entre más edad tienen los estudiantes, mejor coordinan sus estrategias para adaptarse a la situación, comportándose de manera más competitiva o cooperativa.

Por esto se deben tener en cuenta factores como el aula de clase y la experiencia que tienen los estudiantes a través de los años en esta, con el fin de evaluar la naturaleza de las tareas y el acompañamiento que se hace a los menores en los diferentes grados, para favorecer conductas más cooperativas y que a su vez impacten en el proceso de aprendizaje.

 

Habilidades sociales y emocionales

Cabe destacar que las habilidades sociales y emocionales son el conjunto de cogniciones, emociones y relaciones que los estudiantes necesitan para ser exitosos en la escuela y en la vida misma.

Estas habilidades son importantes dado que permiten que la persona se ajuste mejor a su entorno, facilitan que alcance sus logros y, por esta vía, influyen en los grupos sociales en los que vivimos permitiendo el desarrollo de mejores comunidades.

De acuerdo con el estudio, hay diferentes formas en las que las habilidades sociales y emocionales se relacionan con el desempeño académico de los estudiantes. Por ejemplo, los estudiantes con mayores niveles de regulación emocional (control emocional y empatía) tienen menos dificultades para desenvolverse en el aula de clase e interactuar mejor con sus pares y docentes.

Manejo de emociones

 

¿Cómo ayudar a gestionar las emociones?

Ronaldo Méndez, psicólogo infantil y con especialización en atención educativa, manifestó que es fundamental que este tipo de estudios no queden solo en el papel, sino que se apliquen a la realidad actual de los procesos de aprendizaje que han sufrido grandes cambios entre la virtualidad y presencialidad.


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El experto indicó que cuando los estudiantes experimentan emociones llamadas positivas, como satisfacción, orgullo, reconocimiento, son más capaces de desarrollar mejor sus tareas, solucionar problemas y favorecer la autorregulación.

Pero por el contrario, las emociones negativas, como la frustración, el enojo y el rechazo, interfieren en el rendimiento académico, la resolución de exámenes, e incluso puede darse la deserción escolar.

Con respecto al hallazgo de las preferencias de aprendizaje, sostuvo que es importante reconocer que los trabajos en equipo son claves para el desarrollo social y emocional de grandes y chicos.

“Ahí hablan de que muchos desarrollan su parte competitiva y otros la colaborativa, en ambos casos, para lograr buenos resultados, deben apoyarse en otros y entender que aunque quieran tener el reconocimiento individual, siempre van a tener detrás a muchas personas: padres, profesores, otros estudiantes, amigos”, dijo Méndez.

El profesional dio a conocer algunas estrategias que pueden ayudar a estimular el desarrollo de la inteligencia emocional en el estudiante y las 3 dimensiones que tuvo en cuenta el Icfes.

  • Dejar que los niños y jóvenes estudiantes expresen sus sentimientos y emociones, así como que los adultos escuchen activamente y también expresen las suyas.
  • Inculcar la tolerancia a la frustración enseñando que en la vida no siempre se puede tener todo lo que queremos; cultivar la paciencia y saber esperar: así podemos educar en el autocontrol y el autodominio.
  • Promover la asertividad y evitar que sean reactivos. Hacerles ver que es importante primero pensar sobre las cosas buenas y malas que nos suceden y luego actuar de forma asertiva, sin lastimar a otros.
  • Motivarlos y desarrollar su capacidad de automotivarse, fomentar la habilidad de despertar la estimulación para llevar a cabo tareas vinculadas al optimismo y autoestima.
  • Privilegiar el diálogo sobre el conflicto; enseñarlos a que la forma de solucionar el conflicto o algún problema es a través del diálogo. Decir lo que se siente es una forma de evitar el conflicto y hallar solución.
  • Al destacar los aspectos positivos del niño o el joven estudiante y al evitar juzgar sus errores o etiquetarlo, se le enseña con una visión positiva que seguramente aprenderá, además de fortalecer su autoestima.

 

En los colegios

El psicólogo afirma que en todos los colegios deberían promover espacios para “educar las emociones”, pues son muy pocos los que lo hacen.


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Una estrategia que da es que, 10 minutos cada mañana antes de comenzar las clases, a los estudiantes se les permita expresar cómo amanecieron, cómo se sienten para iniciar la jornada, si hay algo que les preocupa o que no entiendan.

Otra es que 10 minutos antes de acabar las clases, si es posible, se pueda repasar cómo estaban por la mañana, si algo ha cambiado, creando así un espacio para que puedan reflexionar individual y grupalmente.

Y otra idea es que, si por temas de tiempo o espacios no se puede hacer el ejercicio diariamente, al menos se haga una vez a la semana, para que los estudiantes sientan que no solo son tenidos en cuenta para que cumplan tareas, sino que son reconocidos como niños y jóvenes que tienen permitido sentir y expresar.

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Domingo, 8 de Enero de 2023

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