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30.000 habitantes de los cerros de Cúcuta claman ayuda

Sábado, 30 de Enero de 2021
Pese a que son conscientes de que viven en zonas de alto riesgo, las familias piden a las autoridades ayuda para satisfacer las necesidades básicas.
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Mapas de los cerros de Cúcuta

Cada vez que Aurora García abre sus ojos al levantarse, lo primero que observa es la gigantesca panorámica de Cúcuta, hermosa, exhuberante. No tiene que ir muy lejos para mirar detenidamente la ciudad donde vive, solo le basta abrir la ventana de su cuarto y ahí la tiene, como si fuera una fotografía. No me canso de verla, puedo durar horas mirándola de lado a lado, dice.

Esa belleza de ciudad que ven los ojos de Aurora contrasta con la miseria del lugar donde vive: Cumbres del Norte, un asentamiento de unas 800 familias, en su mayoría niños, que viven en casas de madera y techo de zinc, y muy pocas en paredes de cemento.

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El cerro está en el norte de la ciudad y desde allí se divisan sectores como El Salado, Gracía Herreros, la zona industrial y la cárcel Modelo.

Llegar hasta la cima de Cumbre del Norte, cuesta. La única carretera que conduce al lugar está llena de huecos y no tiene pavimento, por ello ninguna ruta de bus ingresa al barrio y son muy pocos los taxis que se arrtiesgan a hacerlo.

“Es como si nosotros fuéramos para los alcaldes de turno una especie rara, de otro mundo, porque para lo único que nos buscan es cuando hay elecciones, de resto siempre estamos en el más completo abandono, dice Aurora, madre de cuatro hijos y quien vive en un rancho de dos cuartos con sus papás, el abuelo y otra hermana.

En este cerro las familias pudieron contar con agua solo hasta el año pasado, gracias a una pila pública que instalaron en convenio con la Fundación V&C.

No hay en el lugar puesto de salud  ni escuela, y los niños, que son mayoría, no cuentan con un parque donde ir a jugar.

“Llevo viviendo aquí 40 años y nunca he sabido de que algún alcalde invierta en alguna obra en este barrio”, aseguró la mujer.

Lo que se vive en Cumbre del Norte lo padecen de igual manera las familias de otros cuatro cerros de la ciudad: Cerro Norte, Cerro La Cruz, Los Alpes y Cerro Pastel, considerados por las autoridades zonas de alto riesgo.

“Si, con esa excusa nos han tenido desde hace más de cuarenta años los alcaldes de turno, y con ese cuentico es que han eludido su responsabilidad con las familias que vivimos en los cerros”, dijo Gozalo Escudero, vecino de Cerro Norte, donde también viven no menos de 700 familias.

Allí, la única diversión con que cuentan los niños es ver el paso de los aviones que llegan a la ciudad.

La panoramica que se observa de Cúcuta desde Cerro Norte es sin igual. Para las familias que habitan allí es el único privilegio, además del aire fresco que reciben y que les hace más llevadera la pobreza en la que se debaten.

 Juan Eulalio Pérez, de 58 años, padre de cinco hijos, de profesión guarda de seguridad, y quien lleva viviendo 25 años en el sector, asegura que la mayoría de jefes de hogar está desempleada, “se rebuscan el sustento reciclando, otros en  ventas informales en el centro, algunos  cargan bultos en Cenabastos, y muy contaditos son los que tienen un empleo fijo”.

Emiro Díaz, otro vecino del sector se acercó a los periodistas de La Opinión para quejarse de la indiferencia con que los miran los alcaldes de turno. “Conozco niños en este cerro que se acuestan sin pobar bocado, y sus papás, que recorren a diario la ciudad en el rebusque del reciclaje, casi siempre llegan con las manos vacías a casa, esto duele mucho”, dijo .

En este cerro muchos vecinos fueron víctimas de la violencia y por ser un lugar estratégico de la ciudad se mantuvo bajo el control de grupos ilegales. No obstante, desde 2013, la Unidad de Víctimas venía trabajando con  esta comunidad  13 medidas de reparación que le apuntaban a la reconstrucción del  tejido social y a la dignificación de  la memoria de las víctimas del conflicto armado. En noviembre de 2019 los vecinos de Cerro Norte fueron el primer sujeto colectivo reparado en la ciudad.

Al frente de Cerro Norte está Cerro La Cruz, otra de las lomas de Cúcuta abarrotadas de familias pobres y hasta donde no ha llegado la mano del gobierno local.

El consenso de los vecinos es que a nadie les importa su suerte. “Mire, llevo viviendo aquí 45 años y jamás he visto que una alcaldía haya traido aquí una obra. Todo lo que tenemos ha salido de nuestros bolsillos”, dijo el líder comunal Rafael Salcedo.

El dirigente lamentó que los niños deban hacer largas caminatas para ir a la escuela en Chapinero, ya que en el sector no hay. Lo mismo ocurre si quieren jugar, deben ir hasta Comuneros por la autopista en busca de algún parque.

Tampoco cuentan con alumbrado público. “La única luz que nos alumbra es la de la luna”, dijo María López, una madre cabeza de hogar de cuatro hijos.

No muy lejos de Cerro La Cruz está Los Alpes, otro imponente cerro de la ciudad en el que habitan cientos de familias de escasos recursos.

Carmen Vega Ramírez, de 35 años, y vecina del sector fue contundente al expresar el olvido en que se encuentra su comunbidad: ‘aquí hace falta todo, internet para que nuestros hijos puedan estudiar, parques, puesto de salud, escuela, la lista es larga”, subrayó.

La mujer dijo que un servicio tan necesario y del cual gozan los cucuteños de los otros barrios, el transporte público, aquí no se conoce. “Si queremos ir a otra parte debemos caminar dos kilómetros para subirnos a un bus”, precisó.

Ella está pensando cómo recibirá las clases su hija de ocho años en el presente año, ya que en el sector no hay internet.

A las más de cuatro mil personas que viven en Los Alpes les resulta paradógico que “cuando más cerca se está del cielo, más necesidades se padecen”.

Esto sí que se aplica en ‘Cerro Pastel’, un asentamiento ubicado en la cumbre de Belén, donde no solo habitan familias cucuteñas en extrema pobreza, también  venezolanas que llegaron a la ciudad buscando abrigo, dice Gladys Joya, presidenta de la Junta de Acción Comunal de Belén. Allí no todas las familias cuentan con servicio de agua, igual sucede con el servicio de energía eléctrica. El lugar fue bautizado así porque allí muchos se ganan su sustento haciendo y vendiendo pasteles.

Por estar tan retirado del casco urbano, a Cerro Pastel las empresas de servicio de transporte público se resisten a ir, además porque las vías son verdaderos caminos de herradura. Joya dice que las necesidades pululan en el lugar, todo porque las familias viven del día a día, en su mayoría de oficios informales.

Para estos cinco cerros de la ciudad, la alcaldía no contempla en su plan de desarrollo ninguna inversión en el presente cuatrienio. “Se está mirando qué intervenciones se pueden hacer desde el Plan de Ordenamiento Territorial (POT), pero ello es materia de análisis por parte de Planeación Municipal”, dijeron fuentes de esa dependencia. La alcaldía, al margen de las restricciones que le impone el POT (Acuerdo 022 del 19 de diciembre de 2019) para hacer inversiones en estas zonas de alto riesgo, ha hecho presencia en todos estos cerros en jornadas sociales en las que se ha llevado asistencia alimentaria y de salud.

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